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lunes, agosto 30, 2021

Los riesgos de quemarse en una economía caliente

Hasta ahora, en una prueba en el mundo real de un nuevo enfoque de política económica, los precios han estado subiendo más rápido que los salarios.

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, es partidario de "recalentar" la economía de ser necesario para acelerar el crecimiento y la recuperación en la pospandemia.

Una idea poderosa de política económica ha escalado posiciones en los últimos años. Se pueden lograr grandes cosas para los trabajadores si se permite que la economía se caliente.

La noción de crear una economía “de alta presión” es que el gobierno debería estar dispuesto a arriesgar un poco de inflación en el corto plazo para lograr condiciones que, en el largo plazo, sacarán a la gente de la pobreza, evitarán que las cicatrices de las recesiones sean permanentes y fortalecerán el potencial económico del país.

Esta idea tiene sus orígenes en un trabajo de Arthur M. Okun de 1973 y fue confinada fundamentalmente a conferencias de especialistas en la década pasada. Hoy constituye el sustento intelectual de la política económica de Estados Unidos, apoyado en las más altas esferas por el gobierno de Biden y la Reserva Federal.

Representa una prueba en el mundo real de un nuevo enfoque de política económica. Los resultados hasta el momento muestran que pisar el acelerador económico al máximo tiene ventajas y desventajas, específicamente la combinación de billones en gasto federal con tasas de interés mantenidas en casi cero. Si bien esta combinación generó algunos efectos beneficiosos de importancia, el verano de 2021 no produjo la economía de alta presión que sus seguidores esperaban.

La buena noticia es que abundan las vacantes de trabajo, las remuneraciones de las personas en el extremo inferior de la escala salarial están subiendo rápidamente, y, al parecer, la recuperación pospandemia no será como el arduo camino que siguió a las tres recesiones anteriores.

Pero los precios al consumidor estuvieron aumentando más rápido que los salarios medios, lo que significa que, en promedio, los trabajadores están viendo que cae su poder adquisitivo. A quienes quieren comprar un auto o construir una casa o adquirir otros productos les resulta difícil hacerlo. Y aunque mucho de eso refleja las interrupciones temporarias de suministros que disminuirían en los próximos meses, otras fuerzas podrían hacer que los precios sigan subiendo. Esto incluye alquileres en alza y efectos retrasados de los precios más altos de empresas que tienen que pagar mayores salarios.

A diferencia de la evolución lenta de los sucesos en la década pasada, cuando los debates sobre calentar la economía tomaron forma, ahora las cosas se están moviendo tan rápido que es difícil determinar cómo estarán cuando las condiciones se estabilicen.

Sin embargo, “creo que llegarán los beneficios de llevar adelante la estrategia de apuesta por el crecimiento”, dice Josh Bivens, director de investigación del Economic Policy Institute y partidario de los funcionarios que apoyan la economía de alta presión, al destacar la excepcionalmente alta creación de puestos de trabajo en los meses recientes.

Una visión más tradicional argumenta que es imprudente que las autoridades traten de bajar tanto el desempleo, porque esto generará inflación. Esta postura perdió credibilidad con el avance de la década de 2010 - el índice de desocupación cayó aún más bajo, con pocas señales de un salto inflacionario.

Pero si bien el tenso mercado laboral desde 2017 hasta 2019 generó fuertes reacomodamientos salariales ajustados por inflación para los trabajadores, especialmente para los de más bajos ingresos, no hay nada automático en ese proceso. En una economía floreciente, si las empresas suben los precios más rápido que los salarios del personal – tomando el mayor aumento de precio de los productos que venden-, significará que los empleados efectivamente están ganando menos por hora trabajada.

En el pasado, se dieron ambas situaciones. En las economías fuertes de fines de los 60 y fines de los 90, las remuneraciones promedio por hora para trabajadores no directivos persistentemente subieron más rápido que la inflación. A fines de los 80, ocurrió lo contrario.

Y ahora sucede otra vez. Según datos del Índice de Costo del Empleo, los sueldos y salarios en el sector privado aumentaron 3,6% en el segundo trimestre respecto de un año antes, el mayor incremento desde 2002. Pero el Índice de Precios al Consumidor subió 4,8% en ese mismo período, lo que significa que los trabajadores perdieron terreno. Otras mediciones de compensación e inflación cuentan una historia similar.

Una gran pregunta es si la inflación alta es simplemente una consecuencia inevitable de la reapertura de la economía tras la pandemia, o si es, al menos en parte, un resultado del uso agresivo de una política fiscal y monetaria para calentar rápidamente la economía.

Por ejemplo, los precios de los automóviles se dispararon, según los analistas, principalmente debido a la escasez de microchips provocada por las decisiones de producción que se tomaron durante la pandemia. ¿Pero es parte de la escalada de precios también un resultado de la fuerte demanda, impulsada por los cheques de estímulo que envió el gobierno y las bajas tasas de interés que abaratan los préstamos para autos?

Jason Furman, economista de Harvard y ex presidente del Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca, señala que Estados Unidos está experimentando una inflación significativamente más alta que otros países que enfrentan los mismos problemas de abastecimiento. Los precios al consumo subieron 2,2% en el año que culminó en julio en la eurozona, frente al 5,4% en EE.UU. “Mi conjetura es que el crecimiento del salario real está mejor en Europa que en Estados Unidos, y le está yendo mejor porque hay menos demanda y, por ende, menos inflación”, dijo Furman.

La historia mejora cuando observamos cómo les está yendo a los trabajadores peor remunerados en Estados Unidos. La falta de trabajadores, especialmente en los sectores de servicios, se está traduciendo en aumentos para quienes no ganan mucho. Datos del Banco de la Reserva Federal de Atlanta muestran que los salarios medios por hora en el 25% de la población más pobre aumentaron a una tasa de 4,6% el año pasado, frente al 2,8% para el 25% más rico.

Y muchos de los beneficios de una economía caliente vienen en la forma de sumar más personas a la fuerza laboral y permitirles que trabajen más horas. Los empleadores han creado un promedio de 617.000 puestos de trabajo por mes en lo que va de 2021, versus 173.000 por mes en 2011, tras la crisis financiera mundial. Si se sostiene, Estados Unidos se encamina a volver a su nivel de empleo prepandemia dos años después que la recesión terminó. En la recesión anterior, el país tardó cinco años en recuperarse.

Los partidarios de una economía caliente subrayan que una recuperación rápida es buena para reducir la desigualdad, en parte al asegurar que se generan muchísimas oportunidades laborales para que la gente no tenga que estar sin trabajo por largos períodos.

“Vemos que un estímulo constante y amplios programas de apoyo al ingreso están haciendo lo que se supone que deben hacer”, señaló J. W. Mason, miembro del Roosevelt Institute y defensor de calentar la economía. “Los números que deberíamos estar mirando son el crecimiento del empleo y del salario, especialmente entre los más pobres, y esas tendencias son positivas y alentadoras. Son las cifras que habríamos querido ver a comienzos del año”.

En los últimos años de la última expansión, los aumentos en el empleo fueron particularmente marcados en el caso de las minorías raciales, las personas con bajo nivel de educación, y gente con dificultades para ser contratada.

“Lo cierto es que cuando se lleva adelante una economía caliente, acceden al trabajo las personas que de otro modo no lo harían”, dice Furman. “Eso, en sí, es razón suficiente para querer implementar el calentamiento de la economía. Estamos diciendo que algunos de los trabajadores más vulnerables están siendo contratados, y esto es algo maravilloso”.

Sin embargo, incluso algunos defensores de calentar la economía ven un riesgo en que la magnitud y ritmo de las medidas de estímulo hayan sido excesivos.

Michal Stran, del American Enterprise Institute, es una de las voces de centroderecha partidarias de esta política. “Demasiado estímulo se vuelve contraproducente, porque la inflación erosiona las mejoras salariales o porque el sector de la oferta en la economía no puede seguirle el ritmo”.

Hasta quienes creen en una economía de alta presión, en otras palabras, harían bien en no perder de vista cuán alta está llegando a ser esa presión y qué tan sostenible es realmente.

Neil Irwin. The New York Times

Fuente: Clarín

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