Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

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sábado, octubre 19, 2013

Remuneración variable sí, pero con moderación

En la actual crisis, la pérdida de empleo y las reducciones de sueldo coexisten con remuneraciones astronómicas de altos directivos. En el sector bancario, casos de ejecutivos cuyo sueldo aumentó mientras las retribuciones del resto de trabajadores permanecían congeladas y la entidad estaba a punto de ser intervenida han levantado ampollas en la opinión pública.

Situaciones como esta ponen de manifiesto la dificultad de diseñar un sistema de remuneración variable que sea eficaz y justo. Sobre ello reflexiona el profesor del IESE Josep Mª Rosanas en el documento "Las retribuciones variables de los directivos", en el que defiende los beneficios de esta política retributiva siempre que las compensaciones no sean demasiado elevadas.

Los incentivos pueden ser contraproducentes
Desde que existen, los sistemas de incentivos han recibido fuertes críticas y muy pocas alabanzas. El principal argumento a favor suele ser que vincular el sueldo a los resultados tiene beneficios obvios, aunque los autores clásicos en el área de la motivación consideran que el dinero es un motivador débil.

Las grandes compañías suelen justificar los altos salarios de sus principales ejecutivos argumentando que esto mejora los resultados económicos, aunque este hecho parece más bien dudoso. Incluso cuando realmente la empresa aumenta los beneficios resulta difícil determinar en qué medida se debe a sus directivos.

Frente a la afirmación en la revista Fortune de que en cuatro años Lou Gerstner había "añadido más de 40.000 millones al valor de las acciones de IBM", Henry Mintzberg, Robert Simons y Kunal Basu se preguntaban irónicamente: "¿Él solo?".

Por muy buen trabajo que haga un directivo, es indudable que cualquier ganancia se debe también al trabajo de los demás y es materialmente imposible atribuir una parte del aumento a cada persona que ha colaborado.

Además, resulta complicado medir un trabajo complejo con un índice y puede que ante una disyuntiva no coincidan la mejor opción desde el punto de vista de los objetivos reales de la empresa con la mejor en términos del indicador de gestión que se utiliza.

Así, si el directivo (o el empleado, en general) tiene una remuneración variable en función de este indicador es probable que, actuando en interés propio, escoja la alternativa que más le beneficia, aunque sea la peor para la empresa.

Adam Smith ya apuntaba en 1776, en La riqueza de las naciones, que los intereses de los propietarios y de los directivos profesionales podían estar lejos de ser coincidentes. Y, a veces, los sistemas de incentivos contribuyen a acentuar aún más este distanciamiento, como sucedió con las hipotecas subprime.

En este caso, era frecuente que el vendedor de hipotecas tuviera un incentivo basado en el total de préstamos hipotecarios concedidos y que, por tanto, tendiera a autorizar muchos más de lo que era prudente.

Pero la remuneración variable es necesaria
En los trabajos cuyo resultado es multidimensional y abarca un largo periodo de tiempo, cualquier sistema de incentivos presentará disfunciones.

¿Significa esto que conviene desterrar los sistemas de retribución variable? No, pero sí replantearlos, sugiere el profesor Josep Mª Rosanas, que distingue entre remuneración variable e incentivos, aunque a menudo estas expresiones se usen como sinónimos.

Los incentivos son pagos que pretenden obligar al directivo a hacer lo que los accionistas o propietarios de la empresa desean y esto puede ser "peligroso y en cierto modo censurable", advierte.

En cambio, el autor defiende la remuneración variable porque se puede entender como un reconocimiento por una buena labor, algo que nunca es censurable y puede constituir "todo un deber de justicia". Siempre, eso sí, que se haga en una cantidad "débil", explica haciendo referencia al trabajo de John Roberts, profesor de la Universidad de Stanford.

En una conferencia pronunciada en 2009 en la entrega del Economics for Management Lecture Series IESE-Fundación BBVA Prize, Roberts propuso basar los sistemas de remuneración en los incentivos "débiles", ya que los sistemas de incentivos cuantitativamente elevados y que dependen de resultados medibles pueden tener efectos perversos. 

El por qué de los incentivos "débiles"
Existen dos razones principales por las que incorporar incentivos "débiles" a los sistemas de remuneración.

En primer lugar, porque en cualquier situación existen incentivos implícitos y es conveniente incluir incentivos explícitos "débiles" que traten de compensar los efectos nocivos de los primeros. Por ejemplo, se suele dar por supuesto (aunque no siempre con razón, ni mucho menos) que existe un incentivo implícito en cualquier situación en la que se trabaje exclusivamente con un sueldo fijo: el de no esforzarse demasiado por hacer bien el trabajo porque, se obtengan los resultados que se obtengan, el sueldo será el mismo.

En segundo lugar porque, como hemos dicho, independientemente de lo que se cobre, toda persona agradece cierto reconocimiento cuando realiza un buen trabajo y las buenas palabras pueden no ser suficientes: una cantidad de dinero puede expresarlo mejor porque, al tener un coste para quien intenta mostrar agradecimiento, lo hace más creíble.

Josep Mª Rosanas

viernes, junio 01, 2012

En qué fallaron las agencias de calificación

Las prácticas de las tres todopoderosas agencias de calificación crediticia, Standard & Poor's, Moody's y Fitch, apenas han cambiado desde 2008. Y eso que, según el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, son uno de los "grandes culpables" de la formación de la burbuja de las hipotecas subprime, cuyo estallido sacudió los cimientos financieros del mundo. 

Mucho se ha escrito sobre los conflictos de intereses que, según algunos analistas, llevaron a estas agencias a sobrevalorar los títulos avalados por hipotecas subprime, ya que las entidades evaluadas pagaban por la calificación crediticia que obtenían.

Otros analistas sostienen que la mala calidad de las evaluaciones del riesgo crediticio podría deberse a unos procedimientos inadecuados.

Para ahondar en las causas del problema, es necesario aparcar los prejuicios y ceñirse a los datos. En este sentido, un nuevo estudio publicado en The Accounting Review aporta información reveladora.

En él, Mary E. Barth, de la Universidad de Stanford, Gaizka Ormazabal, del IESE, y Daniel J. Taylor, de la Wharton School, ponen en entredicho el modo en que las tres agencias de rating contabilizan los activos de los bancos y evalúan el riesgo crediticio.

Distintas maneras de evaluar el riesgo
Los autores compararon la evaluación de los grandes bancos realizada por el mercado de bonos con la de Standard & Poor's (S&P). Lo que hallaron fue una diferencia fundamental entre los métodos de uno y otra a la hora de evaluar el riesgo crediticio de la titulización de activos por parte de los bancos.

La escala de calificación crediticia de S&P contempla 21 puntuaciones, siendo "AAA" la máxima y "C" la más baja. El mercado de bonos corporativos distingue entre la rentabilidad anual de los bonos emitidos por los bancos y la de las letras a un mes del Tesoro estadounidense: cuanto mayor es el diferencial, mayor es el riesgo.

Los autores se centraron en los bancos porque son las empresas que más activos titulizan. Además, los datos de sus emisiones están a disposición del público en la Reserva Federal.

¿Cómo funcionan las titulizaciones?
Una titulización de activos típica consiste en la transferencia de parte de los activos de un banco, ya sean hipotecas, deuda de tarjetas de crédito u otro tipo de efectos por cobrar, a una entidad de propósito especial (EPE).

La EPE es un vehículo legal que asume la gestión de los activos, generalmente los de mayor riesgo, para colocarlos entre los inversores. A cambio, transfiere al banco una participación, así como el efectivo que recibe de los inversores.

Estas transacciones reciben el nombre de "titulizaciones" porque los inversores obtienen títulos (bonos) que acreditan su participación en la SPE y, por tanto, en sus activos. También son un medio de diversificar el riesgo, ya que los inversores pueden rentabilizar su inversión en función de sus necesidades y su grado de aversión al riesgo.

Durante el proceso de agrupamiento de los activos a titulizar, la entidad financiera normalmente retiene una parte en su balance para enviar a los inversores la señal de que los títulos merecen su confianza.

Cuestión de grado
La diferencia más importante entre la evaluación del riesgo crediticio realizada por el mercado de bonos y la de S&P es el grado en que ambos evalúan todo el espectro de activos titulizados.

Las agencias de calificación estiman que el riesgo crediticio solo está asociado a la participación en los activos titulizados retenida por el banco y no a la que está en manos de otros inversores. Sin embargo, el mercado de bonos considera que tanto la participación retenida como la no retenida contribuyen al riesgo crediticio de los bancos.

Este hallazgo viene a dar la razón a quienes acusan a las agencias de calificación crediticia de no ser diligentes en su evaluación de los efectos de la titulización.

Según Mary E. Barth, "no es de extrañar que nos encontráramos con dos maneras tan diferentes de evaluar el riesgo, ya que los contables siguen sin ponerse de acuerdo sobre si la titulización de activos es básicamente una venta o un préstamo colateral".

En realidad, la titulización de activos no es ni una venta ni un préstamo, sino algo entre medio. "Hasta que no se resuelva este problema de contabilidad, la ambigüedad dará pie a todo tipo de complejos productos de ingeniería financiera. Y no habrá regulación que pueda con ellos. Después de todo, ¿cómo regular algo que no admite ni siquiera una definición?", explica Barth.

Acabar con la ambigüedad
Las agencias de calificación necesitan apoyo, pero también deben eliminar, y rápido, los conflictos de intereses y los fallos de interpretación que hincharon la burbuja de las hipotecas subprime.

Se podría empezar definiendo qué tipo de institución son las agencias de calificación crediticia, el tipo de relación que deberían tener con sus clientes, es decir, los inversores, y hasta qué punto hay que regular sus prácticas.

Barth concluye que, en resumidas cuentas, se pueden pensar dos cosas de estas agencias: "Que son tan importantes como los bancos y las aseguradoras y, por tanto, su regulación ha de ser igual de estricta, o que merecen la misma libertad que un broker que te aconseja comprar unas acciones determinadas, eso sí, advirtiendo de los riesgos. Ambas son buenas opciones, pero ahora mismo no tenemos ni una ni la otra".


Mary E. Barth, Gaizka Ormazabal Sánchez  y Daniel J. Taylor 

viernes, octubre 08, 2010

Las posibilidades del capitalismo

Entrevista realizada a Joseph Stiglitz por Chris Stanley, donde el economista analiza la respuesta del gobierno de los Estados Unidos a lo que él ha denominado la Gran Recesión y ofrece sus propios puntos de vista sobre lo que él cree que debe hacerse para asegurar el crecimiento futuro.

En esta misma época hace dos años atrás, existían serios cuestionamientos acerca de la capacidad del sistema capitalista para sostenerse a sí mismo. Hoy en día el Dow Jones está de vuelta a los niveles del 2005/2006, la economía está creciendo de nuevo y los negocios en diferentes aspectos continúan como siempre. ¿Qué áreas deberían aún preocuparnos más? ¿Cuáles son los mayores riesgos que enfrenta la economía de los Estados Unidos hoy en día?

En primer lugar, desde el punto de vista de la comunidad de negocios, no se deje engañar por los mercados bursátiles. Los precios de las acciones pueden ser elevados porque hay muchas ganancias y las tasas de interés están bajas. Aumentó las ganancias en parte porque los salarios son bajos. Que los salarios sean bajos significa que la gente no tiene mucho poder adquisitivo. Así que, de hecho, esa no es una receta para un crecimiento sostenido a un nivel alto. En cambio la gente debería preocuparse de que lo que sostuvo la economía antes de la crisis fue una tasa de ahorro igual a cero. La tasa de ahorro de los Estados Unidos ha subido desde entonces a cerca del 5% en la actualidad, y el promedio histórico es de aproximadamente 7%. Pero los ahorros de las personas se han agotado y por lo tanto van a trabajar para reconstruirlas. Alrededor del 60% de los estadounidenses vivían mas allá de sus medios – tomando prestado sobre la base de una burbuja inmobiliaria. Ya no pueden seguir haciendo eso. Esa es otra razón por la cual las tasas de ahorro puede incrementar aún más. Todo esto significa que el consumo va a ser débil, entonces el restablecimiento de un crecimiento económico fuerte se hace difícil.

La perspectiva de salir de esto a través de las exportaciones depende de un dólar débil. Pero los problemas en Europa significan que uno no puede contar con eso. Los gobiernos estatales y locales se enfrentan a crisis en todo el país y se están achicando. Al mismo tiempo, el estímulo está llegando a su fin. Todo eso significa que mucho de lo que estaba sustentando a la economía estará llegando a su fin hacia fines de 2010 y principios de 2011. La arquitectura original del estímulo se basó en la esperanza de que era una medida temporaria destinada a cubrir, mientras que el sector financiero se recuperaba. Esa fue una concepción fundamentalmente errónea porque las deficiencias eran más profundas que eso. El relleno de dos años fue demasiado breve, no fue lo suficientemente grande, ni lo suficientemente bien diseñado y fue retirado justo cuando la economía necesitaba aún más estímulo. Pero no hay voluntad política para ampliarlo. Así que vamos a estar sacando dinero de la economía en el momento en que se está agotando y eso a su vez significara que correremos el riesgo de una recesión secundaria. Pero incluso si no tenemos una recesión secundaria, marcará un crecimiento más lento.

Como están las cosas, ¿ve usted una recesión secundaria como más probable o no?

Hay demasiadas incertidumbres como para decir qué es más probable y qué no. La forma en que yo lo diría es que hay un riesgo sustancial de una recesión secundaria y casi con certeza de una caída sustancial en el crecimiento.

¿Qué debería hacerse para evitar esa posibilidad de una recesión secundaria?

Lo que necesitamos es una segunda ronda de estímulo, un programa para evitar una aceleración de las ejecuciones hipotecarias, y algo para reactivar el préstamo. Ninguna de esas tres cartas está sobre la mesa.

Si el primer estímulo no funcionó, ¿por qué necesitamos un segundo?

El primero fue demasiado pequeño. Incluso la presidenta del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Obama, Christina Romer, pensó que necesitábamos US$1,2 billones. Sin embargo, otros asesores de Obama no le dieron esa opción; sólo le dieron la elección entre US$ 600 y US$ 800 mil millones. Luego transo políticamente. Incluyó una tercera parte de eso en recortes impositivos que fueron relativamente ineficaces y limitó la cantidad de ayuda a los estados y localidades por lo que estuvieron despidiendo gente. Terminamos con una medida que no estuvo a la altura de las circunstancias.

En la situación hipotética de un segundo estímulo, ¿dónde colocaría el dinero?

Comenzaría poniendo el dinero en los estados y localidades para evitar los despidos que son casi inevitables. Tenemos marcos de equilibrio presupuestario y muchos de ellos dependen de los impuestos inmobiliarios. Con los valores de la propiedad en baja, los ingresos están bajando y es difícil aumentar los impuestos. Por lo tanto los despidos probablemente sean una fuente importante de un nuevo desempleo en nuestro país. De modo que es allí donde me gustaría empezar. No es la creación de nuevos puestos de trabajo, sino evitar la pérdida de puestos de trabajo ya existentes - maestros, trabajadores de hospitales, bomberos, policía - en todo el país. Las necesidades básicas para el funcionamiento de una sociedad se están reduciendo. Yo haría que un componente de los recortes impositivos sea un crédito fiscal a las inversiones, para alentar a las empresas a invertir más. El resto me enfocaría en la inversión. Pero no lo centraría solo en infraestructura, creo que eso es un error. Incluiría un componente de tecnología.

Los gobiernos de todo el mundo están enormemente endeudados. ¿Cuánta deuda es demasiada deuda?

En este momento los mercados no están excesivamente preocupados - por lo menos sobre los Estados Unidos. Todavía podemos tomar prestado a tasas de interés muy bajas. Así que en términos de acceso al capital no hay problema. Eso es muy diferente a lo que ocurre con algunos pequeños países de Europa que se han enfrentado a la amenaza de acceso al capital o a la amenaza de la suba de las tasas de interés. Así que cuando usted está en la posición de Irlanda, por ejemplo, tiene que pensar muy seriamente que hacer. Los Estados Unidos están en muy buena forma. Tenemos que mirar a los activos-pasivos – los pasivos no incluidos en el balance, los pasivos incluidos en el balance. No hay que ahorrar en cosas insignificantes.

Realmente, tenemos que estar mucho más atentos, centrarnos en el gasto de alto rendimiento. Por lo tanto, yo reduciría el gasto militar en armas que no funcionan contra enemigos que no existen. Gastaría más en tecnología. Miraría con más cuidado en dónde estamos gastando el dinero. No ignoraría el déficit, pero recortar el gasto es imprudente – significaría que nuestro déficit se agrandaría. Si la economía cae, los ingresos fiscales bajan - no es la manera de salir del agujero.

Es lo que el Reino Unido está haciendo ...

Y están a punto de darse cuenta que no es una manera de salir del agujero ...

¿Me puede dar una evaluación de cómo el presidente Obama ha manejado la crisis hasta ahora?

Toda evaluación comienza con una calificación por curva. En comparación con lo que estaba sucediendo antes, es un paso en la dirección correcta. Con Bush no hubo estímulo. El estímulo de Obama fue demasiado pequeño y no estuvo bien diseñado, pero fue incomparablemente mejor que Bush que no hizo nada. En cuanto a las hipotecas, Bush no hizo nada. Lo que Obama hizo fue muy poco y no funcionó de manera muy eficaz, pero fue ligeramente mejor que nada. El rescate bancario yo diría que no fue un éxito, salvo que podemos decir que evitó un desastre. Y la regulación bancaria, en mi opinión es como un queso suizo maloliente: tiene algunos buenos puntos, pero tantos agujeros y excepciones que no podemos estar seguros de que ayudará a evitar que se repita ...

Europa ha experimentado cifras de crecimiento mayores que lo esperado recientemente. ¿Pueden los Estados Unidos aprender de lo que está sucediendo allí?

La principal buena noticia fue de Alemania que se está beneficiando en parte de la debilidad del euro. Pero no todos los países pueden exportar su salida de una crisis. Ellos se están beneficiando de un euro débil y nosotros estamos sufriendo por un dólar fuerte. A medida que la gente pierda la confianza en los Estados Unidos, el dólar se debilitara y el euro se fortalecerá y el crecimiento de Alemania será más lento.

¿Así que sólo se están beneficiando de una posición estructural afortunada?

Exactamente. Alemania tiene unos programas muy buenos para evitar aumentos elevados del empleo, lo que ha ayudado a la economía a seguir adelante. Merkel ha sido muy explícita que el modelo social europeo ha funcionado mejor que el modelo Norteamericano. Creo que lo que esta crisis ha demostrado es que los salarios flexibles son un problema si significan que la demanda agregada se debilita porque la gente no tiene ingresos. Con la demanda agregada débil no se alcanza el pleno empleo.

Fuente: HSM

lunes, octubre 19, 2009

Las firmas que no cuiden al personal desaparecerán


En esta entrega destacamos la excelente entrevista realizada a Robin Sharma por Lluís Pellicer, que se detalla a continuación.

Esboza una gran sonrisa cuando, antes de sentarse, echa un vistazo a la calle y contempla el bullicio de La Rambla barcelonesa. La ciudad le fascina. Y su gente, todavía más. Robin Sharma es una autoridad en el desarrollo personal y autor de varios superventas sobre autoayuda, pero se sorprende de lo felices que, a su juicio, son los españoles, a pesar de la que está cayendo. "Aquí se disfruta hablando con alguien en la calle, tomando un café tranquilamente, con una larga sobremesa los domingos, con el vino, con una buena comida...". Lejos del frenesí asfixiante que, asegura, hay en Norteamérica.


Cuando ve la carta del restaurante va directo a por el jamón ibérico. Ayer visitó una bodega del Penedès que regentaba un viticultor de 77 años. "Me quedé parado con su pasión por el vino, por su trabajo. Incluso dijo: '¡el vino es mi vida!", exclama. Ese viticultor es un ejemplo de lo que ahora está propagando en medio mundo: el liderazgo. No lo entiende como el afán de competir con los demás ni de sobresalir a cualquier precio. Al contrario. Se trata de superarse y sacar lo mejor de uno mismo en todos los ámbitos.


Sharma no devora el plato de jamón que acompaña con pan y tomate. Lo saborea tranquilamente, mientras recuerda que la sociedad hoy demanda líderes ante la crudeza de la recesión. Lo demuestran las masas que pudo mover Barack Obama, incluso en Europa, o la pasión que despierta Rafael Nadal. "Nos recuerdan todo el potencial que tenemos para ser líderes", dice mientras le cambian el plato vacío por una generosa ensalada de mozzarella.

La palabra liderazgo, sin embargo, tiene muchos matices. Tantos como peligros. Uno de ellos es la obsesión por el trabajo. Y ahí, mientras aliña la ensalada, Sharma revela el secreto: él es Julián Mantle, el protagonista de su primer superventas, El monje que vendió su Ferrari. "Yo era un abogado de éxito, que había hecho todo lo que la sociedad dicta que se debe hacer. Pero la imposibilidad de expresar todo nuestro potencial, lo mejor de uno mismo, produce mucho dolor", lamenta. Así que lo dejó todo y empezó una nueva vida. Y le fue bien.


No parecen, sin embargo, buenos momentos para hacer borrón y cuenta nueva: el paro se acerca peligrosamente al 20% y los trabajadores se aferran a su empleo. Y tampoco ésta se antoja como la mejor época para que las empresas inviertan en su personal. "La ventaja competitiva de la empresa española es la calidad de su gente. Las firmas que no procuren el desarrollo de su personal, simplemente desaparecerán del mercado. ¿Queremos o no que los trabajadores rindan al máximo? Pues dejemos que formen parte de un sueño compartido", argumenta.


Sharma se confiesa un optimista, de los que creen que cada crisis es una oportunidad, un momento para reflexionar y corregir. Hay que recordarle que la recesión también ha sacado lo peor de la sociedad: hipotecas basura, contratos blindados con indemnizaciones multimillonarias y, como guinda, estafadores como Bernard Madoff. Asiente. "Hemos visto mucha codicia y antes de construir algo mejor hemos de derribar los cimientos de lo anterior", remacha.

Fuente: elpais.com



Rodolfo Salas

sábado, diciembre 22, 2007

El impacto de la crisis hipotecaria para el 2008


Recientemente, se ha puesto en marcha un conjunto de acciones coordinadas por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra, el Banco de Canadá y el Banco de Suiza.

El objetivo de ese plan está orientado a mitigar las tensiones que existen en los mercados globales por la crisis crediticia y las necesidades de liquidez que tienen las entidades financieras.

De este modo, el impacto de estas acciones conjuntas permitirá inyectar en el mercado una fuerte dosis de confianza para evitar caer en la tan temida recesión de la economía.

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Rodolfo Salas