Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

martes, agosto 22, 2017

Guía de supervivencia para el conflicto generacional


Los primeros Millennials ya rozan los cuarenta años, y su iniciativa y pretensiones ya no son tan diferentes de las generaciones que les precedieron. Conocer éste y otros colectivos que conviven en la empresa, le ayudará a moverse como pez en el agua en el temido conflicto generacional.

Cuando Mark Zuckerberg miraba por encima del hombro a los que abrían los ojos como platos ante Facebook, pocos imaginaban que su indumentaria y su comportamiento marcarían tendencia. Tenía 20 años cuando en 2004 creó la red social y se comió el mundo de un bocado. Este treintañero integra ese colectivo de Millennials de los que las empresas presumen. A algunas de ellas se les llena la boca cuando el porcentaje de los nacidos entre 1981 y 1994 supera el 50% de su plantilla. Irreverentes, independientes, muy preparados y familiarizados con la tecnología, es la generación de las redes sociales, el gran escaparate en el que las empresas ansían ser las más guapas, las más atractivas para el talento y para los clientes. Sus habilidades tecnológicas y su creatividad forman parte de un encanto que tiene que convivir con otras generaciones.

Es la primera vez que coinciden en las organizaciones cuatro colectivos distintos y, tópicos al margen, cada uno de ellos aporta su granito de arena en un momento en que la transformación digital acelera para sacar cabeza a los cambios tecnológicos. Los Baby Boomers, la Generación X, la Generación Y ('Millennials') y la Generación Z, los más pequeños de la casa y los auténticos nativos digitales, presentan bondades y maldades.

Tener un jefe más joven ya no es tan extraño como una década atrás, como tampoco lo es descubrir un 'cincuentañero' que domina las redes sociales mejor que un recién llegado a la empresa.

Saber quiénes son y cómo son es el principio para moverse como pez en el agua en la oficina, sobrevivir a la transformación digital y aumentar su empleabilidad, que no es más que aprender cada día algo nuevo, añadir información a su disco duro que le permita mantener su atractivo laboral. Esta guía le ayudará a controlar los protagonistas las generaciones de hoy:

Generación Z (1995/2010)

  • Necesitan estar conectados.
  • Son más conscientes de la velocidad del cambio porque lo han vivido en directo, todo pasa a ser obsoleto, quizá por eso no valoran casi nada.
  • Preparada más que ninguna otra generación, sabe que la formación universitaria no les llevará a un empleo.
  • La tecnología ya estaba en el colegio y en el instituto, y no tenían en casa quién se la enseñara. Son autodidactas y muy emprendedores.
  • Demandan un trabajo que les apasione y les permita aprender cosas nuevas.
  • Saben que sus mayores les temen, "tienen iniciativa digital, es decir, falta de miedo para probar y explorar". Dominan el lean start up mejor que sus predecesores: defensores a ultranza de la prueba y el error para crecer, no lo supieron llevarlo a la práctica.

Generación Y (Millennials) (1981/1994)

  • Discurso tecno-optimista. Manejan la tecnología, presumen de su adaptación al cambio, algo que dominan.
  • Tienen una experiencia internacional que abanderan como su mejor atributo.
  • Rechazan adquirir responsabilidades.
  • Demandan autonomía y flexibilidad laboral.
  • Cuestionan los procesos y los protocolos.
  • Tienen miedo a perder el control ante la tecnología y un exceso de información.
  • Ven el peligro de quedarse atrás.
  • Quieren crecer muy deprisa: "Para qué me quieres enseñar a andar si ya sé correr"
  • Se consideran infrapagados porque se creen infalibles, por eso, cuando cometen un error les cuesta aceptar las críticas.
  • Su arrogancia es uno de los grandes handicaps para la comunicación con otras generaciones (anteriores y futuras) de las que pueden aprender.

Generación X (1965/1980)

  • Valora la autoridad y el respeta el trabajo, quizá porque a la mayoría de ellos sufrieron las consecuencias de un desempleo que rozaba el 25% y les costó conseguir un trabajo.
  • Adaptable es el artífice de la transformación tecnológica, con consecuencias que nunca previeron.
  • Responsable, busca activamente la seguridad y la estabilidad que le otorgue oportunidades a sus hijos.
  • Propone la inteligencia emocional y el sentido común como los auténticos solucionares de los problemas.
  • Solidaria y altruista, es una generación generosa en su actividad laboral. Estos profesionales son maestros más que discípulos y no tratan de obtener nada a cambio, aún a riesgo de ser pisoteados por los más jóvenes.
  • Inconformistas, envidian la iniciativa de los Millennials, pero no consienten su arrogancia.
  • Entre los poderosos Baby Boomers y los sexys Millennials, son la generación perdida, la que navega a la deriva entre dos frentes.
  • La incorporación de la mujer al mercado laboral es cosa suya. Caminan por la vereda que abrieron las Baby Boomers... pero el camino continúa.

Baby Boomers (1956/1964)

  • El compromiso y la lealtad son vitales en su vida.
  • Conformista y obediente, esta generación está más apegada a las tradiciones... vive su primer cambio y se remueven en su área de confort.
  • Su miedo al cambio la convierte en el colectivo 'tapón' para el cambio.
  • Perder el empleo es su peor pesadilla porque siempre han trabajado en lo mismo y temen no retorno a su modo de vida.
  • Los contactos son su mayor tesoro, un paternalismo que les hace muy frágiles ante cualquier contratiempo.
  • Le gusta tener todo bajo control, hacer las cosas como siempre y recelan de nuevas propuestas para avanzar más deprisa porque desconocen sus consecuencias.

(Información elaborada a partir de datos propios y las conclusiones del Diagnóstico de la Diversidad Generacional realizado por el Observatorio Generación & Talento, con la Universidad de Pontificia Comillas, su socio académico)

lunes, agosto 21, 2017

La gestión del error pasa de la mirada de horror al modelo de aprendizaje

Las empresas que hoy marcan el rumbo en la economía global no sólo dan permiso para equivocarse, sino que toman las fallas como oportunidades de crecimiento.

Cada tiempo tiene su modelo de empresa propio, que reina en los cielos del éxito, al que todos quieren imitar. Responde a la pregunta "¿Cómo hicieron?" y una vez obtenida la respuesta, van corriendo a hacer lo mismo, sin tener en cuenta la población, el lugar, la economía, las motivaciones y otros detalles importantes. Más bien, decisivos. En su momento fue Ford, más tarde Toyota, para nombrar un par de ejemplos, y sus sistemas de producción fabril. Hoy le toca asumir el papel de exitoso a Google, contemporáneo de Apple y Microsoft.

No hay que descartar las nuevas propuestas porque, en principio, siempre hay alguna cuestión que estimula a pensar en otras formas de gestión. Para ser más precisos, imitar, pero no calcar, ésta es la cuestión. Entonces, merece la pena dar paso a una frase de un director del gran buscador de hoy, Jorge Giraldo: "En Google premiamos a los que fallan".

En una sociedad donde las acciones punitivas tienen mucho más rating que las formativas, estas siete palabras pueden resultar escandalosas. Por supuesto, es por todos conocidos que castigar es mucho más fácil que formar. Más rápido, aunque menos eficaz y de mucho menor espesor intelectual y emocional. Esta tendencia duplica la atención sobre aquella frase, que tiene sus fundamentos.

"Porque el que falla, está pensando en grande. El que no falla está pensando en hacer siempre lo mismo, en mantener el statu quo, en jugar seguro y ahí no va a haber innovación ni disrupción", detalla Giraldo. Ambas cualidades, innovación y disrupción, no sólo son vitales en el siglo XXI. En realidad, lo fue desde el principio de la humanidad y permitió que llegáramos adonde llegamos, tecnológicamente hablando, pero en nuestros días la necesidad se hace más acuciante. Aquel jefe que la única idea que se le ocurre es castigar al que se equivoca no solamente pone al descubierto sus profundas limitaciones, sino que es un escollo para cualquier avance en ciernes.

Vale recordar cómo se producen los procesos de aprendizaje, cualesquiera que sean éstos: equivocándose. Puede aplicarse tanto a una compleja experimentación de laboratorio como patear un penal. Y hasta pueden servir errores groseros, como el famoso descubrimiento de la penicilina, realizado por Alexander Fleming. Surge del error de tirar a la basura unos cultivos sobre los que estaba trabajando. A la vuelta de un mes de vacaciones, se encuentra con unas reacciones que dieron lugar a su hallazgo, gracias al cual muchos de nosotros estamos vivos.

De haber tenido un jefe suficientemente necio, lo hubiera reprendido por ser tan descuidado, pero el caso es que Fleming estaba experimentando y, por lo tanto, observando atentamente todo lo que sucedía, aunque fuera casual u observado por un amigo. Era un explorador. Sabía que aún detrás de los errores podía encontrar sorpresas. Esto es lo que llamaríamos hoy una mente abierta, una virtud escasa que, de acuerdo con las leyes del mercado, se convierte en muy valiosa.

En Google, explica Giraldo, no hay una estructura jerárquica sino más bien plana. "Contratamos gente independiente, innovadora con visión de emprendimiento. Cada uno dispone de sus horarios de trabajo. Claro que hay funciones que exigen determinada presencia física, pero la mayoría de la gente maneja el tiempo que necesita para hacer su tarea."

No es un tema menor preguntarse cómo maneja cada uno los errores de los supervisados. Si es motivo de horror o una oportunidad de aprendizaje.

domingo, agosto 20, 2017

Reduce tu diálogo interno: vive el aquí y el ahora


Si eres de esas personas que “se comen la cabeza” constantemente y viven un diálogo interno que no tiene fin, bienvenido al club de los rumiantes, del que muchos formamos parte aunque no seamos vacas. La velocidad a la que vivimos y las exigencias que nos planteamos a todos los niveles provocan que nuestra actividad mental sea mayor que nunca en la historia, con el resultado de agotamiento mental y físico, y la ansiedad disparada. En Las mañanas de RNE, hablamos de ello y exploramos algunas claves que nos ayudarán a aprender a calmarnos, a conocer la mente, a saber que un pensamiento solo es un pensamiento y no una verdad grabada en piedra. En síntesis, a cultivar una mente más clara.

Actualmente se calcula que un ser humano en el mundo desarrollado genera unos 70.000 pensamientos diarios, de los cuales más del 90 % se repiten, por lo que en realidad no solo no nos están aportando nada, sino que además nos mantienen con un elevado ruido mental casi siempre negativo. Por eso, el diálogo interno no deja de ser una especie de canibalismo, en el que nos “comemos” a nosotros mismos la cabeza sin ningún motivo. No hay nada malo en que estrujemos nuestro cerebro para aprender, para planificar el futuro, o para no volver a cometer errores. Sin embargo, el problema surge cuando confundimos ocuparnos de las cosas con preocuparnos por ellas. Piensa que todo el día alguien te estuviera diciendo que te has equivocado, que no sabes hacer bien nada, que quién sabe lo que habrá pensado de ti esa persona… Sería agotador y te haría muy infeliz, ¿verdad? Pues eso es precisamente lo que nos hacemos a nosotros mismos constantemente. Observa tus pensamientos como un científico, ¡te sorprenderán!

Pero tampoco te fustigues por mantener ese diálogo mental. Ese tipo de pensamientos rumiantes los tenemos todos. De hecho, es algo natural. El cerebro ha evolucionado muchísimo desde los primeros homínidos, pero realmente, más que evolucionar, lo que ha hecho ha sido ir añadiendo prestaciones, mientras que la parte más primitiva ha permanecido intacta. Eso hace que las alarmas que saltaban hace miles de años cuando existía la posibilidad de que nos atacara un mamut, hoy en día se activen, por ejemplo, cuando recibes la llamada de tu jefe. A esto se suma el problema añadido de que hemos desarrollado una parte nueva del cerebro que empezará a argumentar y buscar motivos sobre esa llamada, con lo que la actividad mental se multiplica en constante dimes y diretes, posibles catástrofes, ofensas, etc., que solo viven un nuestra mente, pero que nos agotan y merman nuestra felicidad y bienestar.

Los guiones favoritos del diálogo interno

Así pues, si vivir con este parloteo mental y sus emociones asociadas es algo natural y a todo el mundo le ocurre, no en todas las personas responden a los mismos motivos. En realidad existen cuatro razones por las que se dispara nuestro diálogo interno, y todos nos encuadramos en alguna de ellas o en varias:
  • Miedo a todo y por todo. Algunas personas experimentan un pensamiento muy divergente por miedo o inseguridad; intentan valorar constantemente todos los peligros, todas las alternativas y las posibles soluciones. Detrás hay un miedo profundo y antiguo que no son capaces de detectar ni de poner a raya.
  • Control de todo. Otras personas basan su diálogo interno en la necesidad de tener el control absoluto de todo. Esto hace que sientan más seguridad, pero la vida tiene una gran parte de incertidumbre y de misterio, y no se puede aspirar a controlar todo. Es fuente segura de insatisfacción y de malestar. Por mucho que se quiera controlar, siempre habrá algo que falle.
  • Adicción a la multitarea. La exigencia de funcionar en multitarea es otro motivo que puede disparar la actividad mental. Hay personas que prefieren o han aprendido a funcionar de esta manera y a hacer muchas cosas a la vez, por lo que su cerebro va “a mil por hora” y piensa muchas cosas a la vez. El peligro es la dispersión y la dificultad para centrarse en las tareas.
  • Obsesiones continúas. La última causa del diálogo interno, y la única que verdaderamente puede suponer un problema, son los trastornos obsesivo-compulsivos. Estos nos pueden llevar a dar excesivas vueltas a las cosas, en muchos casos realizando rituales como ordenar las cosas, o repetir una y otra vez un comportamiento… lo cual puede reducir momentáneamente la ansiedad, pero al rato la vuelve a hacer resurgir incluso con más fuerza.

Claves para reducir el ruido mental

Como vemos, apaciguar esa mente rumiante no es sencillo, pero sí es posible aprender y tomar algunas medidas para conseguirlo, o al menos para mitigar ese ruido mental que termina por agotarnos. Estas tres recomendaciones pueden resultarte muy útiles:
  • “Mejor fuera que dentro”. Es el primer consejo que podemos aplicar en muchos aspectos de nuestra vida emocional, y se trata de sacar esos pensamientos, de hablar, aunque estemos solos pero de forma consciente… Incluso puedes grabarte, y escuchando esos pensamientos te darás cuenta del surrealismo que hay en tu cabeza. Si lo enfocas bien puede ser hasta divertido y servirte para aprender sobre cómo piensas. En cualquier caso, simplemente apuntarlo, escribir para desahogarte, te ayudará mucho. Aplica el “mejor fuera que dentro” sobre todo si te vas a dormir. Ver esas preocupaciones, sacarlas de tu cabeza te ayudará a conciliar el sueño.
  • Para resolver un problema deja de pensar en el problema. En segundo lugar, recuerda que si quieres resolver un problema, lo mejor es dejar de pensar en ello. Esto deberíamos grabárnoslo en la cabeza. Cuanto más lo pensamos, más se bloquea nuestro cerebro; a nivel eléctrico produce las frecuencias que corresponden al estrés, y así no podremos resolver el problema. En ese momento el cerebro solamente se ocupa de protegerte. Es como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y no te viene… pero si dejas de pensar en ella, cuando menos te lo esperas, viene.
  • Ocúpate, entra en acción. El tercer consejo para reducir el diálogo mental es que te ocupes con cosas, que entres en acción. El movimiento hace que el cerebro deje de funcionar de la misma manera y no escuches tanto tus pensamientos. Por eso es también tan importante trabajar con el cuerpo, hacer deporte, bailar, concentrarte en la respiración… El motivo es muy sencillo: el cuerpo vive en el presente; mientras que la mente está en el futuro y en el pasado. Si te centras en tu cuerpo, estarás aquí y ahora. Y esta es la clave, estar aquí y ahora. Por eso técnicas como el mindfulness consiguen reducir la rumia mental hasta un 30 % cuando llevas unas ocho semanas de entrenamiento. Por tanto, es muy beneficioso trabajar con este tipo de técnicas que te anclan al presente.

En definitiva, hablar con uno mismo es algo natural y no tiene por qué ser un problema, no en vano, como dice el verso de Machado, “Converso con el hombre que siempre va conmigo -quien habla solo espera hablar a Dios un día”. Pero no dejes que ese diálogo interno se convierta en rumia agotadora y, ante todo, este verano disfruta del aquí y el ahora.

sábado, agosto 19, 2017

¿Cómo generar motivación en sus empleados para lograr los mejores resultados?


La alta rotación de personal es un problema el cual, en muchos casos, no se le presta la debida atención y que tiene efectos negativos en las organizaciones. No solamente afecta en el ambiente laboral, sino que también representa un impacto en la parte económica dado el costo considerable que implica. Por esta razón, resulta cada vez más necesario generar buenas prácticas para motivar a los empleados con el fin de evitar este tipo de situaciones y mejorar notablemente los resultados.

En los últimos años mucho se ha hablado de la prioridad que las organizaciones deben tener en contar con colaboradores competitivos y motivados que hagan efectivo el cumplimiento de sus objetivos. Esta tendencia está demostrando que un empleado motivado y enfocado en su trabajo es más productivo y, en consecuencia directa, ofrece un mayor rendimiento a la empresa.

Por ello, más allá de contar con buenas oportunidades de desarrollo dentro de la compañía, las organizaciones deben brindar estímulos o condiciones que fomenten la motivación en sus colaboradores logrando así empleados más comprometidos y productivos.

Revisar si los perfiles de los empleados son acordes con los cargos en los que se encuentran ubicados evitará que la desmotivación llegue a las personas que no se sienten valoradas o que por el contrario están sobrevaloradas y dará paso a una mayor productividad en las diferentes áreas.

Otra de las estrategias para conservar al capital humano es brindar capacitación y crecimiento dentro de la organización. Una empresa que gestiona adecuadamente los recursos humanos logra llevar un control sobre las necesidades que tienen sus colaboradores y sobre las nuevas oportunidades que les puede brindar a nivel profesional. La tecnología puede ser una aliada para llevar este control, obtener una visión integral sobre los profesionales que trabajan en la organización, entender y potencializar los talentos de las personas que trabajan en la misma.

Asimismo, tener a los empleados en cuenta para las decisiones que deben tomarse, dar reconocimientos respectivos cuando consigan el éxito de sus objetivos y trabajar en hacerlos sentir parte de la compañía, son acciones que contribuirán a aumentar el grado de motivación y en efecto se podrá conseguir reducir el nivel de la rotación del personal.

Mantener esta motivación en los empleados de una empresa, permitirá que la misma continúe creciendo en su mercado, garantizando mayor productividad y cumplimiento de objetivos.

viernes, agosto 18, 2017

El Proceso de Tres Pasos para Romper el Círculo Vicioso de Estrés y Frustración en el Trabajo


Annie Mc Kee en hbr.org del pasado 12 de julio plantea que si recordamos cualquier conflicto que haya tenido lugar en nuestro ambiente de trabajo seguramente consideraremos que el responsable ha sido nuestro incompetente jefe, un colega pasivo- agresivo o un compañero de otro departamento. Dedicamos una enorme cantidad de tiempo a quejarnos de ellos, a evitarlos o a enfrentarnos a ellos. Pero si queremos ser capaces de manejar los conflictos en el ámbito laboral deberemos comprender cuál es el papel que jugamos en ellos, ya que no suele haber un solo culpable, y qué podemos hacer para romper el círculo vicioso que comienza con frustración y estrés y finaliza con luchas internas en el lugar de trabajo.

Una dosis sana de frustración puede ser buena conduciendo a creatividad y determinación, pero desafortunadamente en lugar del obstáculo ocasional en el trabajo nos encontramos con que con frecuencia nos encontramos enterrados bajo una avalancha de problemas y podemos pensar que no contamos  con  los recursos necesarios para realizar nuestro trabajo, por lo que nos sentimos frustrados y responsabilizamos a la cultura de la empresa.

Si esta frustración continúa y se vuelve crónica puede transformarse en emociones destructivas, tales como la ira o el miedo, que nos informan de que estamos en peligro. Cuando la alarma suena nuestro cuerpo libera sustancias que garantizan que nos podemos mover rápido y nuestro pulso se acelera. Todos estos síntomas pueden no ser nocivos si se producen ocasionalmente porque nos pueden librar de daños potenciales pero si la frustración, el miedo o la ira se convierten en compañeros habituales en el trabajo nuestra salud se resiente, nos desconectamos del trabajo y nos sentimos infelices en él y nuestras mentes no trabajan adecuadamente.

El estrés va a alimentar el conflicto y éste engendra ira, resentimiento e infelicidad. Podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que el estrés en el fondo no es malo, ya que, de hecho, cuando actuamos bajo presión podemos tener un buen desempeño si se trata de tareas rutinarias. Pero cuando padecemos estrés crónico nuestras habilidades de pensamiento complejo, razonamiento y sociales sufren. Nuestra capacidad para procesar y utilizar información se compromete, así como nuestro juicio. Tenemos más dificultades para mostrarnos flexibles o abiertos a nuevas ideas y comenzamos a ver las cosas desde una perspectiva simplista. Reaccionamos exageradamente ante irritantes menores y todos y todo empieza a parecernos una amenaza. En este estado es más fácil que ocasionemos problemas a que los resolvamos, fundamentalmente en el campo de las relaciones.

En este punto es cuando el círculo vicioso se convierte en un bucle sin fin. No pensamos con sensatez, nos peleamos y conseguimos que los demás se sientan a disgusto en nuestra compañía. El estrés aumenta y nuestro razonamiento y comportamiento sufren todavía más.

La autora recomienda seguir un proceso de tres pasos para interrumpir este círculo vicioso y tener menos conflictos destructivos en el trabajo:

1.- SER CONSCIENTES DE NUESTROS SENTIMIENTOS Y REACCIONES ANTE LAS FRUSTRACIONES Y EL ESTRÉS. Si queremos romper el círculo de frustración-estrés debemos comenzar por reconocer aquellas causas que lo originan al hacer que nos sintamos asustados, amenazados o irritados. Esto parece sencillo pero normalmente colocamos la autoreflexión en el último lugar de nuestras tareas y no encontramos momento para abordarla. Si nos decimos a nosotros mismos que no tenemos tiempo o que no nos sentimos inclinados a trabajar en “nosotros mismos” nos mantendremos atascados en una mentalidad “bunker” en el trabajo. Por el contrario si sentimos la curiosidad y tenemos el coraje de tratar de descubrir qué tipo de situaciones y personas desencadena esta reacción desproporcionada podremos aprender a controlar mejor nuestras emociones.

2.- GESTIONAR CONSCIENTEMENTE NUESTRAS EMOCIONES. Una vez que hemos identificado las emociones que están dirigiendo nuestro comportamiento podemos utilizar una importante competencia ligada a la inteligencia emocional: el autocontrol emocional, lo que nos va a permitir canalizar nuestras emociones de forma que no nos quedemos atascados de forma negativa y gestionar nuestros sentimientos negativos, contemplar la realidad bajo una lente clara y dejar de reaccionar violentamente cuando nos sentimos amenazados.

3.- EMPEZAR A CONSIDERAR A LAS PERSONAS COMO PERSONAS Y NO COMO AMENAZAS. Si queremos minimizar el estrés y el conflicto en el trabajo debemos sustituir el lenguaje ”yo o mi” por “nosotros o nuestro”. Tenemos que dejar de considerar a los demás en términos de lo que podemos conseguir de ellos y reemplazarlo por lo que podemos ofrecerles. Este cambio generará menor estrés y emociones negativas y conducirá a la creación de relaciones más cálidas y amistosas en el trabajo.

McKee propone una serie de sugerencias para facilitarnos seguir estos pasos:

a).- Incorporar prácticas de atención plena a nuestra vida cotidiana, tales como yoga, meditación, ejercicios de respiración profunda o dar un paseo en solitario. Estas técnicas aportan un gran valor para desarrollar nuestra autoconsciencia, aprender a gestionar nuestras emociones y cortocircuitar las respuestas al estrés. Por ejemplo sólo unos momentos dedicados diariamente  en diversas ocasiones a respirar profundamente nos ayuda a aclarar nuestras mentes, a tranquilizarnos y a escoger nuestras acciones más conscientemente.

b).- Reservar tiempo para la autorreflexión.

c).- Apoyarnos en nuestra empatía y compasión naturales. La preocupación por los demás, la empatía y la compasión nos ayudan a sobrevivir y crecer. La autora recomienda que nos hagamos las siguientes preguntas para lograr comprender los puntos de vista de los demás:

¿Qué es lo que está pensando y sintiendo sobre esta situación?

¿En qué aspectos es distinto a mí y en cuáles es similar?

¿Qué puedo hacer para que se sienta mejor en esta situación y con respecto a mí?

No tenemos que olvidar que aunque resulte tentador culpar a los demás por lo que ocurre en nuestras organizaciones la mejor forma de conseguir que el trabajo resulte ser una experiencia agradable y productiva es apoyarnos en nuestra empatía natural, aprender a cuidarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean y a aceptar la responsabilidad de nuestros sentimientos y acciones.

jueves, agosto 17, 2017

Todo lo que le dará un empleo y que vale más que un título

Donald Draper (Jon Hamm), de pie en el centro de la imagen, es director creativo de una agencia de publicidad en 'Mad Men'.  Los personajes de esta serie de TV poco saben de este ejecutivo, cuyas habilidades personales son la mejor baza para atraer clientes y destacar en su trabajo por delante de las jóvenes promesas.

Las habilidades personales son el criterio que más se valora en un proceso de selección. Potenciar ésta y otras competencias como el trabajo en equipo aumentan las probabilidades de conseguir un empleo.

Experto en habilidades sociales, empatía y matrícula de honor en trabajo en equipo. Más de un reclutador contrataría con los ojos cerrados a un profesional graduado en unas capacidades que, en estos momentos, no garantizan ningún titulado cum laude. Un informe publicado por la OCDE y ManpowerGroup refleja que un 45% de los candidatos a un puesto quedó fuera del proceso de selección por carecer de estas habilidades sociales. Que la brecha entre universidad y empresa crece cada año es un hecho: las compañías tienen dificultades para encontrar determinados perfiles pese a una tasa de paro que roza el 20%. La tercera edición del informe EPyCE, un observatorio de los cambios y tendencias anuales en las competencias y posiciones más demandadas en el mercado laboral español, identifica el sector tecnológico como el principal demandante de talento.

Saber cuáles son las capacidades y habilidades que requiere el mercado laboral, y cultivarlas a lo largo de toda la trayectoria laboral son los ingredientes de la fórmula mágica de la empleabilidad, lo que mantiene el atractivo laboral de los profesionales.

Equipaje imprescindible

El último Índice de Competitividad por el Talento Global de Adecco confirmaba este año la necesidad de incorporar talentos más suaves como la creatividad, la adaptabilidad y la capacidad de compartir ideas y trabajar en equipo.

Otro informe de este grupo de recursos humanos concluía que las habilidades personales constituyen, con un 92,5%, el criterio que más pesa en el proceso de selección de un candidato. Le siguen el encaje cultural, las actitudes, las competencias transversales, las actividades extracurriculares, las habilidades técnicas y, en séptimo lugar, la especialidad y los másteres.

Una percepción que también refuerza la última investigación de la escuela de negocios EAE: las personas que se adapten al cambio con más facilidad, las que tengan mayor capacidad de análisis, las resolutivas y creativas que sepan motivar y gestionar equipos son las que alcanzarán el éxito.

En los perfiles más senior la capacidad más valorada es el liderazgo,
seguida de la visión estratégica

Estas habilidades difieren en función del perfil del candidato a un puesto. Según el informe EPyCE, entre los senior se impone el liderazgo como la competencia más valorada en la actualidad y en un futuro próximo; le sigue la visión y la orientación estratégica. En el caso de los más jóvenes, las empresas demandan compromiso, trabajo en equipo e innovación, por encima del dominio de idiomas.

Trabajar diferente

Lo más interesante de este panorama laboral es que los profesionales tendrán que acostumbrarse a trabajar de otra manera, aquella que demandan las organizaciones para ser más competitivas. El trabajo en equipo, la creatividad, el espíritu emprendedor y la colaboración son sólo parte de las reglas del juego, los actores principales de un telón de fondo que marca los comportamientos de la convivencia laboral. Sodexo trabaja con más de 10.000 compañías repartidas en 80 países, y las ha tenido en cuenta para elaborar 2017 Global Workplace Trends, un análisis que le ha permito identificar diez tendencias que cambiarán la forma de trabajar. La primera de ellas es la agilidad, entendida como la capacidad para delegar y compartir responsabilidades; le sigue la colaboración, que tiene su reflejo en oficinas diseñadas para compartir espacio y recursos; el 'design thinking', que trata de poner al empleado en el centro de todo; y trabajar en un mundo sin fronteras.

El otro bloque lo componen la robótica, que plantea la obligación de compartir tareas con compañeros que no son de carne y hueso; el reto de convivir con varias generaciones; la cultura del bienestar; el 'personal branding', la marca que nos diferencia como profesionales; el compromiso de los empleados con el desarrollo sostenible; y, por último, el entendimiento con los 'Millennials' (nacidos entre 1980 y 1995), la generación que ha sabido coger el testigo del cambio que anticipó la Generación X.

Adaptación

Mimetizarse con el entorno, ser uno más desde el primer día es la clave de la adaptación, una cualidad imprescindible para sobrevivir en un contexto laboral en el que lo de ayer es historia y el futuro se impone casi como el presente.

miércoles, agosto 16, 2017

Los rasgos que caracterizan a una persona con alta inteligencia emocional


La inteligencia emocional cada vez se valora más en el ambiente laboral. Se trata de un conjunto de rasgos personales que te diferenciarán del resto. Y tú, ¿tienes alta inteligencia emocional?

Tradicionalmente eran considerados más inteligentes aquellos individuos con mayor coeficiente intelectual; no obstante, el paso de los años ha revelado otro tipo de inteligencia más ligado al comportamiento social.

Se trata de lo denominado inteligencia emocional, una cualidad calificada como intangible pese a su elevada relevancia.

Aquellos con mayor inteligencia emocional están capacitados para gestionar las emociones propias y ajenas. Influye en la manera en la que nos comportamos y nos enfrentamos a retos en sociedad; así, también afecta a nuestra capacidad de decisión y de lograr resultados positivos.

Elon Musk da una lección de inteligencia emocional el trabajo

En un artículo publicado en el Huffpost, Travis Bradberry, coautor de ‘Emotional Intelligence 2.0’, reveló los rasgos propios de una persona con alta inteligencia emocional:
  • Clasificas mejor tus emociones: Al parecer tan sólo un 36% de las personas saben interpretar e identificar correctamente sus emociones. Carecer de esta habilidad provoca que las decisiones se tomen irracionalmente en base a una emoción identificada equívocamente. Por ejemplo, algunos individuos con menos inteligencia emocional tal vez describan su sentimiento como “malo”, mientras que otros serán más específicos empleando términos como “nervioso”, “frustrado” o “irritable”.
  • Sientes curiosidad por las personas: La curiosidad puede equivaler en muchas ocasiones a la empatía, una de las principales claves para tener alta inteligencia emocional. Cuanto más te preocupes por las personas y su situación, más curiosidad sentirás.
  • Aceptas los cambios positivamente: Saber adaptarse a los cambios es clave para tener inteligencia emocional. Las personas más inteligentes emocionalmente saben que el miedo a cambiar sólo les frenará, y se enfrentan al mismo eficazmente.
  • Sabes cuáles son tus fortalezas y debilidades: Conocer bien tus puntos fuertes, así como los más débiles, significa que eres una persona con inteligencia emocional. Así, es importante también que identifiques qué ambiente y situación favorece tu desempeño.
  • No te ofendes fácilmente: Sabes quién y cómo eres, así que es difícil ofenderte. Tomarse las cosas con humor suele ser clave en una persona con inteligencia emocional.
  • Eres muy intuitivo: Sabes interpretar a las personas, entender cómo son y las circunstancias por las que están pasando.
  • Sabes cómo decir que ‘no’: Las personas con inteligencia emocional suelen caracterizarse por ser racionales e identificar su límite. Saber decir que ‘no’ es síntoma de autocontrol y organización, ya que de lo contrario posiblemente te sometas con mayor frecuencia a situaciones estresantes.
  • Menos cafeína, más dormir: La cafeína provoca que estés más nervioso, permitiendo que tus emociones dominen tu comportamiento. Las personas con inteligencia emocional tienden a evitar las bebidas con alta dosis de cafeína y en cambio se aseguran de dormir y descansar bien.
  • No te atascas en tus errores: Si tienes inteligencia emocional probablemente tengas mayor capacidad para aceptar tus fallos. Esto no implica que te olvides de ellos por completo, más bien aprendes de los mismos y los tienes en mente para no repetirlos en el futuro; pero el fracaso no te frena, más bien te motiva a ser mejor. Así, tampoco buscas la perfección, sino te centras en lo que has logrado y lo que conseguirás más adelante.
  • Dar sin recibir a cambio: Pensar en el resto sin esperar nada a cambio es un rasgo muy característico de las personas con inteligencia emocional.
  • Sabes tratar con las personas tóxicas: Obviar una actitud negativa es muy complejo, pero se trata de una característica fundamental en una persona con inteligencia emocional. Generalmente suelen identificar sus propias emociones y no dejar que las de la otra persona influyan negativamente en ellas. Así, intentan ponerse en su lugar para entender y manejar la situación mejor. Si tienes dificultades con este aspecto descubre cuáles son las claves para lidiar con tu compañero que no sabe trabajar en equipo y adopta técnicas para calmar discusiones en el trabajo.
  • Aprecias lo que tienes: Ser agradecido por lo que tienes mejora tu humor notablemente, un rasgo propio de las personas con inteligencia emocional. Así, suelen evitar detenerse en los pensamientos negativos, ya que cuanto más importancia les das, más poder tendrán.
  • No permites que nadie disminuya tu felicidad: Si te sientes satisfecho con tu labor, las opiniones negativas del resto no te influirán tanto. Tiendes a no compararte con los demás y sabes cómo tomarte una crítica constructiva.
Christiane Drummond