Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

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domingo, diciembre 11, 2022

Mi dupla creativa es un robot: cuando las buenas ideas surgen del cruce entre humanos y algoritmos

La denominada “economía de la pasión”, de la que tanto se habló en el final de la pandemia, termina 2022 con paños más fríos. 

ChatGTP, es un bot creado por OpenAI que interactúa con humanos y escribe historias; usa inteligencia artificial, como las plataformas que crean imágenes, pero con funciones de texto. Responde preguntas, cuenta chistes y hasta puede crear cuentos interactivos. Shutterstock – Shutterstock.

La historia de la publicidad argentina está llena de duplas creativas que se volvieron marcas en sí mismas: Agulla y Baccetti, Vega Olmos y Ponce, Anselmo y Wilhelm y muchas más. Fue siempre un formato habitual para complementarse, intercambiar y mejorar las ideas que iban surgiendo para las distintas campañas.

En el caso de Horacio “Chacho” Puebla, uno de los mejores creativos argentinos en la actualidad, su “dupla” tiene una particularidad: no es humana. Desde hace meses que “pinponea” y va tallando ideas con distintos programas y aplicaciones de inteligencia artificial (IA). “Me lo recomendó un amigo. Acá [en Madrid, donde vive] estábamos encerrados por una cuarentena muy estricta y me volví loco con las posibilidades que se abrían”, relata.

Junto con su mujer, la artista Pilar Franco Borrell, comenzaron a experimentar con varias aplicaciones, como Midjourney, que permite transformar en imágenes conceptos escritos. En uno de sus proyectos se imaginaron las fotos que se toman para fichar en las comisarías o cárceles a los delincuentes, pero con personas inverosímiles, como la Madre Teresa de Calcuta, el Papa, Messi, Maradona, Donald Trump o el Dalai Lama. El resultado fue inmediato e hiperrealista.

Luego, Puebla, que fue monaguillo en su infancia en Mendoza, se propuso hacer sonreír a las estatuas del catolicismo, que tradicionalmente tienen un gesto serio o sufriente. “Sonrisas para todos los que llevan siglos esperándolas. No soy escultor y la impresión 3D es muy cara, pero las novedades de inteligencia artificial de los últimos meses me permitieron generar esas imágenes con facilidad”, cuenta a LA NACION, mientras muestra una colección de fotos de santos sonriendo de oreja a oreja.

“Para mí y para mi mujer, estas aplicaciones son lo más parecido a tener un robot en la nave espacial que nos diga todo, como sucede en las películas de ciencia ficción. Poner inmediatamente en imágenes lo que se me ocurre es un recurso muy poderoso, lo más parecido a un superpoder. Yo todavía estoy anonadado”, dice Puebla, que en la actualidad lidera en Europa su agencia, Felicidad, y ganó más de 300 premios internacionales, entre ellos varios leones en el Festival de Cannes.

“Para mí y para mi mujer, estas aplicaciones son lo más parecido a tener un robot en la nave espacial que nos diga todo, como sucede en las películas de ciencia ficción. Poner inmediatamente en imágenes lo que se me ocurre es un recurso muy poderoso, lo más parecido a un superpoder. Yo todavía estoy anonadado”, dice Puebla, que en la actualidad lidera en Europa su agencia, Felicidad, y ganó más de 300 premios internacionales, entre ellos varios leones en el Festival de Cannes.

Midjourney no es el único programa que usa. También apela a Open IA, para texto, y Copy IA, para generar material para la Web, y con estos programas pelotea ideas. “No te tiran nada que sea un diez, pero sí un cinco o un seis, que con algunas iteraciones podés llevar a un siete u ocho. Y vas a lugares donde nunca hubieras ido”, explica.

“Una nueva generación de herramientas de inteligencia artificial irrumpió con todo este año. Ayudan a escribir mejor, a programar más rápido y a generar imágenes únicas a gran escala”, escribió tres semanas atrás en un ensayo Anne-Laure Le Cunff, emprendedora, fundadora de Ness Labs, exGoogle y experta en pensamiento creativo y metacognición. Su texto se tituló IA y Yo: la era de la creatividad artificial, en un juego de palabras en inglés con “AI and I”.

Campo fértil

El mapa de nuevas aplicaciones surgidas este año tiene más de 200 actores, con algunas startups que ya valen más de US$1000 millones. Hay iniciativas que tienen que ver con ampliar la creatividad lingüística, con herramientas como Lex, Rytr y Jasper, que se fundó en 2021 y recientemente anunció una ronda de inversión por US$125 millones, que llevó su valuación a US$1500 millones. En esta misma área, los asistentes virtuales en programación, como Ghostwriter y Copilot (de GitHub), vienen evolucionando extremadamente rápido. “Muy pronto tipear todo manualmente va a parecer algo muy ineficiente y del pasado”, explica Le Cunff.

La mayor cobertura mediática en los últimos meses la vienen teniendo los proyectos de “texto a imagen”, como Dall-E, Midjourney (que usa Puebla) o tantos otros (Deep Dream Generator y Stability AI). El paso siguiente ya fue mostrado por el CEO de Google, Sundar Pichai, semanas atrás, cuando exhibió un video de alta calidad generado de manera completamente artificial a partir de textos como inputs.

La palabra de moda es, sin duda, la de IA “generativa”. “Básicamente es la IA que intenta generar contenido nuevo (imágenes, texto, audio) a partir de una descripción”, cuenta Alejandro Repetto, tecnólogo y experto en diseño de futuros, quien añade: “Tiene dos patas grandes: una de procesamiento de lenguaje natural, para poder procesar la información que le das. Y, luego, enormes sets de datos de imágenes, videos, etcétera, donde reconstruye a partir de las palabras y el sentido que interpretó”.

El panorama se completa con asistentes algorítmicos para investigación científica, escribir y hasta generar música. Endel ofrece armar un entorno musical personalizado para relajarse, meditar, focalizar y dormir mejor, per ejemplo.

Expectativas para 2023

¿Dónde está puesta la gran expectativa de fin de año y 2023? Sin duda en el lanzamiento de GPT-4, un “súper modelo” de lenguaje natural que, según especulaciones, debería desplegarse antes de febrero. La versión actual, GPT3, se anunció en mayo de 2020 y fue más de 150 veces más poderosa que la versión anterior, GPT2. El CEO de Open AI, la organización que la desarrolla, Sam Altman, viene tirando pistas a cuentagotas por Twitter y hay programadores a los que desde mitad de año se les dieron versiones beta de GPT4 para probar bajo compromiso de confidencialidad. Pero algunos datos se filtraron, como la alternativa de que sea un modelo “multimodal” (que acepte además de texto, audio, imágenes y hasta videos como inputs).

¿Qué pasará con las profesiones creativas a partir de esta avalancha de novedades? Aquí hay un enorme debate entre quienes ven un futuro distópico por la desaparición de ventajas humanas (es probable que en 2023 empecemos a ver “buenos libros” surgidos de manera 100% artificial, por ejemplo) y los más optimistas, que ven una mejora en el proceso y en el resultado, como les ocurrió en el último año a Puebla y a su mujer.

Sea como sea, la denominada “economía de la pasión” de la que tanto se habló en el final de la pandemia (el empoderamiento de los artistas gracias a nuevas tecnologías, Web3 y desaparición de intermediarios), termina 2022 con paños más fríos, porque muchas de sus predicciones, como por ejemplo el gran surgimiento de una “clase media creativa”, aún no se están cumpliendo.

La herramienta WeTransfer publicó días atrás su “Reporte de Ideas 2022″, para el cual se encuestó a miles de creativos de 180 países: la mayoría tiene problemas para monetizar, un 60% sienten incertidumbre de ser reemplazados por nuevas tecnologías y se mueven en un contexto se subvaloración, bajos ingresos y burn out por tener que estar disponibles a toda hora.

Sebastián Campanario


domingo, diciembre 04, 2022

Para EE.UU., la cuestión es reducir a China, no apostar a sí mismo

Estados Unidos bloquea la tecnología de punta a China. Esto impide el total desarrollo del 5G y la profundización de la Cuarta Revolución Industrial en la República Popular.

El golpe infligido a China por EE.UU. en el desarrollo de su industria de alta tecnología basada en la digitalización completa de sus líneas de producción es enorme. A partir de la decisión del presidente Joe Biden y el Congreso de Washington de prohibir en agosto pasado las exportaciones de “chips” (semiconductores) de alta gama, así como de los bienes de capital capaces de fabricarlos, es evidente que la República Popular ha experimentado un retroceso significativo en el despliegue de la Internet 5-G, así como de “la nube” o “cloud computing”, y en el dominio de la tecnología decisiva de la Cuarta Revolución Industrial (CRI) que es la Inteligencia artificial.

Esto le ha sucedido a la segunda economía del mundo (US$18.6 billones/19% del PBI global), y la única capaz de competir con EE.UU por el dominio de las tecnologías de avanzada de la 4ta revolución industrial.

La cuestión está centrada en los “chips” ubicados entre los nanómetros (nm) 3 y 14 del proceso tecnológico, dónde la franja absolutamente decisiva del cambio tecnológico es la de los segmentos 3, 4, 5 y 7.

En este punto se encuentra, centrado en el mundo de la nanotecnología que utiliza un lenguaje infinitesimal, el núcleo del conflicto geopolítico central que enfrenta hoy a EE.UU con la República Popular.

Cada nanómetro equivale a 1/10.000ava parte del diámetro de un cabello humano, y se utiliza para medir la distancia existente entre los transistores individuales de un “chip” de alta tecnología, lo que significa que mientras menor sea la distancia que separa a estos bienes, más unidades y de mayor potencia será posible colocar en cada semiconductor o “chip” individual, todos ellos constituidos originariamente de una arena de naturaleza particular. En definitiva, la ecuación más avanzada de la tecnología del siglo XXI se reduce a uno de los objetos más elementales de la naturaleza.

“El poder es el control de la energía”, dice Ernest Jünger; y la energía fundamental de la época es la que se transmite a través de un tipo de arena particular, cuya potencia se mide en el lenguaje de la nanotecnología, de características infinitesimales: el poder se ha miniaturizado.

Sólo Corea del Sur y Taiwan producen hoy “chips” de menos de 6 nanómetros; y entre los 2 disponen de más de la mitad del mercado mundial de semiconductores, lo que implica que hoy tanto China como EE.UU .son ajenas al núcleo del poder en el mundo en su fase de producción.

Pero ocurre que EE.UU. domina todos los accesos a esta franja decisiva: el diseño, la investigación, y el testeo o experimentación.

Hay que agregar a esto que la superpotencia norteamericana tiene un virtual monopolio de la fabricación de bienes de capital de este núcleo decisivo de los “chips”.

El dominio de los equipos industriales o bienes de capital es lo que le otorga a EE.UU. la supremacía sobre China; y en este punto crucial el retraso de la República Popular frente a EE.UU. es de 10 a 15 años, un periodo muy prolongado en la época de la instantaneidad.

Lo asombroso es que en estas condiciones EE.UU. haya optado en esta contienda estratégica central de la época por priorizar el debilitamiento de China antes que apostar al pleno despliegue de sus fuerzas propias, a diferencia de lo que hizo en la Segunda Guerra Mundial, o en el transcurso de la Guerra Fría.

El arma fundamental de EE.UU. para adquirir su supremacía en el mundo ha sido la superior productividad de su economía y de su sociedad, lo que ha ocurrido en los últimos 200 años de la acumulación capitalista mundial.

Esta superior competitividad estadounidense ha surgido siempre de una combinación entre los “animal spirits” (la pasión por invertir e innovar) como rasgo esencial de la civilización estadounidense, expresión acabada del “Nuevo Mundo”, sumada a una educación de avanzada y masiva, y a una infraestructura de punta, ante todo una superior conectividad, desde el Canal de Erie a Internet.

Pero ahora la fobia anti-China se ha convertido en uno de los escasos – prácticamente el único – elemento de consenso nacional existente hoy en EE.UU.

Este es el momento de mayor ruptura y fragmentación, inclusive cultural, de la historia norteamericana desde la Guerra Civil de 1861/1865, en la que más de 500.000 norteamericanos del Norte y el Sur murieron combatiendo en el frente de batalla.

Si EE.UU. otorgará prioridad absoluta al despliegue de todo el potencial de su extraordinario genio creador, volvería a ser imbatible, como lo ha reconocido en forma reiterada la República Popular.

En esta opción se vería favorecido por el hecho de que China no pretende “vencer” o “dominar” a la primera superpotencia mundial, porque, a diferencia de lo que sucede hoy en EE.UU., su objetivo es volver a ser lo que ha sido a lo largo de sus 5.000 años de historia, el “Imperio del Medio”, sólo que ahora del siglo XXI.

El dato estratégico central de la época es que China cree en sí misma y actúa en consecuencia, mientras que EE.UU. no hace ni una cosa ni la otra.

En estos términos se plantea la disputa estratégica central entre las superpotencias del siglo XXI. No hay ningún otro aspecto en discusión.

Jorge Castro. Analista Internacional

jueves, noviembre 10, 2022

Navegando por el Nuevo Mundo del Trabajo

Rachel Eva Lim en INSEAD Knowledge del pasado 1 de noviembre plantea que las organizaciones en necesitan centrarse construir un entorno inclusivo y una cultura de confianza para superar los retos del trabajo híbrido o en remoto. Al irse superando la pandemia el trabajo completamente en remoto se va a ir convirtiendo en algo del pasado.  Al ir abandonando las normas impuestas por la pandemia surgen una serie de preguntas sobre cómo será el trabajo en el futuro. Entre ellas:

a).- ¿Una posible recesión inminente puede forzar a los empleados a volver al trabajo de presencia física exclusivamente?

b).- ¿Daña trabajar desde casa la productividad individual y organizacional?

c).- ¿Cómo cambiarán las relaciones entre empleadores y empleados al ir hacia una nueva era en relación a cuándo y dónde se realiza el trabajo?

Henrik Bresman y MarkMortensen han encuestado a cientos de directivos en América, Europa, Asia y Oriente Medio para conocer las opiniones de éstos y han encontrado que la mayoría se sienten relativamente optimistas por el efecto del trabajo en remoto sobre el equilibrio en la vida personal – laboral. Pero existen diferencias de opiniones en relación con su impacto sobre la productividad, estando más preocupados los líderes americanos y asiáticos por el posible efecto negativo del trabajo desde casa. En los directivos asiáticos este temor se traduce en una mayor motivación para que los empleados vuelvan a sus oficinas, lo cual no ocurre en el caso de los americanos.

Mortensen destaca que las palabras trabajo híbrido no describen bien a los trabajadores que dividen su tiempo entre su domicilio y la oficina. Las personas interpretan que es algo puramente físico, pero existen diversos factores en juego. La localización física es uno, pero también lo es la temporalidad: ¿Cuántas horas de trabajo?, ¿En qué horas? O ¿Existe autonomía para decidir qué horas trabajar? o los tipos de contratos de trabajo.

El trabajo híbrido y en remoto ha introducido una serie de cambios como la menor definición entre los límites personales y profesionales. Cosas que se podían guardar en casa ahora tienen que ser tenidas en consideración.

En relación con la productividad hay que tener en cuenta que los factores pueden influir de forma diferente en la individual y colectiva, como por ejemplo en el caso de que un empleado puede ser cinco veces más productivo en sus tareas individuales en su domicilio, pero puede tener un efecto negativo sobre sus compañeros por no poder dialogar con o aprender de él en la oficina.

Mortensen plantea, también, que pueden surgir otros aspectos relacionados con la confianza organizacional cuando los directivos y los empleados no trabajan en el mismo espacio físico, por lo que se deben centrar en construir una cultura de confianza y responsabilidad mutua, más que en desarrollar tecnologías de monitorización de los empleados. Bresman, por su parte, opina que la vigilancia a distancia no solo conduce al cinismo, sino que hay profesionales que la agradecen porque están trabajando duro y quieren que se sepa.

No se debe creer que el trabajo en remoto es preferible para cierto tipo de personalidades como los introvertidos ya que puede que encuentren complicado tener que asistir a reuniones virtuales en las que tienen que prestar atención a los rostros de todos los participantes al mismo tiempo en lugar de las conversaciones persona a persona presenciales.

Los problemas derivados del lugar de trabajo pueden solucionarse, por ejemplo, rotando el momento de las reuniones cuando los equipos trabajan en zonas con distintos horarios, teniendo en cuenta que las reuniones o llamadas a altas horas de la noche tienen implicaciones distintas si se trabaja desde la oficina o desde el domicilio. Es importante, pues, que los directivos sintonicen con las necesidades especiales de los miembros de sus equipos.

Bresman opina, también, que las organizaciones al continuar trabajando en híbrido necesitarán esmerar sus esfuerzos para proteger el bienestar de sus empleados y para crear un clima que permita tomar riesgos interpersonales, ofrecer espacio para mantener conversaciones sinceras y vulnerables y facilitar un entorno psicológicamente seguro. Los directivos deben ser un ejemplo de estos comportamientos y mantenerse vigilantes para detectar infracciones, por ejemplo, dedicando tiempo a ver quién está comprometido y quién no lo está, quién está sentado sin estar conectado y quién abandona una reunión, y hablar con los interesados.

Isabel Carrasco


martes, noviembre 01, 2022

El desafío de innovar para competir y atraer los mejores talentos

La investigación es clave para las empresas. En el país, la inversión sube y el Estado hace el mayor esfuerzo. Charla a fondo con expertos y ejecutivos.

Del dicho al hecho, no hay un largo trecho. En muchos casos hay un abismo. Para las empresas, la inversión en investigación es clave para marcar diferencias con sus competidores, bajar los costos y atraer talento. Pero en la Argentina, “solo 20% de los ejecutivos cree que su empresa hoy tiene el tipo de cultura que se necesita para la innovación”, señala un informe reciente de Accenture.

En el Ranking Mundial de Innovación 2022 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la Argentina ocupa el puesto 69 entre 132 naciones. Suiza, Estados Unidos y Suecia son los países que más invierten en investigación aplicada, tanto a nivel público como privado. “La investigación de vanguardia”, precisamente, fue el eje de la charla organizada por Clarín, que fue conducida por los editores de Economía de este diario Daniel Fernández Canedo y Luis Ceriotto.

El debate forma parte de “El mundo que viene”, un ciclo que cuenta con el apoyo principal de OSDE, Telecom y DESA, además del sponsoreo de AFARTE y el apoyo Massalin Particulares. En esta ocasión participaron Andrea Costantini, head de Relacionamiento Científico de Philip Morris International; Ana Vainman, directora Ejecutiva de AFARTE; Pablo Vic, fundador y CEO de Tlon Space; y el periodista Lalo Zanoni.

El área de investigación (I+D) es vital para los grandes colosos de la alta tecnología, como Amazon, Google y Microsoft. “Philip Morris lleva invertidos US$9.000 millones para desarrollar alternativas libres de humo y dejar de vender cigarrillos lo antes posible”, dijo Costantini.

La tabacalera destina el 99% de su inversión en la mejora de los llamados calentadores de tabaco, que son menos nocivos para la salud. Se estima que en el mundo hay 1.000 millones de fumadores, de los cuales 7 millones son argentinos. “Con el tabaco calentado se elimina el 95% de las sustancias tóxicas”, subrayó.

La innovación implica mejoras en los procesos productivos pero también nuevos desarrollos cuyo objetivo es crear nuevas patentes. Eso es algo que las tecnológicas llevan en su ADN, ya que un nuevo desarrollo podría representar el liderazgo o la supervivencia en uno de los negocios más dinámicos y competitivos.

Vic comenta que la industria aeroespacial “es un sector que viene desarrollándose en todo el mundo”, sobre todo en el negocio de los nanosatélites. “Como son de bajo costo, una empresa puede construir su propia constelación de nanosatélites para armar redes de comunicaciones privadas. Este es un cambio muy grande y la Argentina tiene que ser parte de esto”, señaló el emprendedor.

El citado ranking de la OMPI señala que, a nivel global, el sector privado no dejó de invertir a pesar de la pandemia. Las áreas de innovación de las empresas incrementaron sus desembolsos un 10% durante el año 2021, lo que representa un alza de 3,3% respecto de 2020. En ese mismo informe señala que los sectores con más inversión son los vinculados al hardware y equipos eléctricos de TIC, los servicios de software, los productos farmacéuticos y la biotecnología; y también a la construcción y la generación de metales industriales.

Según el Banco Mundial, la inversión en investigación y desarrollo alcanzó en 2020 el 2,63% del PBI del mundo. En la Argentina representa apenas el 0,53% y más de dos terceras partes son recursos públicos. Los países que lideran son Israel (5,44%), Corea del Sur (4,81%), Estados Unidos (3,45%), Japón (3,26%) y Alemania (3,14%).

Zanoni destaca la importancia del aporte del Estado para favorecer la investigación científica y tecnológica. “Como hizo Israel, tiene que crear las condiciones para que los privados puedan invertir”, explica. “La Argentina tiene talento, tierras, recursos naturales, tenemos capacidad de adaptación y de innovación. El tema es que todo eso hay que organizarlo desde la política”, enumeró.

La OMPI identificó dos futuras olas de inversión que serán tendencia entre las empresas. En primer lugar, pronosticaron mayores desembolsos en profundizar el desarrollo de la era digital y la supercomputación. Pero también advirtieron sobre la tendencia a invertir en las ciencias profundas y duras, es decir, la biotecnología, la nanotecnología y el desarrollo de nuevos materiales.

Hay datos auspiciosos: la Encuesta sobre Investigación y Desarrollo (ESID) del sector empresario argentino, elaborada por la Dirección Nacional de Información Científica del MINCyT, en la Argentina la inversión en investigación y desarrollo está creciendo. Entre 2016 y 2020 los desembolsos en ese rubro aumentaron un 75%.

“Todas las empresas destinan parte de sus ingresos a investigación y desarrollo para mejorar los productos y también los procesos productivos, para optimizarlos, para capacitar al personal. Eso se traduce en beneficios, como reducir el consumo energético. Antes, los acondicionadores de aire tenían una graduación alta y ahora casi todos son de bajo consumo”, ejemplificó Vainman.

En proporción, los expertos destacan la vocación emprendedora de los argentinos y su capacidad innovadora. Argumentan que en el país surgieron hasta el momento 12 unicornios, tal como se conocen a las empresas que logran superar una valuación de US$1.000 millones. Las más conocidas son Mercado Libre, Globant, Despegar y OLX. El año pasado 6 startups ingresaron a ese exclusivo club, entre ellas Ualá y Tiendanube.

“La vedette de la industria aeroespacial son las comunicaciones. Los costos de esos servicios bajaron”, dice Vic, en alusión a los microsatélites que pesan apenas 1 kilo y se ponen en órbita para ofrecer datos para la siembra de precisión, por ejemplo.

Fuente: diariolarepublica.ar/


lunes, octubre 17, 2022

Con el Nobel de Física y otros premios millonarios, la economía cuántica toma un nuevo envión

John Clauser, Alain Aspect y Anton Zeilinger, los tres ganadores del Premio Nobel de Física de este año. Archivo.

El 2022 venía tranquilo para las tecnologías cuánticas, con algunas novedades pero ninguna con la estridencia de la noticia de la “supremacía” o ventaja cuántica lograda en años anteriores, primero por Google y luego por un laboratorio chino: el momento en el que una computadora de este tipo pudo resolver un problema que todos los ordenadores tradicionales del mundo sumados hubieran tardado decenas de miles de años en resolver.

Con enormes desafíos ingenieriles por delante (algunas empresas de este rubro están prometiendo resultados prácticos recién para 2030 o 2035), la economía cuántica para muchos medios e inversores había salido momentáneamente del radar en los últimos meses. Pero todo cambió días atrás.

El martes 4 de este mes la Academia de Ciencias Sueca dio el Premio Nobel de Física a tres investigadores del campo de la mecánica cuántica: el francés Alian Aspect, el estadounidense John Clauser y el austríaco Anton Zeilinger. Según el comunicado oficial, lo obtuvieron “por sus experimentos con fotones entrelazados, al establecer la violación de las desigualdades de Bell y ser pioneros en la ciencia de la información cuántica”.

Un factor clave en el desarrollo de la mecánica cuántica es que permite que dos o más partículas existan en lo que se llama un estado entrelazado: lo que le sucede a una de ellas determina lo que le sucede a la otra, incluso si están muy alejadas. El austríaco Zeilinger comenzó a usar estados cuánticos entrelazados, y entre otras cosas demostró el fenómeno de teleportación cuántica, que hace posible mover un estado cuántico de una partícula a otra a distancia. Esto es fundamental para las nuevas comunicaciones, destacó la Academia Sueca.

Pero este no fue el único “premio-motor propulsor” que logró este tema en las últimas semanas. Días antes del Nobel, que otorga US$900.000 a los ganadores, se conocieron los galardones Breakthrough, que establecieron multimillonarios como el dueño de Meta, Mark Zuckerberg. Este premio le da tres millones de dólares a cada científico, y este año se lo llevaron tres “titanes” de los estudios sobre cuántica teórica y aplicada: David Deustch, Peter Shor y Charles Bennet.

“Shor, del MIT, en particular se hizo muy famoso porque logró armar el primer algoritmo cuántico que rompe muy rápido con la encriptación tradicional”, cuenta a la nacion el físico argentino basado en Londres Damián Galante. Desde el Kings College de Londres, Galante trabaja en un grupo de Física Aplicada (estudió esta carrera en Exactas de la UBA) y ganó recientemente una beca Stephen Hawkings para investigar por cuatro años más.

La encriptación tradicional se basa en la factorización de números primos muy altos, algo que la computación tradicional puede tardar años en decodificar. Pero los tiempos se reducen, demostró Shor, dramáticamente con la vía cuántica. “El potencial de la computación y la comunicación cuántica es inimaginable, el tema son los obstáculos para llevarlo a la práctica”, dice Galante.

“La teoría cuántica es tal vez la idea científica más exitosa jamás formulada. Nunca nadie la pudo falsear, es increíblemente predictiva, ha clarificado la tabla periódica de elementos, el funcionamiento del sol, el color del cielo, la formación de galaxias y mucho más. Sus tecnologías derivadas van desde computadoras hasta láseres o instrumentos médicos”, escribió el septiembre en el diario The Guardian el astrofísico y gran divulgador del tema quantum Carlo Rovelli.

En un ya mítico discurso formulado en 1981, el Nobel de Física Richard Feynman propuso que computadoras con propiedades cuánticas podrían resolver en el futuro problemas imposibles para la computación tradicional. Pero, por décadas el desafío pareció imposible; los “qubits” (el equivalente a los bits) son tremendamente inestables y muy ruidosos en su cantidad de errores. Sin embargo, en los últimos años distintos avances permitieron alumbrar una “Segunda Revolución Cuántica”, como la describió días atrás el físico argentino Juan Pablo Paz (uno de los pioneros en este tema en el país), en una nota con el periodista especializado en ciencias Martín De Ambrosio para la nacion.

¿Qué avances hubo este año en este terreno? Aunque no tan rimbombantes como los de la “supremacía”, las novedades promisorias se multiplicaron. “La principales empresas que están trabajando en el tema anunciaron avances escalables y planes para llegar a computadoras con miles de qubits, como IBM, Microsoft, Intel o Google”, cuenta el físico Marco Di Tullio, investigador de estos tópicos del Conicet y de la UNLP. En este sentido, una de las grandes noticias del año en términos de “practicidad” para empezar a bajar a tierra la complejidad cuántica tuvo que ver con el anuncio del “primer chip cuántico de la historia”, un hallazgo de físicos australianos.

El descubrimiento se dio en la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sidney. Allí se anunció la invención de un “resonador dieléctrico”: un prisma de cristal que se sitúa sobre el chip de silicio donde están los qubits (la unidad básica de información cuántica) para controlar su orientación. Esto evita que las computadoras cuánticas tengan que incluir enormes cables y operar a cientos de grados bajo cero, como las que vemos en la actualidad.

“En los años 50, Feynman dijo que nunca entenderemos cómo funciona el mundo, cómo funciona la naturaleza, a menos que podamos empezar a crearlo a su misma escala”, dijeron los investigadores australianos a la revista Science.

En sintonía con las profecías de Feynman, buena parte de la avanzada empresarial en este tema viene por el lado de las “ciencias de la vida”: se esperan revoluciones en la medicina, en la química de materiales o en la genética. En Dinamarca, días atrás la Universidad de Copenhague, en conjunto con la Fundación Novo Nordisk destinó US$1500 millones a la construcción de una computadora cuántica funcional, con un programa que se extiende hasta 2034.

“El campo cuántico está ardiendo. Muchos colegas míos, que hasta hace pocos años pensaban en tener una carrera académica de por vida, se fueron a startups o a grandes empresas de tecnología que están ofreciendo salarios altísimos”, cuenta Galante, que divulga el tema desde su blog FisicaGalante.medium.com y que pronto expondrá un trabajo conjunto con artistas sobre temática cuántica en una galería de arte de Londres.

La gran complejidad del tema y sus consecuencias contra-intuitivas (que en su momento enfurecieron a Albert Einstein) llevan a tomar estas promesas, también, con mucha cautela, dice el biólogo y divulgador Diego Golombek, quien acuñó un término al respecto: la “cuanti-chantada”. De hecho, uno de los más famosos IGNobel (el premio que se otorga de manera sarcástica a las investigaciones más absurdas) fue en 1998 para Deepak Chopra, por su aplicación de la mecánica cuántica a la búsqueda de la felicidad.

Sebastián Campanario

viernes, octubre 07, 2022

Los KPI de liderazgo

Hoy en día, los modelos de negocio sostenibles no solo se tratan de llevar la tecnología más nueva y la transición de una plataforma a un modelo de pago por uso, sino que se inclinan más hacia haber empoderado a las personas que están preparadas para el futuro; con una mentalidad resiliente para crear grandes experiencias para sus clientes.


En el futuro, se espera que las empresas sean más ágiles e impulsadas por la tecnología con propósito. Por lo tanto, qué tan bien administre el talento para impulsar sus modelos de negocio definirá su liderazgo en el mercado. Y un sistema efectivo de gestión del desempeño juega un papel fundamental en la configuración de la cultura, abarcando las narrativas de liderazgo. Aquí están los KPI de liderazgo clave si se practican correctamente, colectivamente tiene el poder de influir e inspirar a múltiples generaciones en el trabajo.



En general, las organizaciones que replantean y reevalúan proactivamente los KPI de liderazgo y los ponen en práctica pueden tener éxito en la construcción y retención de talento, lo que impulsa el liderazgo del mercado en cualquier negocio.

Entonces, ¿cuáles son sus KPI (Indicadores Clave de Personas) y los está midiendo a intervalos regulares?


KPI=

KEY PERFORMANCE INDICATORS

THE NEW LEADERSHIP


KEEP  PEOPLE INTERESTED

KEEP  PEOPLE INFORMED

KEEP  PEOPLE INVOLVED

KEEP  PEOPLE INSPIRED


Kaushik Das• 2ºVice President- Talent & Development Lead, Citibank, South Asia Leadership & OD

lunes, octubre 03, 2022

El exceso de control manifiesta un gran descontrol

La desconfianza que genera el intervencionismo provoca el verdadero círculo vicioso en el que se encuentra hace tiempo la Argentina.

 

La economía no se puede controlar. Pixabay

Cuenta la historia que un paciente recibe una mala noticia de parte de su dentista:

- Tendré que extraerle la muela.

- ¿Por qué?, pregunta el paciente, haciéndose el ingenuo.

- Porque si no lo hago, en un año le va a doler mucho.

- Ahhh, entonces tengo un año. ¿Sabe qué?, vuelvo cuando me duela.

Así estamos, esperando que nos duela mucho.

Convengamos que al menos los argentinos somos menos racionales de lo que creemos: sumábamos los números del boleto del colectivo para saber si tendríamos un día de suerte; arrojamos monedas a fuentes para que se cumplan nuestros deseos; somos capaces de pagar el triple con tal de conseguir paquetes de figuritas rápido; hacemos largas caminatas para conseguir trabajo; buscamos tréboles de cuatro hojas; nunca pasamos por debajo de una escalera y hasta elegimos para que gestionen nuestro dinero a dirigentes implicados en casos de corrupción y sin muchos antecedentes laborales.

Es por eso que no es extraño que las crisis económicas y sociales nos reflejen tal como somos: predecibles. Somos capaces de tropezar dos (o más) veces con la misma piedra y raramente lo reconocemos, porque además somos testarudos. Nos importa más tener razón en un debate, que buscar el éxito junto al otro.

Sin embargo, hay muchos que creen que la economía es algo susceptible de ser controlado y que, de hecho, todo lo que nos pasa está planificado o dirigido por empresarios, medios de comunicación o un grupo de iluminados asociados al poder de turno.

Esta creencia en las conspiraciones la utilizamos como excusa para no asumir nuestras culpas por la situación actual, entonces en lugar de buscar soluciones solo buscamos explicaciones y, como se dice habitualmente, “si uno asume la responsabilidad de sus errores puede solucionarlos, pero si uno busca excusas cada vez que falla, nunca lo hará.”

Cuando se regula en exceso, se genera más desconfianza, provocando una caída en las inversiones. Sin ellas, es imposible generar crecimiento.

La economía no se puede controlar. Ya lo intentaron Stalin, Hitler, Mussolini, Fidel Castro y Chávez, y fracasaron a pesar de tener un poder casi absoluto. Más bien, por el contrario, lo que nos enseña la historia es que nadie puede hacerlo: ni las personas ni las instituciones más poderosas.

En la década del 80, casi todos los países del mundo eran gobernados por dictaduras, ya sea de derecha o de izquierda, pero casi todos cayeron por falta de resultados, provocando que no solo nuestro presidente de pronunciadas patillas lograse privatizar las empresas públicas a principios de los años 90. Ya en 1989 cayó el muro de Berlín y en diciembre de 1991 el Soviet Supremo de la Unión Soviética reconoció la extinción de la unión y la disolvió. Hacia finales de ese año, todas las instituciones soviéticas oficiales habían cesado sus actividades y las repúblicas asumieron el papel del gobierno central, dando lugar al nacimiento de nuevas democracias capitalistas.

Los ciudadanos se cansaron de las malas gestiones públicas, de esperar para tener un teléfono, de no tener ni luz ni agua y las comunicaciones empezaron a demostrar globalmente que había sociedades que funcionaban con una mejor calidad de vida. Casi todos los países, incluso los de la ex Unión Soviética, terminaron privatizando sus empresas de comunicaciones.

Ciclo global

Tampoco fuimos nosotros, fue un ciclo global que, a finales de los años 2000, cansados de una economía pujante, pero muy desigual, fue reventando burbujas, como la del sudeste asiático, la rusa o la de Brasil, hasta que nos pasó a nosotros en 2001. Sociedades que gastaban más de lo que producían.

En ese ciclo la mayoría de los ciudadanos del mundo optó por un Estado presente que regulase y arbitrase las desigualdades, fue el crecimiento sin inclusión el que generó esa necesidad de cambio y nosotros llegamos tardíamente a ese ciclo global. Surgió el dogma del “Estado presente”.

Pero lo excesivamente regulado trae siempre malos resultados. Aprendimos que, en el corto plazo, pueden poner precios máximos en el supermercado, a las tasas de interés o al valor del dólar, pero se elimina la competencia, dejando solo en pie al que puede soportarlo, al más fuerte. El supermercado se nutre de proveedores. El banco usa dinero de los ahorristas. Por eso, al que están castigando y postergando es al productor o al proveedor, o al ahorrista, o sea, a la clase media. Desalientan a producir o ahorrar más y sin ellos no hay crédito; sin crédito, solo crece el que ya tiene dinero, aumentando la desigualdad y, con ello, desaparece la movilidad social.

Es imposible, a mi gusto, generar un clima de inversión próspero sin tener en cuenta a los protagonistas de la producción, siempre sometiéndolos a millones de disposiciones burocráticas, mientras los que apuestan a la informalidad sacan ventaja. Se produce ahora una desigualdad jurídica. Finalmente no somos todos iguales ante la ley y eso representa un gran fracaso del desarrollo de las libertades individuales.

La economía no se puede controlar. Ya lo intentaron Stalin, Hitler, Mussolini, Fidel y Chávez, y fracasaron pese a tener un poder casi absoluto.

Cuantas más aclaraciones y parches necesita una regulación, más oscura luce; y cuando se regula en exceso, más desconfianza se genera, provocando una caída en las inversiones. Sin ellas, es imposible generar crecimiento, trabajo, consumo y rentabilidad para generar ahorros.

¿Por qué tiene que ser tan difícil interpretar a qué tipo de cambio puede acceder un ciudadano para reponer sus insumos o simplemente sus gustos? Cuando un empresario se ve obligado a leer antes el Boletín Oficial del día que sus reportes de evolución internos es que estamos en problemas. La desconfianza que genera el intervencionismo provoca el verdadero círculo vicioso en el que se encuentra hace tiempo nuestra querida Argentina.

Adaptando una frase de José Ingenieros, déjenme decirles que el emprendedor o empresario pyme quiere ascender hasta donde sus propias alas puedan elevarlo, mientras que el vanidoso regulador cree encontrarse ya en la cumbre del conocimiento como para imponer su saber a los demás.

El problema en la Argentina es cultural. Parece que por mucho tiempo alentamos modelos de negocios con más burócratas intervencionistas que con emprendedores dispuestos a arriesgar tiempo o capital.

El futuro

¿Podrá venir un ciclo algo más virtuoso en nuestro país? Para mí sí, aunque debo reconocer que uno tiende a confundir lo que quiere que pase con lo que puede pasar.

Me alienta creer que estamos en un fin de ciclo de esta forma de ver la economía. Por fin, entendimos que la riqueza no se obtiene del suelo, sino de quien invierte en él y del valor agregado que genera la inversión en conocimiento aplicado.

Por suerte, creo que por fin empezamos a cuestionar eso de un Estado presente cuando no es capaz siquiera de garantizarnos educación, salud y seguridad acorde a lo que pagamos por él. Por eso creo que el próximo ciclo volverá a ser uno donde la actividad privada vuelva a ser la protagonista.

Y éste es mi punto. Lo que estoy escribiendo me parece tan obvio que parece que, esta vez, si hoy plebiscitaran un plan económico, elegiríamos uno más acorde con el desarrollo privado, respetando las libertades individuales y de transparencia a la hora de la toma de decisiones.

La crisis no beneficia a nadie y, cuanto mejor nos va a todos, más consumimos y, por tanto, más ganan las empresas. Pensar que quieran quedarse sin consumidores es absurdo ¿Cómo les va a interesar una crisis financiera que impida que nos endeudemos para gastar?

Creo que es claramente contradictorio asignar a la economía un comportamiento racional tal como para ser posible que alguien la maneje a su voluntad. Solo respetando las libertades individuales vamos a dignificar el ímpetu emprendedor de cada uno de nosotros.

Ante este dolor de muela, ahora sí llegó la hora de ir al dentista.

Claudio Zuchovicki

domingo, septiembre 25, 2022

Diez sorpresas y descubrimientos de la nueva economía del sueño

 

shutterstock - Shutterstock

¿Cuál es el fármaco maravilloso que sirve para bajar la obesidad, vivir más, mejorar el humor, sacar mejores notas, tomar decisiones más éticas, moderar la “grieta” y mucho más? La respuesta tiene que ver con una posibilidad que tenemos muy a mano: dormir más.

Todas las semanas aparece un estudio nuevo con una correlación alta entre dormir poco y alguna dificultad en salud o problema social. La pandemia disparó una cantidad de investigaciones que tratan de dimensionar en términos económicos distintos desafíos mentales (burn out, depresión, ansiedad y también mal dormir), con lo cual se está avanzando mucho en el área metodológica. En paralelo, una nueva “industria del sueño” (desde libros hasta colchones personalizados, pasando por helados para dormir mejor) ya mueve en los Estados Unidos US$500 millones al año, lo cual es apenas el 1% de lo que se estima que se pierde en ese país cada año por el déficit de sueño en productividad, algo que algunos economistas bautizaron “la gran recesión del sueño”.

“Desde otros enfoques, como la neurociencia o la medicina, se han estudiado las consecuencias de la falta de sueño para la salud. Pero desde la economía aún hay mucho por explorar”, plantea la economista María Victoria Anauati, que sigue esta agenda de cerca, como investigadora afiliada al CEDH-UdeSA y al Conicet. Algunas preguntas que se pueden abordar desde esta disciplina. “¿Cómo afecta a nuestra productividad en el trabajo? ¿Y a nuestros ingresos y, a nivel agregado, al PBI? ¿Cuán diferentes son estos efectos según la edad o el nivel de ingresos? ¿Cómo se puede abordar esta problemática desde la política pública?”, dice Anauati.

El problema del mal sueño es un mal de la modernidad, y su empeoramiento es exponencial. “Hace 50 años dormíamos una hora más en promedio, y hace 100 años dos horas más. A este ritmo, en el año 2758 ya no dormiremos nada, lo cual no será posible, porque si no dormís, te morís. Es una función vital tan importante como comer o tomar líquido”, explica el biólogo y divulgador Diego Golombek, experto en cronobiología, la ciencia que estudia las características y desajustes de nuestro “reloj interno”.

Como ocurre con otras avenidas explosivas de descubrimientos en el campo del bienestar, como la de la microbiota o la del nervio vago, hay infinidad de novedades que llegan desde la ciencia y que podrían implicar mejoras masivas con un costo relativamente bajo. Aquí, diez de las más interesantes:

Hospital circadiano. Algo tan simple como respetar el ciclo biológico del sueño en los hospitales (no prender la luz en terapia intensiva en medio de la noche) hace que los pacientes se curen mejor y más rápido, dice Golombek. Ya hay algunas experiencias en los Estados Unidos y en Europa, y aquí se miden resultados en un hospital de Cañuelas y, pronto, en el Hospital Británico.

Una hora más. El 1º de julio entró en vigor en California una ley para empezar el colegio 8.30 o más tarde, con lo cual el estado más rico de los Estados Unidos se sumó a otros, como el pionero Minnesota, que lo hace desde los 90. Los adolescentes con más horas de sueño aprenden mejor y se sacan notas más altas. “Aquí tenemos el problema de que la hora de inicio es un ancla social para el transporte y el trabajo de los padres y, además, con turno simple también hay que correr el horario del turno tarde –cuenta Golombek–, pero son costos manejables, a cambio de un beneficio que puede ser muy grande para toda la sociedad”.

Inequidad. Los economistas que siguen temas de desigualdad muestran un interés creciente por el tema del sueño, dado que las minorías y las personas más pobres tienden a dormir menos, lo cual empeora la dinámica de la brecha de ingresos.

Menos éticos. Estudios de economía del comportamiento encontraron recientemente una correlación entre falta de sueño y conductas poco éticas. Cuando estamos medio dormidos, nuestra habilidad para resistir tentaciones decrece, lo que nos hace actuar en forma más egoísta y menos cooperativa.

En la grieta. El economista y neurocientífico de la Universidad Torcuato Di Tella Joaquín Navajas se volvió una autoridad académica en el tema “grieta”. Junto con Golombek están iniciando un estudio para determinar si personas mal dormidas tienden a mostrarse menos de acuerdo con opiniones contrarias a la propia y eso hace que aumente la polarización.

La Argentina, mal en el ranking. Para la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, el 40% de la población tiene problemas relacionados con el descanso nocturno. Y según un estudio Crono Argentina, el 72% de las personas no alcanzaban las horas de sueño recomendadas antes de la pandemia. “Esto nos ubica muy por encima del porcentaje de personas que duermen menos de las horas recomendadas en países como Canadá (26%), Alemania (30%) o el Reino Unido (35%)”, dice Anauati.

Sueño seniorPor su rol positivo en varias funciones cognitivas (como la memoria), dormir bien es aún más fundamental en la segunda mitad de la vida, y eso está asociado a mejoras frente a desafíos mentales como la demencia o la depresión. La cantidad de horas óptima depende de cada uno, pero, en promedio, siete horas es lo recomendado para personas de más de 50 años. El mes pasado, científicos de Inglaterra y China terminaron un estudio de más de 500.000 casos de personas de 38 a 73 años y llegaron a la conclusión de las 7 horas: tanto menos como más tiempo se asocia a una peor performance cognitiva.

Estigma. En esta batalla se da pelea también a un prejuicio cultural, que es que dormir mucho no está bien visto. En el trabajo se presume de “no haber dormido en toda la semana”, y los adolescentes que van al turno tarde tienen el estigma de “vagos”, cuenta Golombek. En las escuelas, sostuvo recientemente Mathew Walker, el autor del best seller Por qué dormimos, debería haber una materia de “educación para el sueño”, tan importante como la educación sexual.

Efecto rebote. El peor enemigo del sueño es el estrés y, paradójicamente, obsesionarse con las horas dormidas (con la profusión de apps, sensores, relojes inteligentes, etcétera) puede aumentar esta ansiedad. Hasta hay una palabra para este mal: la “ortosomnia” es la preocupación excesiva por dormir bien, que termina restando horas de sueño.

Enemigos. Hace cuatro años el CEO de Netflix, Reed Hastings, sostuvo que el principal rival de su compañía no eran otras cadenas de entretenimiento, sino “el sueño”, que quita espacio para mirar series. Golombek, que en noviembre publicará su nuevo libro La ciencia de las ideas, dice que Hastings no fue nada original: ya Thomas Edison pensaba que dormir era una pérdida de tiempo y que la electricidad justamente permitiría seguir trabajando de noche. Edison dormía tres horas al día y su rival Nikola Tesla solo dos, lo que lo llevó a tener un colapso mental a los 25 años.

Sebastián Campanario

domingo, septiembre 18, 2022

Economistas en ciencias de datos: un terreno fértil y una adaptación con impronta bilardista

 

TERADAT SANTIVIVUT - Moment RF

Cuando Tomas Castagnino estudió economía no había tal cosa como la “ciencia de datos”, tal vez en el mismo sentido en el que antes de Newton no había gravedad. O quizás sí, pero se le decía de otra forma, como “cortado” al ahora “flat white”. Años después y desde su cargo de director de Investigaciones en Economía y Ciencia de Datos en Accenture, Castagnino dice: “Los economistas en ciencia de datos nos tuvimos que volver más bilardistas de lo que el menottismo académico pregona”, lo que sugiere que la migración de economistas al ámbito de los datos exige alguna adaptación pragmática. Lo cierto es que la ciencia de datos es un terreno fértil para los jóvenes profesionales de la “ciencia sombría”, muy demandados por empresas como Mercado Libre, Accenture, Amazon o Facebook.

“En los economistas vemos una interesante capacidad para pensar problemas de la vida real en términos de datos y estadísticas” dice Fredi Vivas, CEO de RockingData, que habitualmente contrata a estos profesionales. Una de las principales ventajas de la profesión es la capacidad de razonar en términos de equilibrio general, en el sentido en el que Juan Carlos de Pablo decía que “el economista es el que en las reuniones hace hablar a los que no fueron invitados”, no por generoso sino por estratega: es el economista el que en una reunión de Coca Cola va a pensar como si fuese de Pepsi.

Pero este perpetuo juego de ajedrez muchas veces le hace malgastar energías, al distraerlo con la posibilidad de que una piña en el ojo sea un cabezazo al puño. La economía es una disciplina sobreentrenada en detectar la falacia de la correlación, esa que dice que una cosa es correlación y otra causalidad. Pero el temor a esta falacia lo lleva a concluir erróneamente que las correlaciones no sirven para nada. Cuando ve que cada vez que llueve la gente anda con paraguas, el economista no cae en la trampa de proponer prohibir su uso para detener el aguacero, pero se pierde la oportunidad de predecir que en una ciudad que llueve con frecuencia hay muchos hogares que tienen paraguas.

Belén Michel Torino y Juan Martín Borgnino, jóvenes economistas con estudios de posgrado en ciencia de datos, señalan que la principal limitación que encontraron en machine learning fue “domar” el impulso causal de la economía para abrazar la naturaleza inductiva, descriptiva y predictiva de la ciencia de datos. Al instinto deductivo de los economistas le cuesta concluir “jirafa” si se habla de un animal de cuatro patas, cuello alto, pelaje moteado y que habita en África, cuando es, justamente, un uso inteligente de la inducción lo que se está detrás de los sistemas de recomendaciones como los de Netflix o Mercado Libre.

La inhabilidad computacional es una de las principales limitaciones de los economistas, que los lleva a insistir con rutas analíticas, cuando otras vías iterativas o de simulación serían suficientes. Hace cuatro años relatábamos aquí lo ocurrido en las redes sociales cuando alguien preguntó: “¿Cuántos paquetes hace falta comprar para llenar el álbum de figuritas del Mundial? La respuesta –conjetural, inexacta– apareció a los pocos minutos; un joven programador, con unas pocas líneas de código, simuló el azar inherente al proceso de coleccionar figuritas. Los economistas se enfrascaron en un álgido debate de supuestos (de si hay figuritas difíciles, de si hay intercambio, de qué presupuesto tiene la persona, etcétera), sin aportar una solución concreta, amén de criticar con vehemencia la propuesta del programador. Castagnino dice que “los economistas tienden a pensar en HD 4K cuando la realidad exige soluciones más pixeladas”. Marcela Svarc, matemática y profesora de la Maestría en Ciencia de Datos de la Universidad de San Andrés, valora la capacidad analítica de los economistas, pero resalta que su principal carencia se relaciona con las herramientas computacionales, sobre todo con las que demandan los datos complejos, propios del fenómeno de big data.

Los economistas están en su salsa con preguntas del tipo “que pasaría si...”. Hace poco, un programador publicó en las redes sociales un proyecto abierto para computar el rédito económico de terminar una carrera universitaria, con una comparación de ingresos de personas de la Encuesta Permanente de Hogares. Un economista profesional sabe que estos ejercicios sobreestiman el verdadero retorno, porque se les asignan a la educación réditos que corresponden a otros factores concurrentes e invisibles en las encuestas, como la inteligencia o los contactos sociales.

Los economistas tienen una desarrollada habilidad para “oler” sesgos y datos faltantes y para pensar en abstracto cuáles son los datos necesarios para responder una pregunta. El economista bien entrenado no “analiza datos”; plantea una pregunta concreta y piensa qué datos y métodos le darían una respuesta adecuada. Esta habilidad es atractiva para firmas como Uber o Amazon, que acuden a profesionales de la economía para ver los potenciales efectos de las alteraciones en los precios o en la calidad de un producto.

Laura Trucco, economista argentina formada en UdeSA y en Harvard y ahora head of economics de Unity (la poderosa empresa de contenido interactivo 3D), sostiene que “ponerle estructura al problema, entender cuál es el modelo correcto y que parámetros hay que estimar” son las habilidades más salientes de los economistas en firmas de tecnología.

Otra contraindicación se vincula con la preocupación de los economistas por cuantificar cosas, que cuando es excesiva los lleva a peligrosas conclusiones.

Pablo Iacoviello, director y country manager de Amazon Prime Video para América Latina recurre con frecuencia a los servicios de economistas en ciencia de datos, y resalta su pericia en estimar cuestiones concretas, como las elasticidades del precio. Pero, señala Iacoviello que, en la obsesión de muchas empresas por la cuantificación, los técnicos muchas veces relegan a la bolsa de las subjetividades lo que es difícil de medir y, así, distorsionan el problema, como quien busca las llaves debajo de un farol y no a tres cuadras, donde las perdió, “porque acá hay mejor luz”. Indica Iacoviello que la performance de los técnicos mejora en forma considerable si se capacitan en los detalles concretos de los negocios en los que operan, y, así, evitan el “efecto gana Brasil”: cualquier algoritmo da por ganador del Mundial a nuestros vecinos si es alimentado con datos históricos de inmediata disponibilidad (Brasil fue un ganador recurrente), y no con la información específica del momento, difícil de obtener y entender y que, tal vez, demande el ojo “subjetivo” de un experto en futbol más que el de un artilugio basado en datos de fácil acceso, pero incompletos.

“Ciencia de datos es estadística con masa madre”, reza un ingenioso tuit. Pero cuando, más allá de las modas, se trata de una versión interactiva y multidisciplinar de la estadística y la computación, encuentra en los economistas una cantera de profesionales capacitados y maleables. Con sus pericias, tics y limitaciones, el mercado los demanda. Y si el mercado hace su maldito trabajo, por algo será.

Walter Sosa Escudero

martes, septiembre 13, 2022

El fin de la crisis exige terminar con la guerra en Ucrania

La Guerra de Ucrania ha tenido un extraordinario impacto disruptivo en la economía mundial, más allá de las dimensiones materiales de Rusia y Ucrania, y en primer lugar ha golpeado profundamente los mercados de commodities y las condiciones financieras e inflacionarias globales (“WB/Global Economic Prospects/june-2022”).

El resultado ha sido una desaceleración profunda de la economía mundial, que crecería este año sólo 2,9% anual (de los 4.5% previstos un año atrás), en tanto que los países emergentes también han visto degradada su proyección, con un alza de 3,4% este año (casi 1 punto y medio menos de lo diagnosticado 12 meses atrás).

Esta nítida tendencia de declinación del auge económico global coincide con un aumento de la tasa de inflación que ha alcanzado un piso de 8% anual en EE.UU., Europa, y tendencialmente en la economía global.

Por eso, lo previsible ahora para los próximos 10 años es una situación de bajo crecimiento económico combinada con una alta inflación; y este ominoso pronóstico está directamente vinculado a la Guerra de Ucrania y su continuidad, en la estimación del Banco Mundial.

Los últimos datos de la inflación mundial de abril de 2022 son los siguientes: la tasa global asciende a 7,8%, el mayor nivel desde 2008; y ha trepado a 8,5% en los países avanzados, llegando incluso a 9,1% en el Reino Unido.

Lo que desató esta ola inflacionaria en el mundo ha sido el shock energético mundial provocado por la Guerra de Ucrania, especialmente a partir de la invasión del 24 de febrero de 2022, acompañada por las sanciones impuestas a Rusia por EE.UU. y los países europeos.

Algo semejante ha sucedido con el crecimiento económico mundial, que tras haberse elevado 5,7% anual en 2021, después del virtual colapso experimentado por la pandemia, se redujo a 2,9% en 2022, y mantendría el mismo nivel en 2023 y 2024.

Lo verdaderamente preocupante es el alza de 2% anual en el largo plazo (segunda mitad de la década del ´20), como expresión de un debilitamiento generalizado de la capacidad de auge potencial, en especial en los países avanzados.

El punto verdaderamente crítico de esta prognosis es el impacto altamente disruptivo de los shocks energéticos y alimentarios provocados por la Guerra de Ucrania, con el agregado de que su gravedad está directamente vinculada a la duración del conflicto.

Lo notable es que esto ocurra cuando el cambio tecnológico en los últimos 20 años es verdaderamente extraordinario; y la economía global mucho más flexible y eficiente, incluso en términos energéticos, que hace dos décadas.

La automatización se ha generalizado, y la Inteligencia artificial (AI) se ha convertido en la tecnología más abarcativa de la época, lo que significa que la revolución tecnológica ha desatado un proceso generalizado de desinflación estructural.

En suma, esta caída del crecimiento potencial provocado por la Guerra de Ucrania y sus consecuencias tiene lugar cuando está en pleno despliegue la Cuarta Revolución Industrial (CRI).

La particularidad intensamente disruptiva de la Guerra de Ucrania y las sanciones contra Rusia es su carácter estrictamente exógeno y exclusivamente geopolítico, completamente ajeno al proceso orgánico de acumulación capitalista.

Esto significa que poner término al conflicto a través de un proceso de negociación entre las partes, puede erradicar en un sólo movimiento y de manera prácticamente inmediata las causas de fondo de la crisis mundial.

Pero lo que está ocurriendo en el momento actual es exactamente lo contrario. Hay una ruptura generalizada y una completa falta de cooperación en la economía mundial.

La crisis financiera internacional 2008/2009, surgida con el colapso del Lehman Brothers en Wall Street, fue resuelta por un esfuerzo fenomenal de cooperación y coordinación en el mundo, que fue encabezado por EE.UU. y China utilizando como plataforma de gobernabilidad mundial al Grupo de los 20 (G-20).

Las dos superpotencias, actuando en estrecha cooperación movilizaron a todas las instituciones globales – Banco Mundial, FMI, OMC, OIT, etc -; y lo que hicieron fue un adelanto de lo que implica la creación de un sistema de gobierno del mundo.

Nada de eso existe hoy, sino todo lo contrario. Entre EE.UU. y la OTAN hay una situación de guerra global con Rusia y China; y todas las instituciones de Bretton-Woods están hoy profundamente divididas, o han sido vaciadas de contenido real.

Hoy, en vez de un proceso de cooperación para resolver la crisis, hay ruptura y enfrentamiento; y es esto lo que transforma a la actual crisis en la más grave de la historia del sistema capitalista, muy superior a la de 2008/2009.

Esto es lo que transforma a la actual situación en extremadamente peligrosa, incluso desde el punto de vista bélico, y profundamente volátil. Se llega a la guerra no por una voluntad maléfica, sino por un conjunto de errores, surgidos de la ignorancia o de los prejuicios ideológicos.

Pero en las situaciones de crisis la regla es siempre la misma en la historia del mundo: “Allí donde quema, allí donde duele, allí está el camino de la salvación”.

En síntesis y abreviando: hay que terminar con la Guerra de Ucrania a través de una negociación política lo antes posible.

Fuente: DiarioLaRepublica

domingo, septiembre 11, 2022

Revolución senior: nuevos récords, descubrimientos y pistas para la longevidad extrema

Cada vez se ve a una mayor cantidad de personas de edad avanzada en muy buena forma física y cognitiva; a la vez, se dedican más recursos económicos a las investigaciones sobre el tema de la extensión de la vida.

 

El japonés Hiromu Inada hizo historia cuando completó un triatlón a sus 86 años de edad

Un par de videos que se viralizaron en los últimos días muestran cómo la “revolución senior” va a subiendo nuevos escalones y no deja de sorprender en su avance. En el primero, el japonés Hiromu Inada se entrena para competir el próximo 6 de octubre en el Iron Man de Hawaii, que incluye 3,8 kilómetros de natación, 180 de bicicleta y una maratón completa (casi 42,195 km). La particularidad del caso es que Inada en octubre va a estar cerca de cumplir 90 años. Ya en 2018 entró en el Libro Guiness de los Récords al convertirse en la persona más longeva en completar un triatlón en menos de límite oficial de 17 horas. Por aquel entonces estaba a días de cumplir 86 años.

El segundo video viralizado es igualmente elocuente. Transcurre en el Ayuntamiento de la Villa de Moya, en las Islas Canarias: allí un escribano tomó, en agosto, constancia del récord de los 12 hermanos Hernández Pérez, todos con vida, entre 76 y 98 años, que suman en conjunto 1057 años de edad. Es una excepcionalidad estadística sin precedentes. El acto en Canarias fue hace dos semanas, y el video me lo mandó por Whatsapp Alberto Naisberg, un ingeniero argentino, especialista en bienestar en personas adultas, que en abril cumplió 97 años.

“No hay nada en la biología de los seres humanos que diga que es inevitable envejecer, nada en nuestro diseño que diga que esto es un destino inexorable”, explica ahora Marcelo Rinesi, un científico de datos que sigue la agenda de la longevidad extrema de manera minuciosa y aplica en su propio cuerpo todo lo que sale en la frontera. Actualmente está tomando algunos senolíticos que se encuentran en fase 3 de testeo: “Tomo el riesgo, pero no se lo recomiendo a ningún amigo ni familiar. Hay que esperar aún a tener más datos”, aconseja.

Las dos noticias de los primeros párrafos, la de Inada y la de los hermanos Hernández Perez, van al corazón de lo verdaderamente transformador del fenómeno etario que estamos viviendo, que no pasa tanto por romper el récord de longevidad que hoy tiene la ciudadana francesa Jean Calment (falleció a los 122) sino en ver, cada vez de manera más masiva, a personas de edad avanzada en muy buena forma física y cognitiva.

Rinesi cree que es enteramente posible que en 2050 o antes veamos gente de 80 con el cuerpo y mente de personas de 40-50, por la extensión de hábitos saludables y por los avances radicales en ciencias de la vida que se vienen o que ya están ocurriendo. Más temprano que tarde llegará lo que los especialistas en longevidad llaman “velocidad de escape”: el momento en el cual por grandes avances en la medicina (Rinesi cree que primero llegarán en el terreno cardiovascular y luego en el de cáncer) la expectativa de vida podrá crecer más deprisa que el tiempo que trascurre.

Nuevo mindset

¿Qué significa tener un nuevo mindset (seteo mental) de longevidad? Entre otras cosas, apunta el científico de datos, dejar de subestimar el “interés compuesto” que tienen los hábitos saludables y adoptarlos ya, para poder llegar en la mejor forma posible al momento de los avances en salud más contundentes. Por otro lado, Rinesi cree que los médicos tienden a ser poco agresivos o conservadores con la longevidad extrema. Es un tema de incentivos, dice: “No les pagan ni se los reconoce porque vivamos más décadas en plenitud. Se conforman con que terminemos nuestra vida cerca del promedio de nuestro grupo de referencia. No tienen en cuenta las mejoras radicales que se vienen a futuro, por lo cual hace sentido someterse a tests y terapias mucho más rigurosas desde antes de avanzar en la adultez”.

En lo que va del año, las personas más ricas del mundo y los principales fondos de inversión realizaron apuestas multimillonarias en el área de extensión de vida. Ya no se trata de “proyectos mascota” ni de una “ficha”, sino de miles de millones de dólares. Jeff Bezos amplió su inversión en los laboratorios Los Altos, mientras que Amazon compró una empresa farmacéutica en 3800 millones de dólares y quiere revolucionar el negocio de la salud. Google sigue invirtiendo en Calico Labs, mientras que Lineage Cell Therapeutics cuenta con el apoyo de BlackRock y Wells Fargo, entre otros. Apple anunció recientemente que sus dispositivos personales (principalmente el reloj inteligente) este año ya podrán medir 150 flujos de datos del cuerpo, para aplicar en 17 áreas de la salud.

“Cualquiera que tenga mucha plata tarde o temprano va a querer curar el envejecimiento. Lo hicieron millonarios como Bezos, Larry Page, Larry Ellison o Peter Thiel, entre otros”, sostuvo el escritor del MIT Review Antonio Regalado en un reporte en el que anunció que Arabia Saudita decidió, hace semanas, comenzar a operar un fondo de 1000 millones de dólares al año para atacar desafíos de envejecimiento. Se trata del mayor monto individual asignado hasta ahora a esta área.

“Hay un renovado optimismo en el ámbito científico por determinar si existe algo así como un límite infranqueable para la extensión de la vida humana”, escribió Léo Belzile, uno de los coautores de un estudio publicado sobre este tema en el Annual Review of Statistics and Its Application. La base de datos se centró en 13 países con ciudadanos “super-centenarios” (de más de 110 años) y diez países con personas “semi-supercentenarias” (las que pasan los 105 pero no llegan a 110). La conclusión del trabajo es que la extensión posible de la vida “puede ir mucho más allá de cualquiera observada hasta ahora”.

Este nuevo consenso científico es una novedad porque hasta no hace muchos años las hipótesis sobre longevidad extrema eran objeto de burla y ostracismo en la comunidad académica. El periodista Peter Ward cuenta los abordajes más bizarros sobre este tema en su libro El Precio de la Inmortalidad (aún no traducido, publicado este año), en un tour a lo largo de esta agenda en la frontera de la ciencia y también de la pseudociencia. Ward se adentra en un capítulo en la “Iglesia de la Vida Perpetua” y conversa con el pastor Neal VanDeRee, que hace ayuno intermitente y tiene una fe ciega en los avances de la biotecnología. En otra sección, narra las desventuras de quienes buscaron “criogenizarse” (congelarse para revivir décadas más tarde), con intentos que empezaron en 1965.

Entre los argumentos favoritos de los “inmortalistas” está el hecho de que existen algunas especies de animales (muy simples a nivel celular) que son inmortales. La más conocida es una diminuta medusa, “Turritopsis dohrnii”, que vive principalmente en aguas del Mediterráneo, fue descubierta en 1880 y puede volver a ciclos vitales anteriores. Al lado de ella, las hazañas de longevidad de la francesa Calment, de los canarios Hernández Pérez o del japonés Inada tienden a empalidecer.

Sebastián Campanario

domingo, septiembre 04, 2022

Si se reacciona tarde, es inevitable pagar las consecuencias

Muchas veces, por no querer enfrentar un problema a tiempo, ese problema se puede duplicar; eso es lo que estamos viendo hoy en la economía de la Argentina.


Si el Gobierno logra que salta todo como fue planeado y al implicar eso un ajuste, lo mejor que podemos esperar es una recisión, por un menor poder de compra de los ciudadanos.

Cuenta la historia que un hombre tenía un caballo y un asno. Un día en que ambos iban camino a la ciudad con una carga desigual, el asno, sobrecargado y sintiéndose cansado, le dijo al caballo: “Toma una parte de mi carga si te interesa mi vida, no doy más y si no me ayudas con algo, creo que no llego”. El caballo se hizo el sordo y no dijo nada. Y el asno cayó, víctima de la fatiga, y murió allí mismo. Entonces el dueño echó toda la carga encima del caballo, incluso el cuerpo del asno. Y el caballo, suspirando dijo: “¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no haber querido ajustar antes el sobrepeso, ahora tengo que cargar con todo! ¡Hasta con el cuerpo del asno encima!”

Moraleja: muchas veces, por no querer enfrentar un problema a tiempo, ese problema se puede duplicar y su carga, entonces sí, volverse ingobernable.

Con el placer de saludarlos nuevamente en este espacio y recibiéndolos esta vez con esta fábula que refleja, según mi criterio, el desafío económico actual. Porque reaccionar, pero tarde, no evita tener que pagar las consecuencias.

Contaba un humorista alemán que uno puede estar a dos metros de un lugar si toma el camino correcto, o estar a 44.000 kilómetros si toma el camino opuesto y da la vuelta al mundo para llegar. Creo que, en los dos primeros años del actual gobierno, se cometió un error de diagnóstico y, para llegar a un plan de estabilización, tomaron el camino que tenía 44.000 kilómetros de longitud.

Parece que ahora sí los gobernantes tienen un buen diagnóstico, pero pasó tanto tiempo que las complicaciones se multiplicaron. Y eso nos complica mucho más a nosotros, los ciudadanos, que, como el caballo, vamos a tener que llevar el doble de carga (tarifas de servicios públicos más elevadas, mayor costo financiero, combustibles más caros), porque no hubo una reacción a tiempo.

“Parece que en la gestión económica hay ahora un buen diagnóstico, pero pasó tanto tiempo que las complicaciones se multiplicaron”

Creo que a todos los que nos encontramos en este espacio nos conviene que a la nueva gestión económica las cosas le salgan bien. Finalmente, administran nuestra casa. Los mercados se calmaron porque veníamos con dos neumáticos pinchados, pero, hasta ahora, solo disminuyó la expectativa de un choque inminente. Pero seguimos con los mismos neumáticos.

Repasemos juntos por qué solo tener un buen diagnóstico no alcanza y por qué reaccionar tarde no evita pagar las consecuencias.

El contexto internacional se complica, la suba de tasas de interés en el mundo más la propia inflación, restan poder de compra a la gente. Y, así como vivimos un largo año con restricción de oferta (por la falta de productos), ahora viviremos un año con restricción de demanda (por un menor poder de compra de los ingresos que perciben los ciudadanos).

En Estados Unidos, por ejemplo, actualmente el índice de desempleo está en el número más bajo de los últimos 50 años. La inflación está en el punto más alto de los últimos 40 años. Claramente, el problema es la inflación y no el empleo. Como parte del ajuste podemos esperar que, para bajar el nivel del incremento de los precios, haya que aceptar un menor nivel de actividad económica. Definitivamente, vamos hacia un escenario global más recesivo.

Este contexto es malo para nosotros, porque pierden terreno los precios de las materias primas (ya vienen bajando hace un tiempo, de hecho) y suben a la vez los costos de financiamiento por la ya mencionada suba de tasas. Y eso afecta los que están endeudados y, ¿saben qué? Somos uno de esos que están muy, pero muy endeudados.

“Si aumenta el precio de la carne, la leche, los neumáticos, la nafta, la ropa, las prepagas, etcétera, no es que sube todo; simplemente, baja el valor del peso”

El contexto local no da tregua. Por fin, el Gobierno entendió (al menos, eso parece) que no puede seguir emitiendo pesos, porque la población ya no los acepta y se los saca de encima. Si aumenta el precio de la carne, la leche, los chocolates, los neumáticos, la nafta, la ropa, el aceite, los zapatos, las tarifas, la prepagas, etcétera, no es que sube todo; simplemente, baja el valor del peso, porque la devaluación no es solo contra el dólar. Es contra todo.

Para dejar de emitir pesos, inevitablemente tienen que disminuir el déficit fiscal. Para eso, o bajan gastos o suben impuestos, y es lo que están haciendo. O sea: AJUSTAN. Sí, ajustan.

Uno de los caminos para reducir el gasto del sector público es eliminar subsidios, y para eso suben las tarifas. El Estado se ahorra una interesante cantidad de dinero, pero lo paga el ciudadano. Si alguien pagaba 5000 pesos de luz y ahora va a pagar 10000, esos 5000 pesos de “redistribución de subsidios” –como prefieren llamarlo los funcionarios– significa menos poder de compra para el ciudadano.

En simples palabras, si lo logran y si todo sale como fue planeado, lo mejor que podemos esperar es una recesión por menor poder de compra. Porque el ajuste siempre lo pagamos nosotros.

Otra estrategia es subir las tasas de interés, de manera tal de generar una motivación extra para que los inversores quieran retener pesos por un tiempo; eso se consigue ubicando esas tasas por encima de la inflación. Lo lograron con el lanzamiento de los bonos duales, instrumentos con los cuales el inversor puede elegir la mejor opción para percibir su renta: que se siga la inflación o que se siga al dólar. Es un sistema que pone un piso de rendimiento para el inversor, o un costo para el Estado, de 90% de tasa anual. Se duplica la deuda en pesos en un año. Y ya no hay forma de licuarla, porque la devaluación potenciaría esa deuda. La suba de ese costo financiero se traslada a toda la economía, ya ni cuotas hay.

En simples palabras, si lo logran y todo sale como fue planeado, lo mejor que podemos esperar es una recesión por menor poder de compra. Porque el ajuste siempre lo pagamos nosotros.

El Banco Central tiene ventas de futuro de dólares por 7500 millones; eso desalienta cualquier movimiento brusco del tipo de cambio, pero incrementa las expectativas del mercado a que esto suceda. Llegamos a un punto en el cual la devaluación es muy costosa, pero no hacerla, también lo es.

En una economía donde las empresas se las rebuscaban para sobrevivir en el día a día, esta recesión podría provocar un freno muy perjudicial, porque gestionar una empresa es como andar en bicicleta. Por más que vayas lento, siempre podrás mantener el equilibrio. Pero, si te frenan de golpe, es inevitable que termines con un pie en el piso. Es lo que las reacciones políticas tardías van a terminar logrando.

Personalmente, creo que el diagnóstico esta vez es el correcto y las medidas son las que se pueden tomar en este contexto. Pero el tiempo, el bien más escaso, no alcanza para lograr un cambio en las expectativas de los inversores en la economía real, porque reaccionar tarde no evita pagar las consecuencias.

Perdemos tiempo, porque todavía nuestro poder de autodaño es mucho mayor que nuestro poder de construcción. Preferimos el mal de nuestro adversario antes que nuestro propio beneficio.

Perdemos tiempo, porque gestionamos mal los riesgos. Cuando se gasta dinero ajeno sin valorar el esfuerzo que representa obtener esos recursos escasos, deberíamos tener claro que, cuando el ingreso de un individuo es independiente del esfuerzo realizado, o cuando se utilizan los recursos sin contemplar ni su nivel de escasez, ni el esfuerzo que lleva conseguirlos, tarde o temprano se produce algo peor que una crisis, que es la destrucción de nuestra cultura del trabajo y del esfuerzo, el mejor legado que nuestros abuelos nos dejaron.

Claudio Zuchovicki 

sábado, septiembre 03, 2022

Warren Buffet cumplió 92 años y Bill Gates lo festejó con estas emotivas fotografías

El fundador de Microsoft subió un post a su cuenta de Instagram con imágenes en las que se puede apreciar lo bien que se llevan estos dos multimillonarios.

Warren Buffet acaba de cumplir 92 años y para celebrarlo Bill Gates, su admirador, socio y amigo, publicó una serie de fotografías de ambos a lo largo de los años en su perfil de Instagram.


 Bloomberg | Getty Images

De millonario a millonario le deseó un feliz cumpleaños con cuatro distintas fotografías que los muestran felices, disfrazados de reyes y riendo a carcajadas en diversos momentos. Además, una emotiva frase: "La vida es más divertida cuando tienes un amigo como Warren. ¡Feliz 92 cumpleaños!".

La amistad entre Bill Gates y Warren Buffet inició en el año de 1991. Durante el fin de semana del 4 de julio se conocieron gracias a Meg Greenfield quien en ese entonces era la editora del diario The Washington Post. Aunque en un principio parecía no haber mucho en común —el mismo Bill ha declarado que no le interesaba conocer a Warren— la amistad surgió cuando Buffet se interesó por la actividad de Gates y comenzó a lanzarle preguntas que nadie le hacía. Esto según lo escrito por el fundador de Microsoft en una entrada a su blog en 2016: "No recuerdo el día exacto en que conocí a la mayoría de mis amigos, pero con Warren Buffett sí. Hoy hace 25 años: 5 de julio de 1991. Creo que la fecha se destaca en mi mente tan claramente porque marcó el comienzo de una nueva e inesperada amistad para Melinda y para mí, una que ha cambiado nuestras vidas para mejor de todas las maneras imaginables".

Bill Gates y Warren Buffet ocupan el cuarto y el quinto lugar de la lista de millonarios 2022 de la revista Forbes. El fundador de Microsoft tiene una fortuna estimada en $129 mil millones de dólares y el fundador de la tenedora Berkshire Hathaway una de $118 mil millones de dólares.

Ambos han unido fuerzas en diversos proyectos filantrópicos a lo largo de los años.

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