Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

sábado, mayo 02, 2020

Cómo Convertir las Ideas en Realidades

Charlie Gilkey en “Start finishing. How to go from idea to done”  presenta un método de 9 pasos para convertir una idea en un proyecto por medio del reconocimiento y afrontamiento de los desafíos que puedan surgir y una planificación y programación realista. El autor parte de las siguientes premisas:

a).- No realizamos ideas, hacemos proyectos.
b).- Un proyecto es algo que requiere tiempo, energía y atención para poder completarlo.
c).- Crecemos cuando hacemos nuestro mejor trabajo.
d).- Nuestras vidas personales y carreras profesionales están marcadas por segmentos de tres a cinco años que pueden considerarse proyectos.  
e).- Los proyectos son como espejos porque nos reflejan lo que realmente está ocurriendo en nuestros mundos internos y externos. Son puentes porque solo al abordarlos estamos creando los caminos que debemos transitar.
f).- Cualquier aspecto de nosotros requiere un mantenimiento en forma de proyectos.
g).- Podemos crear nuevas realidades para nosotros mismos pero solo si abandonamos la idea de que somos exclusivamente defectuosos.

Si imaginamos nuestra vida como si fuese dos rebanadas de pan de un sándwich nuestra visión, misión, propósito y grandes metas compondrían la rebanada de arriba y nuestra realidad cotidiana la de abajo. Para muchas personas existe un amplio espacio entre ambas lo que va a hacer que se forme un “sándwich de aire”. En realidad entre las dos rebanadas existen 5 tipos de desafíos que se combinan entre ellos para conseguir evitar que dediquemos nuestros días a trabajar en lo que más nos importa. Éstos son:

1.- LA COMPETENCIA ENTRE PRIORIDADES

Nuestras vidas con frecuencia se enfrentan a diversas fuerzas que tiran de nosotros en direcciones distintas para intentar hacer realidad nuestros deseos. Por ejemplo nuestro rol como padres requiere que hagamos cosas que pueden dificultar nuestras tareas profesionales. Tenemos pues, diversas prioridades que entran en competencia.
No todos nuestros deseos se convierten en prioridades pero los más profundos si van a condicionarlas y cuando se convierten en prioridades van a competir entre si.
Otro aspecto a tener en cuenta es  que, con frecuencia, nuestras prioridades no responden a nuestros deseos  o nos resultan casi invisibles, como puede ser el caso de la importancia desmesurada que podemos conceder a mantenernos en contacto con determinadas personas, priorizando esta actividad sobre otras que realmente nos importan más.

2.- LA BASURA MENTAL

Todos poseemos en nuestro cerebro nuestra basura individual basada en nuestras experiencias personales, historias que nos contamos y contextos. Aunque es cierto que en gran parte se origina en nuestra infancia podemos recolectar, también, en gran cantidad de adultos. Por ejemplo después de una temporada en la que no hemos sido capaces de crear planes que funcionen en el trabajo podemos decirnos a nosotros mismos que no somos buenos planificadores o que somos “creativos” y por eso somos incapaces de diseñar y seguir un plan.
Muchos de nosotros terminamos aferrados a historias que apoyan la idea de que somos defectuosos en varios aspectos y terminamos cumpliendo nuestra propia profecía.
Cuando la expresamos abiertamente vemos que es absurda porque la contemplamos como lo que realmente es. Es la versión adulta del monstruo debajo de la cama y su poder sobre nosotros reside en que la mantengamos en la oscuridad y no la afrontemos.

3.- LA AUSENCIA DE PLANES REALISTAS

Muchas personas tienen planes pero no son realistas. Otros carecen de ellos porque piensan que nos son importantes o porque no son de los que planifican o porque confunden un deseo o una idea con un plan y por tanto no llegan a ninguna parte.
Para vencer la situación creada de “sándwich de aire” deberemos conectar nuestra visión, propósito y metas principales con nuestra realidad cotidiana y el tipo de proyectos que lo permite son los que son realistas.

4.- LA ESCASEZ DE RECURSOS

Muchos de nosotros aplazamos la realización de nuestros mejores proyectos porque pensamos que tenemos muy pocos recursos para alcanzar nuestras metas (si tuviésemos más dinero comenzaríamos ese proyecto o si tuviésemos tiempo escribiríamos ese libro, por ejemplo).
Mientras tanto nos distraemos siguiendo caminos que no nos llevan necesariamente hacia los recursos que necesitamos y aunque fortuitamente éstos nos ofrezcan los recursos que necesitamos con frecuencia no somos capaces de verlos porque no estamos abiertos a verlos.
La recomendación de Teodoro Roosevelt “haz lo que puedas, con lo que tengas” parece también que no tiene que ver con nosotros porque “lo nuestro” requiere mucho más para empezar que lo que tenemos con lo que dejamos que lo que no tenemos nos impida crear con lo que tenemos.

5.- LA MALA ALINEACIÓN DEL EQUIPO

Impide que todos se centren en las metas compartidas. Puede ser que ocurra porque sus miembros son los equivocados y por tanto sentimos miedo de expresar nuestros deseos, necesidades y sueños. En otros casos puede ser porque los desconocemos y estamos esperando que nos llegue la inspiración. Mientras tanto cada uno puede ir siguiendo su propio camino y si nos unimos será a costa del nuestro.
Cada uno de nosotros lucha con uno o dos de los 5 desafíos mencionados más que con el resto, pero a muchos de ellos nos enfrentamos a la vez y puede ocurrir, por ejemplo que como “hemos aprendido” que no somos planificadores (basura mental) no tenemos un buen plan realista para que nuestro proyecto funcione y, por tanto, no somos conscientes de que hay formas menos ambiciosas de comenzar (escasez de recursos) y personas a nuestro alrededor que nos podrían ayudar (mala alineación del equipo).
Aunque una cosa al tiempo es una recomendación prudente normalmente no sirve para abordar estos desafíos. Podemos enfrentarnos a todos intencionadamente trabajando sobre uno y encararnos a los demás. En el ejemplo anterior si reconocemos que no existe el “tipo planificador” (o que nosotros podemos serlo) podemos empezar a diseñar planes realistas que utilicen los recursos que tenemos a nuestra disposición contando con la ayuda del resto del equipo.

Gilkey propone 5 claves para liberar nuestro mejor trabajo y vencer las limitaciones anteriores y eliminar el “sándwich de aire”. Éstas son las siguientes:

1.- INTENCIÓN. Debemos comenzar por el por qué teniendo la finalidad en mente. La mayor parte de nuestras conversaciones sobre el propósito se anclan en la intención. La creencia es que si lo conocemos la forma en que empleamos nuestros días será más intencional. Si no nuestras acciones no tendrán un sentido y mostrarán nuestra desorientación.
Para diseñar un plan debemos marcar una meta. Los planes y metas son intenciones sobre la forma en que utilizaremos o no lo haremos nuestro tiempo y sobre lo que es importante para nosotros.

2.- CONSCIENCIA. “Conocerse a sí mismo” es un principio fundamental que aparece en la mayor parte de las teorías filosóficas en todo el mundo desde Sócrates a Lao Tzu o desde Buda a la Biblia. Es muy importante, por ejemplo, porque cuando planificamos para realizar nuestro mejor trabajo debemos tener planes sobre qué cantidad de tiempo y energía tenemos a nuestra disposición. El trabajo profundo y creativo requiere un cierto tipo de energía.
Es necesaria para conocer cuál es nuestro mejor trabajo y para percibir como nuestras emociones y presencia varían mientras lo realizamos.

3.- LÍMITES. Algunos son positivos al crear espacio para algo y otros negativos que nos alejan de algo. Los límites sociales, por ejemplo, son negativos al centrarse en los comportamientos que aceptamos de los demás (que pueden ser muy limitantes) y cómo responderemos para crear un espacio lejos de ellos. Un espacio social positivo sería el que creamos para nuestros niños, pareja o amigos.
Si no establecemos límites para nuestro mejor trabajo y para las cosas que nos impiden realizarlo, éste se verá siempre desplazado por otras cosas.

4.- VALENTÍA. Es más importante que el talento para finalizar aquello que más importa ya que una acción valiente puede generar talento mientras que el miedo nos mantiene atascados en los confines del ayer.
Cada día que elegimos hacer nuestro mejor trabajo, iniciamos o participamos en conversaciones complicadas, mantenemos límites positivos o compartimos nuestro mejor trabajo con otros es un día en que estamos demostrando nuestro valor.

5.- DISCIPLINA. Canaliza nuestra energía hacia acciones constructivas y que tienen un sentido. Una falta de disciplina difumina nuestra energía en actividades que pueden resultar muy destructivas. Los hábitos representan la automatización de la disciplina y son fruto de la práctica y la constancia. Por ejemplo seleccionar menos proyectos para poder finalizarlos requiere disciplina, si aceptamos muchos no podremos realizar un progreso adecuado en ninguno de ellos. Gran parte de nuestra resistencia hacia la disciplina es fruto de la asociación que con frecuencia hacemos en nuestras mentes entre disciplina y dolor o castigo en lugar de con felicidad o placer, en gran manera consecuencia de que desde nuestra infancia hemos vivido la disciplina como un castigo o algo doloroso. La realidad, en cambio, muestra que por ejemplo entre los creativos son con frecuencia los más disciplinados. Una rutina mantenida matutina elimina la necesidad de realizar múltiples elecciones todos los días, lo que libera energía mental y creativa que puede impulsar nuestro mejor trabajo.

Ser disciplinado implica, según James Clear, comprometernos con lo que es importante para nosotros en lugar de decir que algo es importante para nosotros. Consiste en comenzar cuando lo que más nos atrae es parar, no porque queremos trabajar más sino porque nuestro objetivo es lo suficientemente importante para nosotros que no solo lo abordamos cuando es conveniente. Consiste en transformar nuestras prioridades en realidades. No significa que seamos adictos al trabajo sino que sabemos liberar tiempo para hacer lo que nos importa, especialmente cuando no nos sentimos muy motivados, en lugar de interpretar el papel de víctimas y dejar que la vida pase de largo sin ser protagonistas.


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