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domingo, agosto 22, 2021

La era de los sesgos cognitivos y esos raros humanos nuevos

 El antropólogo Joseph Henrich investiga el mundo de los sesgos. Archivo

Se vive la era de los sesgos cognitivos, esos efectos psicológicos que dificultan procesar la información y llevan a distorsiones interpretativas y a juicios inexactos; esa irracionalidad que distancia al Homo sapiens del Homo economicus.

Los fallos registrados orillan los 200, pero si se refresca la lista de Wikipedia en un par de meses el número puede subir.

Tanto error humano lleva a la reflexión. ¿Acaso el Homo sapiens no es la cumbre de la evolución, la especie cuya capacidad intelectual lo deposita en la cima del mundo natural? La mejor justificación para los sesgos es que son conductas adaptativas surgidas hace cientos de miles de años, muy útiles hasta hace poco. Los tiempos desde la revolución industrial modificaron tan velozmente el contexto que el ser humano se encontró de súbito con cantidades de información imposibles de procesar con criterio, y con tentaciones que a nuestro cerebro paleolítico le cuesta rechazar.

La hipótesis adaptativa de los sesgos tiene una implicancia poderosa. Si la humanidad heredó estas conductas precipitadas, entonces la humanidad heredó estas conductas precipitadas. Sin rodeos literarios, si debemos los sesgos a nuestros ancestros, todos los humanos deberían exhibirlos por igual. La mayoría de los experimentos, sin embargo, pescan sesgos en estudiantes de universidades prestigiosas, un método que estadísticamente equivale a preguntarles a los vecinos del barrio si les tientan las medialunas, y concluir que la especie tiene problemas de gula.

Si bien hay sesgos universales, el antropólogo Joseph Henrich se puso a indagar si son iguales para todos. Si la respuesta es no, los experimentos sobre sesgos… bueno… estarán sesgados. Henrich, profesor de Biología Humana Evolutiva en Harvard, publicó el año pasado The WEIRDest People in the World (La gente más rara del mundo), donde revela que los más extraños del mundo son, irónicamente, aquellos sujetos experimentales universitarios. WEIRD es, además, una sigla que los caracteriza bien. La W indica Western (Occidental), la E es Educado, la I significa Industrializado, la R es por Rico, y la D por Democrático. Henrich no es un antropólogo de sillón; hizo trabajo de campo con los machiguenga en la Amazonia peruana, con los habitantes de la isla Yasawa en Fiji y con los mapuches chilenos. Esta experiencia, sumada a otras, lo llevaron a concluir que los sesgos humanos tienen rangos diversos, y que los WEIRD se ubican en un extremo de la distribución.

“Tanto error lleva a la reflexión, ¿acaso el Homo sapiens no es la especie cuya capacidad intelectual lo deposita en la cima del mundo natural?”

Henrich notó enseguida la importancia de estas ideas, porque los sesgos se asocian a la personalidad. Los WEIRD focalizan sobre sí mismos y su autoestima, son más pacientes, valúan el esfuerzo, y creen más en la existencia de una moral objetiva y universal, como si de leyes matemáticas se tratara. El resto del mundo, en cambio, confía más en la experiencia de sus mayores, tienen un pensamiento holista, perciben mejor los contextos, no suelen confiar exageradamente en sí mismos y no pierden demasiado tiempo en detectar lo que otros están pensando.

Para ver la diferencia, consideremos un experimento moral típico: el Dilema del Pasajero. Usted acompaña a una amiga en auto. Doblan por una calle aparentemente desierta a una velocidad bastante mayor a la permitida. De la nada surge un transeúnte y lo atropellan. La pregunta es si quien conduce tiene derecho a pedirle a usted, su amigo de toda la vida, que mienta en el juicio y testifique que viajaban dentro de la velocidad límite. Los estadounidenses, canadienses, australianos y escandinavos no dudan: más del 90% contestó que no. Pero en países no tan “extraños” como Venezuela, Corea del Sur o Rusia, el porcentaje no llega al 50% (en la Argentina, nuestra proverbial viveza criolla nos deposita en un intermedio 70%). Antes de sacar conclusiones éticas apresuradas, debe recordarse la naturaleza del dilema: favorecer una justicia universal para castigar a quien lo merezca, o ayudar a quienes nos importan más allá de normas legales que enfrían nuestro corazón.

Los estudios acerca de la confianza en los desconocidos muestran efectos asimilables: los WEIRD confían más en el prójimo desconocido, pero el resto se fía más del próximo conocido: familiares, vecinos y amigos.

La psicología WEIRD se asocia con un mejor desempeño económico, educacional y gubernamental en todos los niveles de comparación. Estas poblaciones tienen una mayor tasa de ahorro, mejor educación formal y capacidades cognitivas salientes en matemática, ciencia y lectura. En las regiones WEIRD predominan las instituciones con democracias estables, una definición clara de los derechos de propiedad y sistemas de justicia y seguridad que funcionan. La recomendación parece ser que para ser desarrollado es necesario ser paciente, individualista y confiado con los desconocidos, creando instituciones que propicien esta personalidad.

“Un antropólogo se puso a indagar si los sesgos son iguales para todos; si la respuesta es no, los experimentos sobre sesgos... estarán sesgados”

El problema, explica Henrich, es que estas conductas se cimentaron antes que las instituciones que las embeben. Su hipótesis es que ciertos desarrollos culturales durante la edad media (en especial protestantismo) modificaron la psicología de los WEIRD en primera instancia. La clave fue la mayor libertad para interactuar y seleccionar ideas, su aprendizaje generalizado y los cambios neurológicos que, tras ello, moldearon la conducta. La nueva psicología redobla las ventajas, porque personalidades que confían en el saber de desconocidos tienen la oportunidad de aprender más. Finalmente, estas normas sociales se solidifican en instituciones formales, cerrando así el círculo. Este fue el caldo de cultivo para el surgimiento de las ciudades y de la revolución industrial.

Esta visión irremediable y hasta aleatoria del desarrollo recuerda la hipótesis del genial libro de Jared Diamond: Armas, Gérmenes y Acero. Su tesis principal es que el eje horizontal de Eurasia permitió mantener un clima similar en vastos territorios, y por lo tanto un aprendizaje de las técnicas de supervivencia en todo el continente fácil de compartir, pues se repetían sin mucha modificación. En cambio, el eje vertical de América y su variabilidad de climas requería readaptar los conocimientos una y otra vez. En el largo plazo esto terminó con los europeos “descubriendo” América mucho antes de que los nativos americanos hicieran lo propio con Europa.

El Homo economicus, mientras tanto, sigue recibiendo novedades que lo hacen menos y menos representativo. Además de los sesgos, ahora es importante considerar su variabilidad a lo largo de diferentes culturas y regiones. En cuanto al desarrollo económico, los hallazgos de Henrich sugieren que la transmisión de la cultura WEIRD al resto del mundo puede resultar más difícil de lo esperado. Tiempos en los que la investigación interdisciplinaria parece más necesaria que nunca.

Pablo Mira

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