Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

sábado, diciembre 14, 2019

¿Puede la gente corriente tener carisma profesional?

DREAMSTIME / EXPANSION

No hace falta ser jefe para ser realmente carismático. Aunque no es fácil, puede estar al alcance de cualquiera que no sea un gran líder. Los profesionales 'de a pie' pueden tener carisma y ser importantes en su trabajo.

Si busca ser influyente en su trabajo sin obsesionarse con ser insustituible... Si pretende dejar de pasar desapercibido y llamar la atención o generar un interés e impactar por lo que es y por lo que hace... Tendrá que aportar valor, generar capacidad de cambio en los demás y dejar una huella perdurable; ser un modelo a seguir y marcar tendencias. No tiene que ser famoso para lograrlo, ni ser jefe. Un profesional de a pie puede tener carisma. Pero para hablar del carisma de la gente normal hay que desmontar algunos mitos: Peter Drucker solía decir que "el liderazgo efectivo no depende del carisma". Aseguraba que "Dwight Eisenhower, George Marshall y Harry Truman fueron líderes singularmente efectivos, pero ninguno poseía más carisma que una caballa muerta".

En el entorno profesional hay farsantes que pueden dar la imagen de superexpertos y carismáticos usando técnicas de márketing que generan una aureola de experiencia que probablemente no tienen, pero que los impulsan. Aunque toda esa visibilidad aparente suele ser efímera.

Andrés Pérez Ortega, consultor en estrategia personal, está convencido de que un profesional corriente puede tener carisma, y asegura que éste "se puede cocinar, porque no es algo mágico ni místico. Igual que ocurre con una buena receta de lentejas, requiere manejar unas cuantas variables de forma adecuada. Coherencia, atención a quien se dirige a nosotros, sentido del humor, una cierta elegancia, habilidades sociales... Estos ingredientes pueden ser más o menos difíciles de adquirir, pero no dejan de ser hábitos y habilidades al alcance de cualquiera si se le dedica tiempo y práctica. Algunos lo han vivido en su entorno y otros no. La recomendación para el empleado normal es que encuentre ejemplos y empiece hoy a actuar 'como si...' hasta que forme parte de uno mismo".

Cualquiera es capaz de trabajar el carisma, que no es algo místico
ni mágico, ya que se puede 'cocinar'

Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, coincide en que cualquiera puede trabajar el carisma. Y añade algunas características personales que pueden facilitar que cualquiera lo tenga: para empezar, considera carismático a quien equilibra la seguridad personal y muestra vulnerabilidad; al que resulta cercano y humano; al que es honesto (dice lo que piensa y lo que siente siendo consistente y coherente); a quien tiene habilidades y talento y es decidido y con iniciativa.

Peñalver relaciona el carisma con la capacidad especial para atraer, fascinar o cautivar, y asegura que se trata de una habilidad social: "El carismático tiene más facilidad para influir o impactar, y esto es algo deseable en el trabajo, seas o no directivo".

Carlos Rebate, autor de El antídoto, también coincide en que el carisma es la cualidad que tiene una persona para atraer a los demás, y se muestra convencido de que tiene que ver con "dejar huella".

Todo esto se relaciona con la búsqueda de la singularidad. Rebate asegura que "las personas singulares estimulan nuestra curiosidad, y la curiosidad es un magnífico imán. Ser singular significa aportar un valor especial y genuino a un público que no tiene necesariamente por qué ser grande".

Rebate añade que el carisma singular "se convertirá en una técnica de supervivencia profesional en la próxima década. Si uno no es especial ni está centrado en un nicho de difícil automatización, probablemente gran parte de lo que podría ser su trabajo desaparecerá. Debemos tomarnos en serio nuestra singularidad o, lo que es lo mismo, nuestra área de genialidad, porque, como dice Gay Kawasaki, o somos diferentes, o somos baratos".

Rebate insiste en que "necesitamos ser singulares, y para lograrlo podemos usar herramientas como la polimatía -la búsqueda en la intersección entre áreas de conocimiento o disciplinas que dominemos-, o la búsqueda de lo que los japoneses llaman ikigai, que es la intersección en la que convergen nuestra pasión, misión, profesión y vocación. Es la poderosa razón que nos lleva a levantarnos de la cama cada mañana".

Debemos tomarnos en serio nuestra singularidad
(nuestra área de genialidad) y ser diferentes

Andrés Pérez añade otra recomendación: "Hay que dejar de pensar que el carisma es algo con lo que se nace". Asegura que es una capacidad especial de algunas personas para atraer o fascinar que tiene que ver con conseguir que los otros quieran hacer lo que uno quiere que hagan. Se parece mucho a lo que denominamos marca personal". Pérez se pregunta si está al alcance de un operario o de un mando intermedio, o se trata de algo propio del Dalai Lama o de Bill Clinton. Y responde que "el carisma no tiene nada que ver con los genes ni con la suerte. Al igual que todas las habilidades, puede mejorarse con la práctica aunque, si se despieza, pierde algo o todo su misterio". El experto sugiere estudiar los elementos de carisma y convertirlos en un hábito.

Además, se muestra convencido de que "el carismático confía en él. Una persona a la que consideramos carismática transmite tanta confianza en sí misma que atrae la atención de quienes le rodean. Quizá no es que los directivos o los personajes importantes tengan un toque divino. Más bien están tan pagados de sí mismos, que acabamos percibiéndolos como mejores que el resto". La recomendación de Pérez es que debemos querernos mucho más.

Concluye que "el carismático sabe tocar la fibra sensible. En tiempos en los que los sentimientos y lo emocional están por encima de lo racional, el carismático sabe qué teclas hay que tocar para mover el corazón más que el cerebro. Por eso el científico, el técnico, el contable o el jefe de compras parecen menos carismáticos que el directivo que habla de valores, de visión o de defender una causa. Conviene que dejemos de mirarnos el ombligo y que empecemos a interesarnos por las cosas que mueven y preocupan a los demás".

Generar nueva influencia

Aunque parece complicado, es posible que usted genere una nueva influencia en su trabajo o en su empresa:

  • Lo que importa es su capacidad para generar resultados, y no sólo la habilidad para transmitir la impresión de que puede conseguirlos.
  • Si quiere que los demás hablen bien de usted, ofrezca pruebas de que ha hecho o puede hacer lo que asegura.
  • La visibilidad personal no puede estar por encima de su realidad profesional y de la relevancia apoyada en hechos.
  • Se trata de autenticidad: que se piense en usted cuando haya una necesidad alineada con el tema que domina y el propósito que sostiene.
  • La fórmula de la autoridad es la suma de ser útil, fiable y visible. Que los demás nos asocien con una serie de cualidades, valor, valores y credibilidad. Cuando alguien alcanza ese nivel de prestigio es más fácil que sea tenido en cuenta.

Use tácticas verbales

Por si le sirven algunos consejos profesionales para ser carismático en su trabajo, puede utilizar los consejos que ofrece un estudio de la Universidad de Lausana, basándose en las tácticas usadas por los líderes:

  • Utilice metáforas para simplificar sus mensajes, para agitar las emociones, invocar significados simbólicos y ayudar a los demás a recordar.
  • Haga uso de historias y anécdotas para hacer que los mensajes sean comprensibles y memorables, y para fomentar la identificación con los protagonistas.
  • Resulta útil la articulación de convicciones morales y sentimientos compartidos para demostrar la alineación con los seguidores.
  • Utilice recursos retóricos, incluidos los contrastes para enmarcar y enfocar los mensajes, que den una impresión de integridad. Plantee preguntas retóricas para crear anticipación y acertijos que requieren una respuesta o solución.


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