Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

miércoles, junio 06, 2018

Claves para Construir un Liderazgo Resiliente



Jesse Sostrin en strategy+business del pasado 22 de mayo plantea que la resiliencia es un acto de desafío. Un momento de resiliencia es nuestra oportunidad de encararnos con la adversidad y decir: “Hoy no. No voy a  paralizarme o a reducir mi potencial para sacar el máximo provecho de esta oportunidad”.

Desafortunadamente, para muchos líderes sometidos a un cambio constante, a la ambigüedad creciente y a la complejidad del mundo de las organizaciones actuales es la adversidad la que toma el control y les dice:”Sí. Voy a cambiar tus planes, voy a interferir en tus progresos, voy a hacer que te cuestiones tus metas y me aseguraré de boicotear tu seguridad en el camino”.

La buena noticia es que la resiliencia es una capacidad que puede ser desarrollada a través de la observación intencionada y la práctica. Sostrin propone seguir estas tres estrategias para lograrlo:

1.- Diseñar un plan. Nuestra propia resiliencia influye en todo en nosotros desde en  nuestra capacidad de resolver problemas e innovar hasta en nuestro bienestar físico, mental y emocional. La resiliencia es como una supercompetencia que interviene en otras de las que necesitamos para trabajar y liderar bien.

Una vez que hemos internalizado la importancia de construir y mantener nuestra propia resiliencia debemos diseñar un plan para manifestarla y deberemos trabajar en él de forma constante.

Existen diversos enfoques que nos ayudan a entender la naturaleza de la adversidad y nuestra respuesta ante ella. Entre ellos está el “Cociente de Adversidad” desarrollado por Paul G. Stolz que mide nuestra resiliencia en función de la fortaleza de 4 factores que son:

a).- El control o grado en que pensamos podemos influir en lo que va a ocurrir.

b).- La decisión personal de hacer algo, aunque sea mínimo, para mejorar la situación. 

c).- El alcance o grado en que la adversidad puede extenderse a otras facetas de nuestra vida o de la situación (el trabajo afectando la vida personal, por ejemplo).

d).- El tiempo que percibimos que la situación se puede prolongar.

Debemos comenzar por ser conscientes de nuestra respuesta en el momento en el que surge la adversidad y trabajar estas cuatro dimensiones, una a una, para asegurarnos de que no perdemos la oportunidad de mejorar la situación.

2.- Vencer la batalla interna. Tim Gallwey desarrolló el concepto del “juego interno” en su trabajo con atletas y líderes de diversos sectores, al descubrir que el desempeño se ve enormemente influido por la forma en la que las personas gestionan sus patrones mentales en los momentos de acción críticos.

Todos los líderes experimentan una batalla interna entre los pensamientos destructivos y constructivos, actitudes y creencias que sutilmente, pero poderosamente, modelan sus comportamientos y en última instancia sus desempeños. La adversidad es una de las fuerzas predominantes en ese juego.

Por ejemplo cuando nuestro patrón mental produce ruido en forma de dudas, creencias limitantes, falta de concentración  o destellos de miedo, éste interfiere en nuestros procesos conscientes de toma de decisiones. Si queremos enfocar nuestro juego interno correctamente deberemos acallar este ruido y reducir su interferencia para recobrar el control y restaurar la integridad de nuestro diálogo interno que nos conducirá a realizar mejores actuaciones. Pero si la adversidad incrementa nuestro sentido de urgencia y confusión las interferencias de nuestra mente ansiosa pueden sabotear rápidamente aquello que estamos intentando conseguir.

3.- Controlar las microadversidades. Las grandes adversidades son las que suelen llamar la atención: “nuestra compañía acaba de venderse”, “Nuestro competidor consiguió el encargo”, “ a un compañero le han diagnosticado una enfermedad grave”,… Aunque éstas tienen el potencial para reformular el enfoque de nuestras vidas no es necesariamente el mejor punto para comenzar a construir nuestra resiliencia. La mejor estrategia consiste en equilibrar  y abordar las microadversidades diarias (rechazaron una de mis ideas, mi jefe me ha encargado un proyecto que no me gusta demasiado,….) para ir incrementando nuestra resiliencia y encontrarnos en una mejor posición cuando surja una adversidad más importante. 

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