El modelo de
liderazgo que muchos de nosotros conocemos y practicamos ha muerto.
Actualmente, ser líder tiene poco o nada que ver con tu nivel de autoridad, conocimiento o con tu capacidad para dirigir,
controlar o influenciar el accionar de otros. Seguramente en el pasado era
esperado que un líder tuviera claro el camino e inspirara a otros a seguirlo, y
quizá por ello la cita de John C. Maxwell de que un líder conoce el camino,
recorre el camino y muestra a otros el camino.
Esto pudo ser cierto en tiempos pasados, pero la realidad
actual es excesivamente dinámica e inestable para que cualquiera pretenda poder
pronosticarla. El futuro es incierto y nadie sabe realmente qué retos nos
depara. Quien pretenda saberlo está mintiéndose a sí mismo y/o a los demás.
Así las cosas, las características asociadas con el concepto
de liderazgo: visión, temple, asertividad y carisma son insuficientes y, en
ocasiones, erróneas para estos tiempos modernos. En lugar de ellas, el mundo
actual exige un liderazgo distinto,
basado más en la capacidad de empoderar
a otros, que en brindarles respuestas certeras a los problemas que
enfrentan; más con ser un coach que un director de orquesta; más con ser un
amigo cercano que una figura paterna.
El liderazgo que se requiere actualmente, pienso yo, tiene
que ver con algo que Ronald A. Heifetz,
célebre profesor, autor y conferencista, llama “devolverle el trabajo a la
gente”. Este concepto, diametralmente opuesto a la idea de que el líder tiene
todas las respuestas requeridas, asume que las respuestas a los problemas
existentes no se conocen, y que únicamente la sabiduría colectiva y emergente
del grupo (léase equipo) es capaz de crearlas.
Retos técnicos vs.
Retos adaptativos
En el pasado vivíamos en un mundo predecible y en gran
medida estático. Por ende, el líder, con su vasta experiencia, conocimiento y
aplomo, era capaz de liderar a los seguidores hacia la visión deseada.
Actualmente vivimos en un mundo en el que las soluciones, e incluso los
problemas, son desconocidos, y es por esta razón que debemos adaptarnos
constantemente a la situación para poder sobrepasar los retos que enfrentamos.
Un reto técnico tiene una solución experta; un reto adaptativo tiene múltiples soluciones, las cuales varían
dependiendo del contexto en que la problemática existe.
Líder magnánimo vs.
Líder humano
Anteriormente, era común e incluso deseable que el líder fuese magnánimo, casi mítico. De
esta manera, las personas admiraban al líder a tal grado que percibían sus
ideas, palabras y acciones como decretos, y así el líder podía crear una
estrategia a largo plazo y los seguidores seguirla hasta su realización. En la
actualidad, las estrategias deben cambiar frecuentemente, casi de manera
constante, y es por ello que más que el líder todo poderoso de antaño, hoy día
se requiere un líder humano que fomente el constante
intento y error, la paciencia, tolerancia y empatía que se requieren para
equivocarse una y otra vez y seguir adelante en el intento.
Líder seguro vs.
Líder humilde
De manera similar, el líder sumamente seguro que conocemos,
no solo se percibe actualmente como arrogante, sino como un farsante. Ante los
retos adaptativos que existen, un líder debe ser lo suficientemente humilde
para saber que no lo sabe todo, que
depende de los demás, y que el mérito de los logros reside en la gente, no en
él.
Líder distante vs.
Líder cercano
El líder del pasado solía ser distante, y quizá ciertamente
debió ser así puesto que su conocimiento, experiencia y carácter superiores lo
colocaban sobre un pedestal. No es
de extrañarse, entonces, que ese líder fuese distante y que dirigiera la
sinfonía o “el partido” desde las gradas o la línea de banda. En la actualidad,
el líder debe estar cercano a las personas, alentándolas en el camino y apoyándolas moralmente ante cualquier
tropiezo o caída.
Líder fuerte vs.
Líder vulnerable
Por último, yo afirmo que el líder fuerte, al menos como
entendemos o entendíamos fortaleza, ha caducado. Un líder efectivo en estos
tiempos modernos e inciertos necesita ser vulnerable, de manera que les enseñe
a otros, mediante su ejemplo, que fortaleza
no implica no equivocarse o titubear, sino que fortaleza tiene que ver con
nuestra capacidad de caernos, aceptar que nos caímos, y levantarse una y otra
vez hasta lograr el cometido.
Quizá lo único que no ha cambiado, como nos enseñó el gran
Stephen Covey, y que se requiere hoy más que nunca, es la base moral del líder. Existen algunos principios o valores
constantes que siempre rigen y regirán el carácter del ser humano,
especialmente en el mundo tan complejo que vivimos. Algunos de ellos son
integridad, honestidad, respeto, dignidad, empatía y confianza. Un líder debe
siempre regirse y enseñar con el ejemplo estos principios.
Stephen Covey nos recomienda lo siguiente: “Inicia cada día
con el mapa de tus valores más profundos firmemente en tu mente, y así, cuando
los retos vengan, tomaras las decisiones que debas tomar con base a dichos
valores”.
Eduardo Lan, es
empresario, consultor y coach de negocios.
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