Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

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lunes, julio 20, 2020

Momento iPhone de la movilidad: ¿quién tendrá la última licencia de conducir en la Tierra?

Una forma bastante frecuente y efectiva de encarar relatos sobre el futuro consiste en aseverar que la última persona en hacer algo que hoy es común, o en empezar a hacer algo de ciencia ficción, "ya nació" y está entre nosotros. Por ejemplo, "la persona que vivirá 800 años ya nació". El "último trabajador formal" está entre nosotros: en un futuro distópico dentro de unos años recorrerá una ruta con su carnet de prepaga, su camisa y su tarjeta para pasar la seguridad del edificio de oficinas, defendiéndose de hordas de empleados informales o de plataformas. En el campo del transporte y de la movilidad, se especula con quién será el último habitante -probablemente no dentro de mucho tiempo- en sacar una licencia de conducir.

Como sucedió con otras tendencias de cambio en estos meses de pandemia, en el terreno de la movilidad y el transporte también se verifica una aceleración de avances y novedades empresarias sin precedente. Días atrás, la compañía Tesla, de Elon Musk, superó a Toyota (de 82 años) en capitalización de mercado y se convirtió en la automotriz más valiosa del planeta. El propio Musk anunció que este año su empresa estará en condiciones de fabricar vehículos con autonomía de "nivel 5" (básicamente, que se comportan como KITT en el auto fantástico).

Pero Musk no está solo: todos los gigantes de la tecnología tienen la mira puesta en este sector: hace menos de un mes, Amazon compró por 1200 millones de dólares Zoox, una firma de este rubro. En paralelo, el CEO de Nvidia (firma de vehículos automanejados que se asoció con Mercedes-Benz), Jensen Huang, afirmó que su sector está atravesando el "momento iPhone", en relación con un punto de quiebre tras lo cual se acelera el crecimiento.

"Es muy probable que estemos viendo en el terreno del transporte en general algo muy parecido a lo que sucedió en 2007 con muchas tendencias de negocios digitales", cuenta a la nacion Leonardo Valente, economista de Bahía Blanca especializado en transporte, robótica e innovación. En la nueva economía, 2007 fue una suerte de "año mágico", no solo por el lanzamiento del iPhone (el 9 de enero de 2007 Steve Jobs mostró el producto más exitoso de la historia del capitalismo en un teatro de San Francisco), sino también para el despegue de Facebook y Twitter, de la plataforma de código abierto Github, del Kindle, de Android y de otros nombres icónicos de la era digital. "Los avances tecnológicos se combinan con profundos cambios en los consumidores, para quienes ya deja de ser importante el sentido de propiedad de un auto. Ya nada será igual", marca Valente.

En opinión del experto en inteligencia artificial, robótica y diseño de futuros Alejandro Repetto, hay una carrera de fondo entre Tesla y Google (con Waimo), mientras vemos que las automotrices tradicionales, como Ford y General Motors, se sumaron también muy fuerte a la movida. Existe un obstáculo, que es que navegar solo con cámaras y lograr autonomía total no parece ser lo más seguro todavía".

Repetto trajo años atrás el primer vehículo autónomo a la Argentina. Junto a su socio Enrique Cortés Funes publicó recientemente el libro Diseño de Futuros para transformar el presente. Cree que los avances de movilidad autónoma más relevantes que veremos en el corto plazo son menos "sexis" que los vehículos para trasportar humanos y tienen que ver con la logística en industria, agro y minería, y en la denominada "última milla" de entregas del comercio electrónico, un punto en el cual coincide con Valente.

Además de los avances tecnológicos, el otro gran impulsor del "momento iPhone" para un cambio radical en el trasporte es la conciencia ambiental para migrar desde el modelo de autos con combustibles fósiles hacia alternativas más sustentables, algo que, a su vez, se intensificó con la pandemia.

En enero, antes de que estallara la crisis del Covid, la agenda ambiental se perfilaba como la gran narrativa de 2020. Luego de los incendios en Australia y en el Amazonas brasileño, en el Foro de Davos 2020 el titular de Black Rock, Larry Fink, advirtió que la agenda climática va a producir cambios sísmicos en el mundo de las finanzas "mucho antes de lo que pensamos", en buena medida porque los mercados financieros se especializan justamente en adelantar esquemas de riesgo. En 40 años de carrera, contó Fink, vivió media docena de crisis globales, pero ninguna es comparable a la asociada al factor climático, por su característica estructural.

Recuperación verde

Tomás Ocampo, especialista en negocios sustentables de Stanford, cree que hay buenas chances de una "recuperación verde": "El Covid creó conciencia sobre la fragilidad del planeta y de lo pequeño que es el mundo, y por otro lado no afectó los compromisos ambientales a pesar de las perspectivas de recesión".

La semana pasada, Christine Lagard, exdirectora del Fondo Monetario Internacional y actual titular del Banco Central Europeo, dijo que la entidad que preside tendrá en cuenta el cambio climático en la compra de bonos.

"Una novedad que estamos viendo es la irrupción del paradigma de negocios ?carbono negativos' (hasta ahora veíamos énfasis en la mitigación)", completa Alexis Caporale, autor del libro El futuro de la Energía. "La óptica del carbono negativo será disruptiva, porque abrirá el universo a muchas industrias que usarán tecnologías que capturen dióxido de carbono de la atmósfera como lo hacen las plantas", agrega.

Ocampo, Caporale y el periodista especializado en temas de sustentabilidad Manuel Torino, columnista de la nación, participaron el lunes pasado en el ciclo Proxi del Instituto Baikal de una discusión sobre el futuro de la "agenda verde".

Torino mostró una ilustración donde se ve una ola grande que es el Covid, una de mayor tamaño que viene detrás que es la recesión económica en ciernes, y otra más gigante aún por detrás: la del cambio climático. Desde una ciudad solamente ven la primera y se consuelan: "Si nos lavamos mucho las manos vamos a andar más o menos bien".

¿Por qué hay una desproporción tan grande entre la entidad del problema y las acciones que se toman para tratar de evitarlo a nivel colectivo e individual? Uno de los académicos que mejor está trabajando esta fricción, con herramientas de la economía del comportamiento (con sus sesgos asociados) es el psicólogo de la Universidad de Victoria en Canadá, Robert Gifford, quien habla de los "dragones de la inacción climática". Gifford sostiene que, al igual que los dragones, muchas de las excusas que nos ponemos para no actuar ahora son ilusorias. Por ejemplo, el dragón de la "tecnosalvación": la tendencia a creer que solo con el avance tecnológico se evitará la catástrofe. O el dragón del "líder mesiánico" que movilizará y coordinará las políticas de los países en pos de un futuro más sustentable.

Según un reporte de hace dos semanas de Nature, en caso de continuar la tendencia actual, para el año 2025 el planeta tendrá la misma cantidad de partes de CO2 en la atmósfera que 15 millones de años atrás, en el Mioceno, cuando la temperatura promedio era entre tres y cuatro grados más alta por erupciones volcánicas. El último turno para sacar una licencia de conducir podrá ser un símbolo poderoso para luchar contra estos dragones que describe Gifford.


sábado, diciembre 07, 2019

Cambios en los modelos de trabajo de las organizaciones

El diario El País ha publicado en los últimos días un reportaje sobre los cambios en los modelos de trabajo de las organizaciones, que están en plena transformación y en las que las jerarquías a la antigua usanza están desapareciendo. Así, recoge los casos de diversas empresas en las que los nuevos modelos de liderazgo están tomando las riendas y dando lugar a organizaciones más planas y en las que las personas están en el centro.

El reportaje comienza explicando la experiencia de Nielsen Iberia, con nueva directora desde el pasado mes de junio, Patricia Daimiel, una profesional que ya estaba en la “casa” como directora general de Innovación. Daimiel está “dándole la vuelta al calcetín jerárquico y colocándose en la base, y no en la punta, de la pirámide organizativa”, explica el diario, que recoge sus declaraciones: “El directivo ha de estar al servicio de la organización y de su equipo, empoderándolo y facilitándole el cumplimiento de los objetivos”. Para El País, esta directiva “abandera lo que se conoce como servant leadership (liderazgo de servicio), crucial, en su opinión, para transitar con éxito por un periodo de cambios”. “Las transformaciones suelen fallar cuando no se consigue que empleados y asociados entiendan por qué se llevan a cabo; hay que involucrarlos para que se sientan parte del proceso. El líder está para clarificar la visión, dar rumbo y sentido a lo que se hace, transmitir la estrategia; es un papel de guía, de facilitador”, asegura la directiva de Nielsen Iberia en sus declaraciones.

El texto recoge también las palabras de Miguel Valdivieso, director de la consultoría de capital humano de Randstad, que defiende que hay que liderar de otra manera: “En un 75% de los casos vemos que existen iniciativas de cambio; el principal escollo se encuentra en el estilo de gestión, en esas estructuras jerárquicas que no se terminan de adaptar a lo que pide el mercado”. Para él, hay que priorizar la transparencia en el trato con el empleado y empoderarle, ya que debe ser el centro de la organización.

El texto prosigue comentado cómo la experiencia de Randstad habla de que cada vez se tiende hacia organizaciones más planas, “con menos jerarquía en el eje vertical y más comunicación, y más fluida, en el horizontal. Con líderes que han de inclinarse, cada vez más, por recompensar, capacitar, delegar, comunicar”. Y es que como explica El País, “no lo llega a verbalizar nadie, pero en el aire queda que al final es tratar al empleado como a una persona adulta, madura y capaz, sin paternalismos ni condescendencias. Ese viraje resulta beneficioso y productivo para la empresa, primero, porque atrae y retiene un talento que escasea ante tareas cada vez menos mecánicas y más complejas”.

Estrategia de personas

Otra experiencia empresarial que se puede leer en este reportaje es la de AXA, por medio de su directora de Personas, Cultura y Organización, Carmen Polo, quien explica que: “Me llega a escandalizar que haya compañías donde la Dirección de Personas o Recursos Humanos no esté al más alto nivel”, y habla de estrategia de personas: “Conseguir el máximo nivel de compromiso y motivación de la plantilla “es una decisión si quieres egoísta, pero todos ganamos”. En este sentido, esta responsable de AXA cuenta en este artículo que: “Hace años llegamos a la convicción de que había que crear una buena experiencia de empleado, igual que la que perseguíamos para nuestros clientes”. Para lograrlo, “Axa pulsó tres palancas: la de autorresponsabilizar de su puesto de trabajo al empleado, la de forjar líderes “inclusivos, humildes y abiertos a aprender”, y la de crear un modelo organizativo más en red, transversal y multidisciplinar, donde los distintos departamentos son vasos comunicantes, no silos, y la jerarquía ha muerto”.

El País también ha tomado el pulso del BBVA. Así, destaca que “en 2014, BBVA empezó a usar la metodología agile con la creación de equipos multidisciplinares, con autonomía para organizarse y capacidad de ejecución, que se dedicaban en exclusiva a un proyecto y trabajaban en el mismo espacio físico”, recogiendo palabras de Ricardo Forcano, director de Talento y Cultura del BBVA. El texto comenta que los resultados fueron buenos y, poco a poco, el modelo se fue escalando hasta incorporar a él a todos los trabajadores de las áreas centrales de la compañía: 33.000 personas en todo el mundo. “Los equipos multidisciplinares se convierten en la base de la organización. Y los directivos tienen que dejar de ser mánagers para convertirse en servant leaders”, asegura Forcano.

También Ikea está incorporando la filosofía agile a su día a día, tal y como explica Enrique Puig, su director de RRHH en España, quien declara a El País que “el batiburrillo generacional —baby boomers, X, millennials o Y, Z—, que convive en un mismo espacio laboral y mezcla necesidades y expectativas diferentes, exige inclusión y gestión de la diversidad. Para millennials y Z son cruciales aspectos como la conciliación, la flexibilidad o la responsabilidad social corporativa (RSC) de la firma para la que trabajan”.

Horizontalidad

El experto en recursos humanos de ESADE Ceferí Soler explica en este reportaje que está convencido de que el cambio de la verticalidad hacia la horizontalidad “es un camino necesario y obligatorio”, pero no nuevo. “Desde los años setenta se está trabajando en el compromiso y el sentido de pertenencia del empleado. Desde 1979 estamos con los estudios de clima; ahora en el mundo anglosajón se han puesto de moda las encuestas de felicidad”, avanza. “Lo que ocurre es que no se llevan a la práctica porque el director general tiene miedo”, sentencia.

Soler sostiene en este reportaje que la inmensa mayoría de las grandes compañías del mundo siguen teniendo estructuras verticales, y que muchas hacen gala de lo que denomina “disonancias cognoscitivas”, que viene a ser hacer determinadas declaraciones de intenciones en sus memorias RSC y, a la hora de la verdad, tomar decisiones en sentido opuesto.


miércoles, octubre 16, 2019

De los jóvenes ocupados, más de 60% está en la informalidad

Crédito: Ignacio Sánchez

Entre los asalariados, la falta de registro afecta a seis de cada diez, pero el problema es aun más grave si se mira el universo total de quienes tienen una ocupación; causas y posibles soluciones

Tiene 19 años y hace más de 3 que abandonó el secundario, aunque no pocas veces piensa en retomar los estudios. Pedro atiende un pequeño local donde se venden comidas, en el mismo barrio de calles de tierra en el que vive. Por su trabajo no tiene aportes jubilatorios ni recibe servicios de una obra social. Ninguno de sus amigos ni de sus familiares está en un empleo en blanco, así que su situación no le resulta extraña.

Pedro es uno de los rostros detrás de la estadística que indica que 60,3% de los jóvenes de entre 15 y 24 años con alguna ocupación dependiente, está en una relación laboral no registrada. El índice trepa aún más cuando se considera el total de ocupados, sin importar si se está en un vínculo de dependencia, en el cuentapropismo o en una actividad familiar. La tasa de informalidad en este universo más amplio alcanza al 68,4%, en el caso de los jóvenes. Los datos surgen de un análisis hecho por la Cátedra Unesco sobre las manifestaciones actuales de la realidad social, del Instituto Torcuato Di Tella, basado en los resultados del primer trimestre del año de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec.

Los índices, según explica Guillermo Pérez Sosto, coordinador de ese espacio de estudios y quien advierte sobre la alta rotación en el empleo joven, son mucho más altos que los correspondientes a la población total: en este caso, el empleo dependiente sin registro es de 35%. Y la informalidad total (sumando asalariados, cuentapropistas y trabajadores familiares) llega a 50,3%.

Que los problemas del mundo laboral afecten con mayor fuerza a los jóvenes es algo no exclusivo de la Argentina. Pero en un país con elevadas tasas de pobreza y de actividad en negro, es frecuente que la escasez o la ausencia de vínculos de muchas personas con la economía formal profundicen la problemática.

Según datos de la ya citada fuente, el mapa de la población joven de las zonas urbanas del país muestra que casi la mitad de quienes tienen entre 15 y 24 años (48,3%) solo se dedica a estudiar; le sigue el grupo de quienes solo trabajan ( 19,3%). Los adolescentes y jóvenes que ni estudian, ni trabajan, ni buscan un puesto son poco más de un millón: 13,7% del total. En grupos menos numerosos están quienes estudian y trabajan (8,8%); quienes solo demandan trabajo (6,7%) y quienes son estudiantes y, a la vez, buscan ocupación (3,2%).

En los territorios donde se convive en la pobreza "los jóvenes quedan muy débiles en cuanto a los vínculos con el trabajo formal", advierte Eduardo Lépore, director del Programa Pobreza, Inclusión y Política Social de la Universidad Católica Argentina. "En las villas de la ciudad de Buenos Aires, no más de 25% de la población activa tiene trabajo formal", describe. Y agrega que tal situación hace que sea muy necesaria la acción de los servicios de empleo dedicados a la intermediación.

Acercar a los jóvenes a las empresas es una de las estrategias recomendadas. Lépore recuerda que hace casi una década hubo un programa impulsado por el estado nacional, Jóvenes con Futuro, por el cual un grupo de empresas abría sus puertas, por tres meses, a chicos de barrios pobres, que recibían formación y hacían prácticas. Pero el plan, que según dice logró mejorar la tasa de formalidad para esa población, no logró ser escalable. Luego se pasó al más masivo plan Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, que en la práctica se concentró en dar prestaciones para terminar el ciclo secundario.

Además del contacto con la economía formal y del desarrollo de prácticas calificantes, el aprendizaje de las habilidades blandas es marcado como un elemento central en una estrategia que tienda a atacar los problemas del empleo juvenil.

El economista Jorge Colina, director de Idesa, propone reformar el sistema legal de pasantías para lograr que el eje gire, justamente, sobre ese tipo de habilidades. Dice que debería desburocratizarse la dinámica de los contratos y que debería dejarse de lado el requisito de que haya planes de formación determinados, porque -cuando se trata de jóvenes que crecieron en contextos vulnerables- el aprendizaje está en el hecho mismo de cumplir horarios, en estar en un lugar de trabajo y en hacer tareas en equipo, por ejemplo.

"Las pasantías deberían tener plazos bien definidos y ser un puente de conexión con el aparato productivo", afirma la economista Roxana Maurizio, docente e investigadora en la UBA y el Conicet. Agrega que un certificado de experiencia calificante es un instrumento que valora un empleador a la hora de analizar una contratación estable. Sin embargo, advierte que si bien ese tipo de políticas orientadas a jóvenes hacen su contribución, deberían ser un complemento de estrategias amplias para formalizar la economía.

Más allá de que la recesión complica las chances de cualquier política, Elva López Mourelo, oficial en Mercados de Trabajo Inclusivos de la OIT en la Argentina, puntualiza tres cuestiones que inciden por estos días en la informalidad juvenil.

Una es que, por la crisis, creció la tasa de actividad (porcentaje de la población que trabaja o busca trabajar), en especial entre los jóvenes y las mujeres, algo que se explica por la mayor necesidad de ingresos en los hogares; eso presiona sobre el mercado laboral y sobre la calidad de los puestos. El segundo hecho es el fenómeno migratorio regional, impulsado sobre todo por la situación de Venezuela, que hace que lleguen profesionales muy calificados y ocupen puestos que demandan menos formación o requieren habilidades diferentes a las que se tienen. El tercer factor es la brecha de género, explicada, entre otras causas, por prácticas como el cuidado de personas a cargo de niñas y adolescentes, que ven reducido el tiempo para su educación y otro tipo de trabajos.


miércoles, julio 03, 2019

Formar líderes para una economía con impacto social

Líder y sustentabilidad son dos conceptos que en el imaginario colectivo tal vez aún no están relacionados entre sí. Seguimos erróneamente asociando lo sustentable solamente a un tema medioambiental, pensando que una ecobolsa o una lámpara led resulta algo suficiente para considerarnos "amigos" del planeta y la sociedad.

Sin embargo, un liderazgo sustentable real tiene que ver con asumir un rol como persona y como cabeza de una organización para satisfacer las necesidades actuales, sin comprometer las de futuras generaciones. Es decir: se trata de lograr los objetivos actuales sin agotar los recursos económicos, ambientales y humanos en el camino. Es necesario entonces reflexionar

Un líder impacta en muchísimos actores con cada una de las decisiones que toma, por lo que debe saber potenciar al máximo los aspectos positivos para todas las partes interesadas, incluido el ambiente. Y, en la persecución de estas metas, en la capacitación está la verdadera clave.

Estamos frente a un paradigma en el que sabemos que es necesario un cambio de pensamiento, pero seguimos formando profesionales para que crean que el éxito de cualquier acción estará basado solamente en su rédito económico. En esa concepción, no tiene lugar la pregunta respecto de si para lograr su meta una organización debe arrasar con un bosque o generar pobreza en una comunidad; lo importante es que el negocio dé dinero. Lamentablemente, gran parte de la educación que aún se sigue impartiendo tiene que ver con esta concepción.

El modelo de "hombre máquina" del Charles Chaplin de Tiempos Modernos y el tan famoso "homo economicus" de la escuela clásica que desea poseer riqueza a toda costa, siguen siendo los referentes de la mayoría de las cátedras universitarias de negocios y de gran parte de las capacitaciones que se realizan in company. El error no está en enseñar estas teorías para comprender la historia de la administración, sino que el problema real radica en pensar que esa forma de concepción de trabajo y de éxito profesional seguirá vigente para las nuevas generaciones.

Los jóvenes de hoy nos están demostrando constantemente que desean tener una retribución económica por sus actividades, pero siempre y cuando lo que hagan genere impacto positivo social y ambiental. ¿Estamos enseñando a los futuros líderes a diseñar estrategias tomando en cuenta los pensamientos y los sentimientos de sus grupos?

¿Queremos que reconozcan los impactos ambientales en cada decisión que toman? ¿Deseamos que incluyan a las comunidades vulnerables en cada acción que realizan? Si estas preguntas tienen respuesta positiva, entonces debemos analizar cuál es la formación que se ofrece dentro de las instituciones educativas y de las organizaciones.

"No hay empresas exitosas en sociedades fracasadas", dice la célebre frase del empresario y filántropo Stephan Schmidheiny. Y está claro que la educación acerca del "éxito" que muchos de nuestros líderes actuales recibieron no fue suficiente para hacer frente a un cambio climático que genera destrucción, pobreza y desigualdad a pasos agigantados.

Si condenamos socialmente a los políticos que siguen repitiendo las mismas falacias del pasado, ¿por qué seguimos aplaudiendo a una organización que sigue ganando millones manteniendo modelos de trabajo esclavo y/o de destrucción de hábitats? ¿Acaso las ventas de una empresa están bien justificadas si se lograron grandes márgenes gracias a una cadena de valor basada en fábricas clandestinas o en materia prima contaminada? No hay organizaciones perfectas porque no existen las personas perfectas, pero sí podemos colaborar en obtener un cambio genuino en esas personas transmitiéndoles conocimientos de verdadero valor.

La educación que les brindemos a los futuros líderes será clave para lograr una nueva concepción de lo que se considere un buen negocio.

"Ojalá cuando estudiaba alguien me hubiese mostrado que existía otra forma de ser un empresario exitoso". "Me enseñaron a pensar en ganancias y no en beneficios". Son dos frases que se escuchan cada vez más seguido entre jóvenes profesionales, cuando comparten sus frustraciones por haber seguido un modelo de enseñanza que los seteó, cual robot, a pensar únicamente en indicadores financieros o en términos de que si las ventas no se dieron como se esperaba, entonces todo fue un fracaso, sin poner interés en otros posibles efectos sociales sobre alguna población, o ambientales sobre alguna especie en extinción.

Incluso, con ese modelo, si se ganó dinero de mala manera, entonces se recurrirá al cliché de donar un juguete, plantar un árbol o pintar una casa para no parecer tan ambiciosos. El problema no radica en el juguete o en el árbol, sino en usar erróneamente acciones de responsabilidad social para mitigar los impactos negativos que el supuesto negocio exitoso trajo como consecuencia.

Si formamos líderes para considerar el triple impacto (económico, social y ambiental) en cada decisión que tomen, si les enseñamos que hay otra forma de ser alguien en el mercado y si les mostramos, por ejemplo, el cambio positivo que están generando las empresas B (caracterizadas así por haber certificado que producen un triple impacto), entonces la sustentabilidad será parte de su ADN. De esta forma, las estrategias que diseñen serán sostenibles en el tiempo, no solamente por la obtención de una ganancia sino por el beneficio que resulte para todas las partes involucradas.

En la nueva economía colaborativa en las que los líderes del mañana querrán trabajar, cada sector de una organización deberá estar alineado para medir su éxito por el impacto positivo que genere.

Y, para ello, será necesario que todos los actores hablen el mismo idioma de la sustentabilidad. Es decir, que estén capacitados y entrenados para analizar variables sociológicas, ambientales y culturales más allá de las económicas, en cada plan que surja. Busquemos formar líderes sustentables como motores de cambio para lograr verdaderos éxitos sostenibles en el tiempo y, así, conseguir beneficios reales para el planeta y la sociedad.

Belén Arce es docente universitaria y consultora en temas de sustentabilidad

jueves, junio 13, 2019

Se impone una nueva forma de activismo: el social y medioambiental

Consumidores, organizaciones de la sociedad civil, inversores y medios de comunicación son algunas de las partes interesadas que empiezan a reclamar a las empresas rendición de cuentas en un amplio espectro de temas que van más allá de lo estrictamente corporativo en cuanto a performance financiera y operativa.

Todos estos stakeholders preguntan: ¿qué impacto medioambiental tienen las operaciones de su empresa?, ¿cuánta diversidad existe en su organización, especialmente en la Alta Dirección?, ¿qué recaudos se toman a la hora de publicitar los productos y servicios que venden para no promover estereotipos negativos racistas o sociales?

Pero crecientemente existe otro actor que desde adentro de las organizaciones está haciendo escuchar su voz y reclama acciones en la misma dirección: es el "activismo" social y medioambiental de los empleados mismos de dichas empresas. Más allá de los clásicos problemas por los cuales los empleados se movilizan y reclaman, como salarios, derechos laborales y de libre asociación, de salud y seguridad, se suma ahora este espectro de temas de sustentabilidad estratégica. A través de cartas abiertas, marchas, protestas y la activación de campañas en redes y plataformas sociales, empleados de diversas empresas globales han comenzado a reclamar a sus organizaciones y a sus líderes que se ocupen de determinados temas que, en su opinión, no están siendo gestionados de manera apropiada o bien directamente están teniendo un impacto negativo en el medioambiente, las comunidades y la sociedad más general donde estas empresas llevan adelante sus actividades.

Este fenómeno se ha visibilizado con mayor contundencia y, a la vez, visibilidad en el sector tecnológico. Todos recordamos las consecuencias a partir de la denuncia realizada en su blog por la ingeniera de software Susan Fowler quien en febrero de 2017 escribió una descripción del calvario que le tocó vivir en Uber a través de distintos problemas de discriminación y acoso sexual a los cuales ella y otros colegas, especialmente mujeres, se vieron expuestas. Su denuncia pública desencadenó una serie de consecuencias que no solo tuvieron repercusión en su empresa en términos de denuncias similares de otras mujeres empleadas de la empresa (y la sucesiva renuncia de varios ejecutivos), sino que también repercutió en todo el sector tecnológico y se considera como uno de los factores decisivos que dieron fuerza al movimiento #MeToo.

Asimismo, durante 2018 y en el contexto de la separación de padres de hijos por parte de autoridades de EE.UU. en la frontera con México, empleados de Microsoft le escribieron una carta pública a su CEO Satya Nadella exigiendo que la empresa cancelara grandes contratos que la firma tenía con ICE, la agencia de enforcement de inmigración del gobierno estadounidense. Microsoft accedió a revisar y cancelar algunos de estos contratos. También Salesforce enfrentó similares demandas. A partir de esta situación, un grupo de empleados del sector decidió lanzar la campaña con el hashtag #TechWontBuildIt ("el sector tecnológico no lo construirá") donde se pueden seguir hasta el día de hoy vía redes sociales las quejas y reclamos que empleados del sector realizan contra acciones de empresas del sector que consideran negativas, incluso denuncias en días pasados realizadas contra la empresa Palantir, también por su trabajo con ICE.

También el cuidado del planeta y en especial la lucha contra el cambio climático juega un rol muy importante en la agenda de estos empleados "activistas": por ejemplo, en su carácter de accionistas de la empresa, empleados de Amazon presentaron una resolución de accionistas a ser considerada en la asamblea general de este año donde le piden al directorio que divulgue de manera pública cómo considera reducir su dependencia de combustibles fósiles a la vez que gestionar los riesgos relacionados con el cambio climático.

Esta resolución fue acompañada por una carta firmada por más de 5 mil empleados de la organización de e-commerce donde les pide a sus altos ejecutivos que la empresa se comprometa a ser un líder en la lucha contra el cambio climático y que además no se presten servicios de "cloud" para empresas del sector del petróleo y gas.

Gabriel Cecchini. Consultor en Gobierno Corporativo, Integridad & ESG

lunes, septiembre 03, 2018

“Lo peor es ahogar la creatividad en la empresa”

“Al principio no teníamos ordenadores; era un gasto que no nos podíamos permitir”.

Dietmar ­Hopp, cofundador de SAP, en un partido de la Bundesliga entre el Hoffenheim, patrocinado por la firma, y el Hamburger. SV. GETTY IMAGES.

ENTREVISTA | DIETMAR ­HOPP, COFUNDADOR DE SAP

SAP es la mayor tecnológica alemana, con un valor en Bolsa de 143.000 millones de dólares. Dietmar ­Hopp, cofundador de la firma, conoce la receta secreta para crear un consorcio mundial a partir de una exitosa empresa emergente.

Pregunta. Alemania atraviesa en la actualidad una fase de creación de startups. Sin embargo, no todas ellas lograrán consolidarse. ¿Qué le hacía tener la certeza de que triunfaría en 1972, cuando fundó SAP?

Respuesta. No teníamos ninguna certeza. También carecíamos de un modelo de negocio. Lo único que teníamos era el propósito de desarrollar un software estándar. No obstante, no corríamos ningún riesgo al fundar la compañía, debido a la demanda extraordinariamente alta existente dentro de nuestro sector a principios de la década de 1970. Si hubiésemos fracasado, estoy convencido de que IBM [empresa para la que Hopp había trabajado anteriormente] nos habría vuelto a emplear de inmediato.

P.  ¿Por qué decidió independizarse? Al fin y al cabo, trabajar en IBM era por entonces el sueño de todos los informáticos. Y usted había logrado hacerlo realidad.

R. Como asesores de software en IBM, nos veíamos obligados una y otra vez a desarrollar para el cliente programas para distintos ámbitos de aplicación, o a ampliar los ya existentes. Nos dimos cuenta de que gran parte de la funcionalidad era idéntica para casi todas las empresas. Esto nos hizo concebir la idea de desarrollar un software estándar.

P.  ¿Qué ocurrió después?

R. Tuvimos la suerte de contar como cliente con Imperial Chemical Industries (ICI). Yo era por entonces asesor de sistemas en IBM en Mannheim. Se me asignó como ayudante a Hasso Plattner, un hombre con una mente privilegiada. A ambos se nos encomendó la tarea de modificar los programas existentes para la tramitación de pedidos y la gestión de envíos. Reunimos el valor para proponer el uso de tecnología en tiempo real para todo el proceso. Hoy día es algo que se da por supuesto, pero en aquella época nadie conocía este término. Los operarios tenían la posibilidad de introducir su pedido en la pantalla en tiempo real y comprobar de inmediato si se disponía de existencias o si figuraba en el plan de producción. Plattner y yo no tardamos ni seis meses en hacer realidad este proyecto.

P. Los comienzos de SAP.

R. A raíz de ello, ICI quiso migrar todas sus aplicaciones a un método de trabajo en tiempo ­real. IBM había ignorado durante mucho tiempo la relevancia del software de aplicación, por lo que ahora se nos presentaba una gran oportunidad. Conseguimos reunir a otros tres compañeros de IBM y ya éramos cinco los que teníamos la intención de independizarnos con el fin de hacer realidad nuestro proyecto de software estándar. ICI fue el primer cliente para el que tuvimos que desarrollar un programa estándar con arreglo a sus necesidades. Seguidamente desarrollamos el programa a una escala más amplia, incluyendo contabilidad financiera y de activos, compras, almacén, auditoría y recursos humanos, integrando además el sistema precursor desarrollado para la tramitación de pedidos y la gestión de envíos. Se trataba de un programa muy ambicioso.

P.  ¿Cómo transcurrieron los primeros meses?

R. Nosotros, los cinco fundadores de SAP, y otros cinco empleados dedicamos todo nuestro esfuerzo a desarrollar el sistema ideado. Nos ubicamos en ICI, en la planta superior a la del departamento de envíos. No es que estuviéramos muy cómodos, pero para nosotros era perfecto, porque estábamos muy cerca del cliente. ICI quedó más que contenta con nuestro trabajo. Y desde el principio habíamos acordado que, una vez entregado a ICI, podríamos utilizar el sistema desarrollado para seguir perfeccionándolo con el fin de adaptarlo a otros sectores. A cambio, nos contentamos con unos honorarios relativamente modestos por parte de ICI. En el plazo de un año, logramos entregar el sistema listo para su uso. Ese fue el comienzo decisivo. También tuvimos una suerte increíble, al apostar en el momento preciso por el caballo ganador. Aun así, seguíamos sin poder llamar a aquello un modelo de negocio.

P. ¿Cuál fue la evolución tras ICI?

R. El nuevo software estándar, al que bautizamos con el nombre de System R por ser en tiempo real, comenzó a estar en boca de todos y adquirimos otros contactos. Las empresas ya no tenían que solicitar que se creara un complejo y costoso programa a medida para ellas, cuando gran parte del mismo existía de forma estandarizada. ICI nos permitió mostrar a clientes en potencia una demostración en sus instalaciones. Todos los interesados eran clientes de alto nivel, ya que solo las grandes empresas disponían por entonces de ordenadores con suficiente capacidad. Por supuesto, nosotros tampoco.

P.  ¿En serio?

R. Era un gasto que no nos podíamos permitir. Trabajábamos de noche o los fines de semana con el ordenador de ICI, cuando nadie tenía que utilizarlo. En nuestra propia oficina nos bastaba un simple lápiz para programar. La capacidad de los ordenadores, sin embargo, aumentó de forma exponencial. Y los precios de los mismos se desplomaban simultáneamente. En 1980 decidimos finalmente adquirir un ordenador. Fue un paso de gigante para nosotros.

P.  ¿Se crearon ustedes mismos el mercado de software para empresas? ¿No tenían competidores?

R. Teníamos un competidor de Wilhelmshaven (en la Baja Sajonia). Habían comenzado incluso antes que nosotros, aunque el sistema era anticuado, incluso con perforadora intercalada. Aparte de ellos, no había nadie más en Alemania. IBM, por su parte, se había concentrado en los equipos. El soft­ware era para IBM algo así como un servicio incluido para el cliente.

P.  ¿Fue consciente IBM de que nunca debería haberle dejado marcharse con su proyecto de software?

R. No es que dejáramos IBM llevándonos un sistema de soft­ware. Desarrollamos ese sistema en ICI, nuestro cliente, y lo perfeccionamos después de forma consensuada con ICI hasta convertirlo en nuestro sistema estándar. Solo nos llevamos nuestras cabezas, que sin duda eran más valiosas de lo que IBM creía. Pero también IBM se ha beneficiado considerablemente de SAP, ya que la mayoría de nuestros numerosos clientes trabajaban con ordenadores de IBM. La ampliación de sus sistemas se tradujo en un importante beneficio para IBM.

P.  ¿Cuándo comenzó la expansión fuera de Alemania?

R. En 1976 tuvimos que salir del país para atender a nuestro primer cliente en el extranjero. Esto implicaba contratar a un traductor. Fue todo un caos, ya que muchos términos técnicos eran aún desconocidos. Pero hasta ese problema conseguimos superarlo.

P. Se convirtió usted en gerente, con una plantilla de varios millares de trabajadores. ¿En qué medida cambió el papel que desempeñaba?

R. Nunca he asistido a ningún curso de gestión empresarial, ni leído ningún libro sobre este tema. Y tampoco mis compañeros. Antes de salir a Bolsa me dijeron: “Tu trabajo va a cambiar radicalmente”. No me lo creí. Pero estaban en lo cierto. Era un trabajo muy distinto. Dejé de dedicarme a la distribución y la programación. Hoy, sin embargo, estoy contento de haber tenido que aprender todo desde cero.

P.  ¿Cómo pasó de ser programador a gerente? ¿Cómo se aprende la gestión empresarial?

R. Ya había desempeñado un alto cargo en IBM durante seis años. Ahí se aprende mucho. Se descubre tanto lo que a uno le gusta como lo que no le gusta. Esa es la mejor formación. Tenía algunos superiores que solo sabían dar órdenes, pero nunca hacían algo por sí mismos. En Mann­heim, en cambio, tuve a uno que me dejó mucha libertad. Ese obtuvo mejores resultados que el que solo impartía órdenes.

P.  ¿Qué consejo puede darle a los empresarios?

R. Hay que ser humano, sea cual sea el cargo que se desempeñe. Lo peor de todo es ahogar la creatividad dentro de la empresa. Esto sucede cuando los superiores infunden miedo. Y el miedo paraliza. Hay que saber tolerar los errores. Si pones a la gente contra la pared al primer error, no vuelve a atreverse a hacer nada. Se limitan a ser fieles al lema “Quien no hace nada no comete errores”. La cuestión de la humanidad siempre me ha inquietado. A final me convertí en el Vadder (el “Padre”, en dialecto de Württemberg). Sigo llevando ese apodo hoy día y me llena de orgullo.

P.  ¿Lograba reclutar a gente competente cuando SAP aún era una empresa poco conocida?

R. Por supuesto que queríamos contratar a los mejores, y lo conseguimos, pero también necesitábamos gente que dominara la faceta práctica y que fuera capaz de trabajar en equipo con nuestros clientes.

P. Ustedes pusieron fin a la era de las tarjetas perforadas. ¿Logrará SAP integrarse también en el mundo digital 4.0? ¿Qué opinión le merece SAP en la actualidad?

R. Yo ya no soy más que un observador, aunque estoy muy bien informado. SAP ha realizado infinidad de adquisiciones inteligentes. La ventaja son los conocimientos adquiridos durante este proceso. Considero que la base de datos Hana constituye una importante contribución para SAP. Pongamos como ejemplo SAP Sports One, ya que soy aficionado al fútbol; ahí todo gira en torno al diagnóstico del rendimiento. Los jugadores se identifican y analizan a través de cámaras. Medición del rendimiento en carrera, datos… El equipo del TSG Hoffenheim [que pasó de quinta a primera división con el apoyo financiero de Hoff] es líder en este ámbito gracias a SAP. El programa es capaz de detectar si alguno de los jugadores corre el riesgo de lesionarse. Entonces se opta por cuidarlo para evitar que pueda ocurrir algo malo. Hablamos de ventajas de un valor incalculable. Y nada de ello sería posible sin Hana y sin la programación en la nube.

P. Su atención, sin embargo, se centra en la Fundación Dietmar Hopp, una de las más importantes de Alemania. ¿Cómo se le ocurrió esta idea?

R. La respuesta es sencilla: las buenas obras le hacen sentirse a uno tremendamente bien. Así puedo devolverle algo a la sociedad. La verdad es que he tenido mucha suerte. Y se necesita también si eres empresario.

sábado, mayo 26, 2018

Sodexo revela las 7 tendencias globales que definirán los espacios de trabajo del futuro



Sodexo, empresa especializada en servicios de calidad de vida, ha revelado las conclusiones de su informe 'Global Workplace Trends de 2018', el cual recopila los siete factores que más afectarán al futuro del trabajo y que demuestran cómo la Employee Experience es clave para incrementar la productividad empresarial y lograr un mayor compromiso y colaboración de los empleados.

Con la automatización cada vez más integrada en los espacios de trabajo, gracias al desarrollo de la robótica y de la inteligencia artificial, las tendencias identificadas por Sodexo en el informe 'Global Workplace Trends 2018', ponen de relieve cómo el desarrollo de la inteligencia humana guiará el impacto de la tecnología en la vida de las personas. En palabras de Sylvia Metayer, CEO, Worldwide Corporate Services segment, al comprender y anticipar estas tendencias, lo que se busca ayudar a las empresas, "de manera más efectiva", a planificar lo que está por venir, "experimentando e implementando soluciones centradas en el ser humano y basadas en la experiencia".

  • Generación Z, el nuevo reto de los RRHH

El 2017 ha sido el primer año en el que la Generación Z -también llamados 'Centennials'- se ha incorporado plenamente al mundo laboral. Se trata de la más joven hasta ahora y tiene, según Sodexo, "altas expectativas sobre la flexibilidad y el uso de las nuevas tecnologías". Además el informe insiste en que esta generación está "reconfigurando para todos la forma de trabajar en la empresa" y de ahí, la importancia de su compresión para un mayor aprovechamiento de su talento. "La integración efectiva de estos recién llegados puede ayudar a crear un entorno inclusivo que permita a los empleados, independientemente de su edad, ser lo mejor que puedan ser", destaca el estudio.

  • El Internet de las Cosas cambia el lugar de trabajo

Los entornos de trabajo que incorporan el Internet de las Cosas constituyen "una oportunidad de operar y colaborar más eficientemente", según el informe. Y es que los expertos aseguran que ayuda a "mejorar la comodidad de los espacios físicos y la flexibilidad", así como la precisión en los procesos, la eficiencia en la administración y la productividad en las oficinas.

Sin embargo, al igual que con cualquier otra nueva tecnología, el mundo del IoT plantea una serie de preocupaciones tanto para las empresas como para los empleados, desde problemas de privacidad hasta amenazas de seguridad. Por ello, las organizaciones que optan por implementar soluciones de IoT "deben hacerlo deliberada e inteligentemente, contando con la participación de los empleados", destaca Sodexo.

  • Crear entornos de trabajo emocionalmente inteligentes

La inteligencia emocional se ha convertido en una competencia fundamental para cualquier líder en una organización. El propio lugar de trabajo puede ser, tal y como destacan los expertos, "emocionalmente inteligente", permitiendo a las personas desplegar en él todo el espectro de sus emociones, y "alineando la motivación con sus necesidades más fundamentales".

  • Impulso de la economía colaborativa

Tanto los empleados como las empresas están reexaminando cómo utilizan los recursos, dando lugar a una economía de "intercambio" o "concierto", que evita la propiedad tradicional para promover la máxima eficiencia de mano de obra y materiales. En la práctica, la economía colaborativa ha significado un aumento en el trabajo independiente, así como el intercambio frecuente y temporal de recursos materiales como espacios de oficinas y equipos. "Esto representa una oportunidad sin precedentes para organizaciones e individuos por igual, desde una mayor agilidad para las empresas a un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida y la satisfacción de los empleados", destaca Sodexo.

Sin embargo, los trabajadores y las empresas que participan en la economía colaborativa se enfrentan a una serie de desafíos. "Los empleados están abiertos a la explotación, mientras que las organizaciones son vulnerables a los riesgos asociados con el intercambio de recursos", se lee en el informe. No obstante, a pesar de estos problemas, los expertos aseguran que "la economía colaborativa ha llegado para quedarse", y las organizaciones con visión de futuro están redefiniendo sus modelos comerciales para aprovechar sus múltiples beneficios.

  • Necesidad de una mayor diversidad e igualdad de género

Las compañías están examinando las barreras que están limitando el avance de las mujeres, con el fin de implementar una transformación cultural dirigida por líderes inclusivos. "Solo así podrán asegurar un entorno de trabajo sensible a las diferencias y con un equilibrio de género justo en todos los niveles de la organización", revela el estudio Global Workplace Trends 2018.

"Durante gran parte del pasado reciente, las empresas han adoptado un enfoque dirigido a mejorar la diversidad en la fuerza de trabajo, particularmente cuando se trata de abordar los desequilibrios de género en los equipos. Ahora, con una conciencia creciente sobre los desafíos que enfrentan las mujeres en el lugar de trabajo, y debido al importante valor que aporta la diversidad, el enfoque a adoptar debe ir más allá de los números y los resultados, sino a infundir un verdadero sentimiento de pertenencia e inclusión", indica Sodexo,

  • Potenciar la gestión del talento 3.0

Las empresas son cada vez más conscientes de que mejorando la experiencia de los empleados consiguen aumentar el rendimiento y los beneficios. Por eso, el enfoque de la Gestión del Talento 3.0 aglutina todas las tecnologías y soluciones disponibles (en formación, reconocimiento, bienestar, etc.) para "transformar la experiencia de trabajo en una experiencia de vida". De ahí que las soluciones de Human Capital Management (HCM) 3.0 sean claves para ofrecer !un nuevo nivel de innovación disruptiva, basada en la "arquitectura de elección" y una filosofía de experiencia integrada más compleja".

  • Incorporar a los empleados en la estrategia de responsabilidad social corporativa

Los empleados se han convertido en una pieza clave de los esfuerzos de las empresas para la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa. "Ahora es fundamental que les otorguen una voz que les permita sentirse realizados en sus preocupaciones sociales y medioambientales", detacan desde Sodexo, que además indican que "esto ayudará a construir conjuntamente un futuro mejor para todos".

En esta línea, el informe destaca que "las empresas con visión de futuro entienden la necesidad de involucrar a su fuerza de trabajo de manera inspiradora sobre asuntos globales. Los programas de responsabilidad social corporativa (RSC) son una parte importante de la ecuación, al igual que los esfuerzos para descentralizar la responsabilidad corporativa, de modo que se tejen en toda la empresa y todos los empleados tengan voz".

martes, noviembre 28, 2017

Cuando la misión es transformar la empresa desde adentro

Quienes están a cargo de las áreas de sustentabilidad intentan contagiar a todos.

El mundo corporativo se está transformando: pasó de pensar a la sustentabilidad como acciones concretas y dirigidas a concebirla desde una visión integral del impacto en el entorno y desde la relación con todos los stakeholders. Para hablar de esa evolución, los invitados fueron Florencia Salvi, gerente de Sustentabilidad de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham); Karina Stocovaz, gerenta de Sustentabilidad de Natura Latinoamérica; Constanza Gorleri, gerenta de Sustentabilidad de Banco Galicia, y Francisco Murray, director ejecutivo de Sistema B.

Salvi abrió el juego al hablar del perfil del nuevo consumidor. Dijo que hoy hay clientes que piensan más allá del bolsillo, a los que les interesa conocer qué historia hay detrás del producto que adquieren: quiénes estuvieron involucrados y qué valor social y ambiental hay en la creación de un determinado bien. La ejecutiva trabaja en una organización que destaca a las compañías que impactan positivamente en la sociedad, con la entrega del premio Ciudadanía Empresaria. "La gestión orientada a la sustentabilidad es una forma muy interesante de liderar una empresa, y a todos nos gusta saber que está bueno lo que hacemos", dijo sobre el reconocimiento.

También Stocovaz se refirió a los consumidores. Explicó que, en Natura, lo que más valoran sus clientes son los atributos de marca vinculados al cuidado del ambiente y a la promoción del desarrollo social. La gerenta de Sustentabilidad habló sobre el desafío de su rol: cambiar los patrones de consumo. ¿Cómo lograrlo? Con la desmaterialización, es decir, con el menor uso posible de envases.

Stocovaz y Gorleri se explayaron más sobre su rol. "Una vez alguien me dijo que las nuevas especies no nacen en el corazón de los biomas sino en la periferia, porque en el corazón compiten por los nutrientes con las especies ya establecidas. Desde el área de sustentabilidad tenemos el desafío de impulsar las tendencias que vemos en el mundo, porque el corazón de la compañía está operando y es muy difícil que al mismo tiempo se generen espacios para estas nuevas formas de hacer", dijo la ejecutiva de Natura.

Por su parte, la gerente de Sustentabilidad de Banco Galicia dijo que ella y sus colegas deberían ser "promotores" para que después haya una adopción de prácticas sustentables por parte de todas las áreas. ¿Por qué es importante que haya transversalidad del concepto en toda la organización? Para Gorleri, porque hay un nuevo trabajador: "Las empresas que entienden la sustentabilidad son más atractivas para el talento y tienen a su vez un factor de retención", detalló.

Murray explicó que la sustentabilidad se extenderá a más y más organizaciones a medida que entiendan que "no se trata de un dilema de «O» sino de un modelo de «Y», porque se puede ser sustentable y rentable". Y pidió dejar de hablar exclusivamente en términos de "conveniencia".

viernes, octubre 13, 2017

El deterioro ambiental y la geoingeniería: unidos o "venusificados"


Ante los desastres climáticos, hay quienes plantean la necesidad de estudiar, por ejemplo, cómo transformarla fuerza de los huracanes en energía eléctrica; una pregunta que flota: ¿puede la Tierra llegar a ser como Venus?

Entre tanta noticia trágica con los efectos de los recientes huracanes en el Caribe, la publicación satírica The Onion se tomó el tema, días atrás, con humor: "Los climatólogos dicen que la mejor esperanza para la humanidad es que los huracanes empiecen a girar en dirección opuesta y se cancelen entre ellos". El artículo citaba a una fuente ficticia de la Oficina Nacional de Meteorología de EE.UU. que sostenía: "A esta altura, creemos que la última y mejor chance de supervivencia de la especie humana es que dos megahuracanes giren en dirección opuesta, a exactamente la misma velocidad, y se cancelen entre ellos".

Los vientos de intensidad récord recientemente registrados (hubo hasta ahora, en lo que va del año, 13 gigantescas tormentas en el Atlántico, con nombre propio) pusieron de nuevo en el centro de la escena de debate al cambio climático: si bien está en discusión el hecho de que el aumento de catástrofes naturales esté relacionado con la contaminación, de lo que no hay dudas es de que las modificaciones medioambientales contribuyen de manera directa a que los efectos de estos desastres sean mucho más dramáticos, en costos materiales y en vidas humanas. La agenda de la "exponencialidad" en el avance de la ciencia y la tecnología aquí tiene algo para decir: como la velocidad de deterioro es mucho mayor que la de reemplazo gradual de combustibles fósiles, se necesitarán ideas muy originales y disruptivas para poder llegar a "tacklear" el problema a tiempo. No tan alocadas como la de la nota humorística de The Onion (los huracanes, por motivos del funcionamiento de la atmósfera, siempre giran en la misma dirección). Pero casi: esta semana el astrofísico Neil deGrasse Tyson -el presentador de la renovada serie Cosmos- sostuvo que la ciencia y la ingeniería deberían descubrir pronto cómo convertir la fuerza de los huracanes en energía eléctrica. "Creo que ésta sería una actitud mucho más constructiva que salir huyendo en auto y gritar que hay que comprar agua y papel higiénico", dijo el heredero de Carl Sagan en Cosmos.

Se estima que un tifón tropical promedio libera unos 600 terawatts de energía, una cantidad enorme, pero mucho más difícil de "domar" que otras fuentes naturales (energía solar, eólica, represas), debido al carácter móvil de los huracanes. A pesar de todo, en Japón y Miami ya hay prototipos construidos de turbinas para capturar una parte de la energía involucrada en estos fenómenos naturales.

El experto en energías renovables Alexis Caporale remarca que las noticias que vienen apareciendo este año dan cuenta de un abaratamiento y demanda de energías alternativas mucho más pronunciado que el que se había pronosticado. "En este campo no tenemos ni idea de las proyecciones y siempre la realidad supera lo que los expertos vaticinan. Pero en lo que es renovables y autos eléctricos te diría que la tendencia ya es irreversible. No porque sea fácil sino porque ya el combo «tecnología más infraestructura más decisiones macro más impacto económico» está resuelto", explica.

A pesar de los pedidos de Donald Trump para revivir la extracción de carbón, en los últimos doce meses -por primera vez en la historia- la energía solar fue la opción de mayor crecimiento en el mundo, y dos tercios de la energía agregada en el último año corresponden a fuentes alternativas, sostuvo el miércoles un reporte de la Agencia Internacional de Energía citado por The Guardian.

"Seguro van a aparecer disrupciones que nos sorprenderán (por suerte)", dice Caporale, que también es miembro del Instituto Baikal. "Las grandes incógnitas siguen siendo el almacenamiento que termine siendo ganador (hoy litio, mañana litio, pasado no sé), un posible resurgimiento de energía nuclear a baja escala, el reordenamiento de muchas industrias (y ciudades) a partir de que el transporte sea autónomo, y otras avenidas de impacto. Lo que toca ahora es hablar de deforestación vs. regeneración de ecosistemas, ganadería vs. carne sintética, penalidades a la ineficiencia energética, este tipo de cuestiones".

Entre las turbinas para huracanes de DeGrasse Tyson y la llegada de nuevas disrupciones que permitan desacelerar y revertir el proceso de degradación del medio ambiente se cuela una disciplina que parece sacada de novelas futuristas: la "geo-ingeniería", que promueve intervenciones humanas a escala enorme para influir en el clima.

El astrofísico David Grinspoon sostuvo la semana pasada que la geoingeniería podría ser el camino de salvación frente al deterioro ambiental y al efecto invernadero, por el cual se prevé que -en un escenario optimista- para fin de siglo la Tierra tendría una temperatura promedio por lo menos dos grados Celsius más elevada que la actual. Grinspoon es un experto en planetas del sistema solar, que han cambiado drásticamente sus condiciones climáticas en períodos largos, como Venus y Marte, y cree que allí hay pistas para prever las modificaciones que ocurrirán con el clima en la Tierra, más allá de los efectos del hombre. El astrofísico conversó sobre estos temas con el medio digital Futurism, que tituló a esta producción: "La «venusificación» de la Tierra: ¿El cambio climático nos terminará convirtiendo en un planeta como Venus?".

Uno de los centros de geoingeniería más renombrados a nivel académico es la Universidad de Oxford, en Inglaterra, donde hay varias líneas de investigación y propuestas que se engloban en dos categorías: tratar de que una parte de la energía solar no llegue a la Tierra (solar radiation management o SRM), colocando reflectores gigantescos en el espacio, por ejemplo; y por otro lado esfuerzos de distinto tipo para remover dióxido de carbono de la atmósfera.

¿Será la geoingeniería una de las carreras con demanda caliente en un futuro cercano? Esta semana, en Twitter, Daniel Molina (@rayovirtual) dudaba de este tipo de pronósticos y recordaba cómo en los 60 se impulsaba a seguir la carrera de "Perfoverificador": una especialidad muy requerida para las computadoras de empresas y del gobierno por entonces, que usaban los sistemas de tarjetas perforadas. La geoingeniería hoy remite más a las películas de cine catástrofe, donde hay que modificar el eje de rotación terrestre o frenar el impacto de un megameteorito. Pero tal vez pronto escuchemos más de ella, con posgrados en domesticación de huracanes, espejos espaciales y otras técnicas que hoy parecen de ciencia ficción. 

Sebastián Campanario

martes, octubre 10, 2017

Richard H. Thaler, Premio Nobel de Economía 2017

El galardón de Ciencias Económicas le ha sido otorgado por su contribución a la economía del comportamiento.

Richard H. Thaler, Premio Nobel de Economía 2017. RALF-FINN HESTOFT GETTY IMAGES

El estadounidense Richard H. Thaler, de 72 años, ha sido galardonado este lunes con el Premio Nobel de Economía, por su contribución a la economía del comportamiento, esto es, básicamente la incorporación de la psicología a las ciencias económicas. Nacido en 1945 en Nueva Jersey (EE UU), imparte clases de esta disciplina en la Universidad de Chicago.

El comité que ha otorgado el galardón explica que los economistas suelen asumir que las personas tienen buen acceso a la información, pueden procesarla sin problemas y llevan a la práctica sus decisiones buscando una ganancia personal. Sin embargo, existen muchas discrepancias entre esas teorías y lo que luego ocurre. No siempre existe un comportamiento racional. Y a veces incluso influye el sentido de la equidad. "Thaler ha contribuido a expandir y refinar el análisis económico al considerar tres rasgos que sistemáticamente influyen en las decisiones económicas: la racionalidad limitada, la percepción de justicia, y la falta de autocontrol", subraya en una nota el jurado del denominado oficialmente como Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel.

Entre los méritos que subraya el Banco de Suecia, se encuentra el desarrollo de la teoría de la contabilidad mental, que explica cómo la gente simplifica decisiones financieras. Esta sostiene que los individuos crean cuentas separadas en sus mentes y toman las decisiones según cómo afectan a esas cuentas separadas y no en el conjunto de sus finanzas. Un caso muy claro: financiar una necesidad de liquidez a corto plazo con un crédito al consumo, mucho más caro que sacar el dinero de los ahorros. O cómo los taxistas solo trabajan hasta conseguir unos ingresos determinados al día y luego se marchan a conciliar en casa. Con este patrón, los taxistas no aprovechan bien los días en los que hay más carga de trabajo: dejan de ingresar porque se han ido antes. O, por ejemplo, cómo el consumidor compra centrándose en los porcentajes que se rebajan y no en las cantidades rebajadas. Es más, parte del trabajo del nuevo premio Nobel ha tenido aplicaciones directas en el marketing.

Otra teoría muy celebrada de Thaler es el "efecto propiedad", es decir, que mucha gente tiende a valorar más lo que posee y le asigna un precio mayor que si no lo tuviese en propiedad. Esto explica que "el sentimiento negativo de una pérdida sea más fuerte que el positivo cuanto se obtiene una ganancia exactamente igual", señala el jurado. De acuerdo con estos principios, muchas veces la pérdida o la ganancia se fija según un punto de referencia, como sucede al comprar en tiendas de rebajas. También se aplica para los que acaban de ganar dinero en bolsa o en el casino, que tardan más en reconocer las pérdidas porque en su mente todavía no están en números rojos.

La investigación de Thaler también ha abordado las preferencias sociales y cómo incide en las decisiones económicas el concepto de lo que es justo. Su trabajo demuestra que "la gente no toma las decisiones solo mirando lo que es beneficioso para ellos", indica el jurado, "también están preparados para privarse de un beneficio material con tal de mantener lo que ellos perciben como una distribución justa. Están preparados para soportar un coste personal si así castigan a otros que violan las reglas básicas de lo que es justo. Y no solo cuando ellos se ven afectados, también si alguien más ha sido afectado". Además, pueden hacerlo considerando el bienestar de otro de una forma positiva, a través de la cooperación y la solidaridad, o negativa, como en la envidia o los celos.

De ahí los boycots que a veces se producen sobre ciertos productos. Entre los ejemplos que brinda Thaler, no se suele considerar justo que un vendedor de paraguas infle mucho los precios en un día de lluvia a pesar de que, según la teoría económica, simplemente está respondiendo a la ley de la oferta y la demanda. Otro asunto que analiza Thaler son los salarios: los trabajadores se resisten mucho a las rebajas nominales de los sueldos. En cambio, suelen encajar bien subidas por debajo de la inflación pese a que también conllevan un recorte del poder de compra.

El nuevo premio Nobel también ha descrito las tensiones entre lo que se planea y lo que se hace, y cómo el bienestar a largo plazo puede verse influido por las tentaciones a corto y la falta de autocontrol, algo muy evidente a la hora de fumar, comer o intentar ahorrar para la jubilación. Por ello, Thaler ha argumentado que las instituciones públicas y privadas pueden dar a los individuos pequeños empujones o estímulos hacia la dirección correcta, manteniendo siempre la libertad de elección de estos. Bajo esta óptica, conocida con el nombre de nudge theory, países como Estados Unidos y Reino Unido han establecido agencias que ayudan a reformar la administración pública en campos como el ahorro para las pensiones, las donaciones de órganos o políticas de medio ambiente. En este sentido, sus estudios implican que los planes de pensiones obligatorios aumentan mucho más las cantidades ahorradas que dejándolas meramente a la voluntad del individuo. No obstante, en ocasiones esta perspectiva ha sido tildada por los críticos de paternalista.

Junto a Robert Schiller, Thaler ha documentado la existencia de comportamientos irracionales en los mercados financieros, una volatilidad que poco tiene que ver con la teoría de los mercados eficientes. De hecho, Thaler apareció en la película La Gran Apuesta explicando cómo habían proliferado productos de deuda complejos durante la burbuja previa a la crisis. "En resumen, sus contribuciones han desarrollado un puente entre el análisis económico y el psicológico en la toma de decisiones individuales", concluye la Real Academia Sueca de las Ciencias. Tras el anuncio del premio, dotado con casi un millón de euros, Thaler ha comentado que intentará gastar el dinero "de la forma más irracionalmente posible".

El perfil del ganador del Nobel de Economía es uno de los más fáciles de adivinar: se caracteriza por ser un hombre de más de 55 años de nacionalidad estadounidense. En los últimos 20 años, tres cuartas partes de los premiados respondían a esta descripción.

En 2016, el Banco de Suecia concedió el premio a Oliver Hart y Bengt Holmström, motivado por sus aportaciones a la Teoría de los Contratos, que analiza cómo se elabora la contratación y sus efectos, sobre todo en el mundo de la empresa.

lunes, agosto 28, 2017

Los robots y el empleo: fórmulas para cerrar la grieta

El riesgo de que muchas ocupaciones laborales actuales sean reemplazadas por máquinas desafía a la política y a la sociedad; qué acciones podrían mitigar el impacto.

Foto: Vicente Martí

Dos conclusiones de una investigación reciente aportan motivos para estar preocupados y ocupados (esto último, principalmente). Se trata de las derivaciones de un tema que está en el eje de los análisis sobre el futuro de nuestra economía cotidiana. Una de esas conclusiones es que en la Argentina no hay ningún sector de la actividad en el que sea menor al 50% la proporción de puestos laborales con probabilidad de ser reemplazados por la fuerza de una máquina o la inteligencia artificial. La otra es que no existe una correlación inversa entre la posibilidad de sufrir desempleo a causa de la automatización y la edad de las personas. Esto último quiere decir que los jóvenes se siguen insertando, mayoritariamente, en ocupaciones con riesgo de reemplazo.

Tales afirmaciones, válidas para la Argentina y Uruguay, surgen de un estudio elaborado por los economistas Diego Aboal y Gonzalo Zunino, del Centro de Investigaciones Económicas (Cinve) de Uruguay, que forma parte del amplio informe titulado "Robot-lución", difundido días atrás por el Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El trabajo del Cinve se basó en el cruce de datos del informe sobre probabilidades de automatización según el tipo de puestos elaborado por Carl Frey y Michael Osborne (de la Universidad de Oxford) con los índices relevados en las encuestas oficiales de hogares de las que surgen datos de empleo y desempleo (en el caso de la Argentina, la EPH del Indec).

Lo cierto es que, según esa fuente, el 72,9% de las tareas en las que están ocupados en nuestro país los jóvenes de 15 a 30 años, podrían ser automatizadas en las próximas dos décadas (total o parcialmente), un índice más alto que el de la posibilidad de reemplazo de los puestos ocupados por quienes están más cerca del retiro que del ingreso al mundo del trabajo.

Cuando se mira el nivel educativo como variable para segmentar a la población de ocupados, resulta que de los trabajos realizados por quienes llegaron hasta el nivel primario o secundario, siete de cada diez podrían ser hechos sin personas. Entre los empleos de quienes completaron la universidad, ese nivel de probabilidad se reduce a cuatro de cada diez.

En cualquier contexto -pero principalmente en el de un país con elevados índices de pobreza, deserción escolar e informalidad laboral-, un debate que se desprende de esas proyecciones es el de cuáles serían las políticas de Estado y las acciones encaradas por diferentes agentes sociales para mitigar los efectos negativos que el nuevo escenario del mundo del trabajo podrían traer para el empleo y para la desigualdad social.

Ese debate vinculado a la visión de que gobiernos y sociedades no deberían mantenerse pasivos frente al avance de nuevas automatizaciones, incluye varias acciones y políticas posibles. Entre ellas, la generación de un ecosistema empresarial que promueva la innovación; la promoción de los sectores que sigan siendo mano de obra intensiva; la reorientación de los planes educativos; la revisión de las políticas de empleo; el pago de un ingreso básico universal, y la fijación de un "impuesto al robot".

El desafío presenta varios factores a tomar en cuenta, como el desconocimiento respecto de cómo y cuándo ocurrirán los mayores cambios y de cuál será su magnitud real más allá de las proyecciones. "El plazo que demande la transformación del mercado laboral puede variar significativamente dependiendo del costo de la tecnología y de la mano de obra y de la disponibilidad de recursos humanos adaptados a las condiciones", dice el informe del Cinve.

Lograr la adaptación de las personas que hoy están en empleos expuestos sería, en todo caso, haber ganado una carrera para hacer valer con más fuerza los efectos positivos de los cambios tecnológicos. "Habrá mayor productividad, más riqueza y productos que todavía no tenemos" y que mejorarían la calidad de vida, describió hace unos días el economista Eduardo Levy Yeyati, en una conferencia sobre robotización organizada por la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT). Un gran desafío, puntualizó, es el "desplazamiento" de trabajadores de unas actividades a otras, algo que podría traer sus conflictos, porque la adaptabilidad no es en muchos casos una tarea fácil.

Levy Yeyati también apuntó que la sustitución tecnológica puede generar que las máquinas estén en pocas manos, lo cual traería efectos sobre la equidad y, a la vez, sobre la propia actividad económica, porque si se concentra la riqueza y no se hace nada al respecto, al afectarse los ingresos quedaría perjudicado el consumo.

Guiados quizá por lo que podría significar ese riesgo, no pocos recomiendan la generación de un ecosistema empresarial favorable al emprededorismo y a la innovación. Es un concepto sobre el que expuso, por ejemplo, el presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim en un seminario que la institución realizó días atrás en Buenos Aires, durante la visita del funcionario a nuestro país.

"El gobierno y las instituciones públicas son quienes posibilitan el ecosistema que motoriza la innovación, ya sea directamente, con subsidios, o proporcionando recursos públicos que la facilitan: educación, infraestructura y marco legal", señala el investigador de la Universidad de Harvard Dani Rodrik, un conocedor de las economías de América latina, en una entrevista incluida en el citado informe del Intal. Según Rodrik, es necesario pasar de un "Estado de bienestar" (en referencia a destinar políticas y recursos públicos a proteger a la población) a un "Estado de innovación", que "se centraría en transformar a toda la nación, incluidos los trabajadores, en participantes directos del proceso de innovación tecnológica".

El riesgo existente es el de una concentración que termine en más desigualdad. Desde su rol en la función pública, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, advirtió -al disertar en la conferencia de la UTDT- que hay empresas del sector tecnológico que toman todo el mercado cuando desarrollan un nuevo producto en el que no hay espacio de competencia. "De ahí, la importancia de la regulación del Estado para la orientación de los fines y para ver de qué manera generar una distribución más justa", afirmó.

"Las brechas pueden aumentar entre personas y entre empresas", dice el economista Pablo Dragún, coordinador del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina, quien observa que por lo general se habla de la "sustitución" de empleos, cuando debería pensarse más en la "complementariedad". Porque se entiende que las nuevas máquinas requieren de personas para diseñarlas, mantenerlas y repararlas, además de que habrá continuidad para muchas ocupaciones y de que aparecerán otras nuevas. "Habrá empleos que todavía no conocemos; un puesto de community manager, por ejemplo, no existía hace 10 años", dice Dragún.

Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) combina algo de optimismo con algo de cautela. Señala que "si bien los cambios tecnológicos llevaron a la creación de nuevos puestos de trabajo, [esos cambios] parten generalmente de que hay ganancias derivadas de ahorro de mano de obra, y la mejora de la eficiencia tecnológica muchas veces ha sido más rápida que la creación de puestos para los trabajadores desplazados".

La OIT, que el lunes 21 anunció la integración de una Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, reconoce la existencia de tensiones en las empresas para ganar competitividad y, a la vez describe factores que permiten el optimismo, como las expectativas de complementariedad. En este punto, ejemplifica con el hecho de que los cajeros automáticos promovieron la apertura de más sucursales bancarias y la innovación, que derivó en nuevos servicios y productos. Además, se afirma que una eventual caída de las horas de trabajo podría abrir oportunidades en sectores como los de servicios para el tiempo de ocio.

Dónde poner el foco

El turismo es una de las actividades donde se considera que podría seguir prevaleciendo la tarea humana por sobre la robótica. Promover a sectores con capacidad de retener y convocar a trabajadores es una segunda línea de acción propuesta.

En la opinión de Levy Yeyati, sectores como el turismo o los vinculados al cuidado de las personas están más protegidos de la probable sustitución. Por eso, sostiene que hay que promover con políticas productivas esas y otras actividades y, a la vez, sumar acciones referidas a medidas laborales y de ingresos. Pero ninguno de esos tres tipos de políticas, dice, garantizan por sí mismos la mitigación del impacto de la automatización. ¿El consejo? Intentar todo, teniendo como norte el logro de mayor productividad y, a la vez, de mayor bienestar para las familias.

¿Qué tareas seguirían siendo exclusividad de los humanos? Nadie da una respuesta garantizada. Pero una guía ofrecida por los estudiosos del tema invita a mirar qué "habilidades" se ponen en juego en cada actividad. Ahora que las máquinas pueden lidiar con varios aspectos cognitivos (y no sólo con cuestiones manuales o de fuerza física), el eje está puesto en las habilidades socioemocionales. Todo lo que implique el manejo de grupos de personas, el cuidado y las relaciones interpersonales estaría menos expuesto.

"En América latina no estamos preparados como deberíamos", plantea sobre el desarrollo de ese tipo de habilidades Lucila Berniell, economista principal del CAF (Banco de Desarrollo para América latina), que expuso en una jornada sobre "Trabajo decente, igualdad e inclusión", organizada por la AMIA y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales de la Presidencia de la Nación.

Orientar el sistema educativo formal y las diferentes instancias de formación hacia el nuevo escenario es otro de los desafíos para la política y para actores centrales de la economía, como empresas y sindicatos.

Desde el Ministerio de Educación y ante una consulta de LA NACION, respondieron que hay tres áreas con políticas referidas al impacto de la robótica. Una es la Dirección Nacional de Innovación Educativa, que lleva adelante, por ejemplo, el proyecto Escuelas del Futuro, "que prevé la incorporación de tecnología educativa junto con un plan pedagógico innovador en 3000 establecimientos". Para Leandro Goroyesky, director del oficial Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET), los conocimientos "imprescindibles" para los jóvenes son los ligados a "la robótica, la programación, el diseño y la fabricación digital (impresión 3D)".

El dato hoy real es que los jóvenes son quienes más sufren el desempleo: el índice entre quienes tienen hasta 29 años se acerca al 20% y más que duplica el porcentaje general de personas que buscan trabajo y no encuentran.

Para dar una respuesta integral al desafío por delante, el rediseño de políticas laborales también deberá tener su espacio. "¿Se quiere empleo o se quiere trabajo para todos? -plantea Pedro Furtado de Oliveira, director de la oficina de la OIT en la Argentina-. Nosotros hablamos del futuro del trabajo más que del empleo, porque se vienen nuevos paradigmas". Se refiere, por caso, a modelos de relaciones como los que aparecen con la "uberización" de segmentos de la economía. Esos esquemas plantean la necesidad creciente de dar respuesta a aspectos pendientes, como la protección de derechos sociales.

Una cuestión vinculada a las políticas laborales que trajo debate en algunos países es la reducción de la jornada, como modo de promover que más personas tengan tareas. No es un tema nuevo, al menos en las visiones teóricas: en 1930, John Maynard Keynes vaticinó que 100 años después la caída en la carga laboral para las personas llevaría a jornadas laborales de 15 horas semanales, una visión que parece lejos de corroborarse.

De esa posibilidad de "repartir" el trabajo se derivó otro debate: el de disponer un ingreso básico universal para todas las personas, sin importar su condición social o laboral. ¿Las ventajas? No estigmatizaría a nadie, no inhibiría las búsquedas laborales y daría mayor libertad en tal misión. "Una pregunta clave es cómo se financiaría. Si pensamos en países como la Argentina, con una inversión social elevada por parte del Estado y con un déficit fiscal pesado, la pregunta es crucial", dice Cristina Calvo, economista de la UBA.

En países avanzados como Finlandia se hacen hoy por hoy pruebas piloto, y no faltan cuestionamientos.

Por ahora, el tema parece interpelar más al mundo desarrollado, como también la propuesta del "impuesto al robot", defendida por el multimillonario Bill Gates, entre otros.

Los argumentos en defensa de esa imposición es que llevaría a retrasar la sustitución de empleos (dando tiempo a la preparación de trabajadores) y que ayudaría a financiar la renta universal donde se decida tenerla. Se afectaría así la instalación de tecnologías para priorizar factores de bienestar, una apuesta arriesgada en un mundo globalizado.

Los efectos de esas y de otras políticas están por verse. Mientras tanto, el reconocimiento del desafío por delante es una base imprescindible para evitar impactos no deseados sin haber intentado nada. Y la orientación de las acciones podría sintetizarse en el decir de Berniell: "Deberíamos preocuparnos más por las personas que por las máquinas".

Tres áreas, tres proyecciones

Las probabilidades de sustitución de empleo y de creación de nuevas fuentes, 
según la actividad:

La industria

Foto: Archivo

De un análisis sector por sector realizado por el instituto de investigaciones Cinve, de Uruguay, surge que siete de cada diez tareas hechas por trabajadores fabriles actuales tienen probabilidad de ser reemplazadas por la automatización en las próximas dos décadas, tanto en ese país como en la Argentina. Por ramas, el comportamiento puede variar.

Los servicios


El sector es lo suficientemente amplio como para que se observen diferentes situaciones de probabilidad de reemplazo de empleos. Se afirma que las actividades vinculadas a habilidades blandas, como la empatía y el relacionamiento entre seres humanos, serían las menos expuestas al cambio. El cuidado de personas enfermas o mayores es uno de los sectores con más baja exposición.

Energías renovables y bienes y servicios innovadores


Entre las áreas en las que podrían surgir empleos, se apunta a dos fenómenos sociales: el envejecimiento poblacional (por ocupaciones vinculadas al cuidado de personas) y la mayor conciencia ecológica. Los empleos verdes serían uno de los espacios hacia donde se desplazarían las oportunidades laborales, con actividades vinculadas al reciclaje y a las energías de fuentes renovables.