Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

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martes, junio 15, 2010

Solo el 17% del personal aplica sus talentos en su trabajo

En esta entrada, el Ph. D. Rubén Roberto Rico (Director de Total Quality Consulting Group y Presidente Internacional de SLADE), nos propone un valioso aporte para debatir.

Así como Pablo Piccaso sostuvo que “la inspiración existe pero tiene que encontrarte trabajando”, los resultados de varios estudios realizados demuestran que al 83% del personal no se le presenta dicho desafío de poder aplicar su talento en el trabajo. ¿Su empresa invierte, desarrolla y gestiona el talento, retiene y, además, lo reconoce? Tom Peters afirma: “Los profesionales no se van de las empresas; se van de los jefes.” Bueno, pero no solo no se lo aprovecha al talento; además se lo confunde con inteligencia. Analicemos también este aspecto.

Inconscientemente casi siempre cuando se menciona al talento se cree estar refiriéndose a la inteligencia. Tanto así es que, para una gran mayoría, una persona talentosa es una persona inteligente, lo cual no siempre es así. También, sorprendentemente, la psicología y la ciencia misma han tratado, en gran medida, todo lo atinente a la inteligencia, pero no han desarrollado el concepto de talento.

Daniel Goleman, a partir de su muy difundida obra Inteligencia Emocional, se adueñó del concepto y, a mi juicio, con mucho acierto fue terminante al aportar el significado de inteligencia emocional, sentenciando la validez del concepto que vinculaba la inteligencia con el coeficiente intelectual. Mi única discrepancia con D. Goleman se da cuando iguala en un todo, inteligencia y emociones. Y la verdad es que, aunque ambos convivan, son muy distintos. Mas aún, lo que D. Goleman denomina inteligencia emocional no es inteligencia, sino talento. Precisamente, la inteligencia emocional es la que administra en forma conjunta la inteligencia, las emociones, los instintos y el entorno para establecer un comportamiento adecuado. En verdad esta es una expresión de talento y no de inteligencia. Aunque el cerebro, que dirige a la inteligencia y al talento sea el mismo, inteligencia y talento no significan lo mismo. Analicemos las claras diferencias entre inteligencia y talento.

1.- Inteligencia
El término inteligencia tiene su origen en la voz latina Inter, que significa entre, y legere, escoger. Inteligencia es una facultad de la mente que localiza y construye alternativas, aprende y selecciona opciones. La inteligencia es un potencial, una facultad intelectual que procesa información que dispone o intuye, y que elige entre las opciones posibles para la creación, determinación y el logro de un fin. La inteligencia tiene un fuerte condicionante genético, aunque la educación, la experiencia y el esfuerzo influyen plenamente en su desarrollo. Asimismo, la inteligencia en un contexto inadecuado, o bien si no se la ejercita, no llega a materializarse o no surge. Muchos autores, como Howard Gardner, afirman que no existe un solo tipo de inteligencia. El citado autor dice que existe la inteligencia lingüística, lógico-matemática, espacial, corporal cenestésica, interpersonal, intrapersonal, para los idiomas, naturalista y musical. Aunque la memoria es una facultad que gestiona la inteligencia, la memoria y la inteligencia son también cosas distintas. Existen personas con una gran memoria, pero que no son inteligentes. La memoria no es sinónimo de inteligencia, sino que está al servicio de esta.

2.- Talento
El talento, en cambio, coordina la inteligencia, la creatividad, con los sentimientos, las actitudes, el entorno y el resto de las facultades, para lograr los comportamientos adecuados para cada caso. El talento, entonces, gestiona la suma de varias facultades, ocupándose del comportamiento y del potencial de acción o de la acción misma, según fuera el caso. En el talento conviven la inteligencia y las emociones. Talento tienen, por ejemplo, un pintor, un músico, Diego Maradona, Ronaldinho y también un ajedrecista que, aunque debe ser inteligente, si quiere ser un gran maestro, tiene que poseer una capacidad física y psíquica y, además, un espíritu suficiente que lo mantenga competitivo cuando sea necesario. Como se observa, talento es la capacidad mental de gestionar un conjunto de facultades, aptitudes y actitudes que, a partir de una preparación, facilita a quienes las poseen el desarrollar con habilidades distintivas y destrezas determinadas actividades específicas. El talento creativo no es de carácter universal: uno puede tenerlo en un ámbito y en otro no.

El talento nace, pero también se hace con perseverancia, disciplina y esfuerzo. No debe confundirse talento con cultura o bien con formación o educación. Por ejemplo, tener una fuerte contracción al estudio no es sinónimo de talento. El talento tiene un fuerte componente de herencia genética. Un buen ejemplo fue Mozart, que componía música a los cuatros años, sonatas a los seis, sinfonías a los siete y una ópera a los doce. El talento condiciona las aptitudes iniciales, pero las aptitudes pueden desarrollarse en función de nuestros deseos y circunstancias. El talento implica tres aspectos: capacidades (puedo), más compromiso (quiero) y más acción (actuó). Incorporar nuevos conocimientos aumenta el número de conexiones y de contactos e interacciones entre las neuronas. Al respecto, Ramón y Cajal expuso frases célebres como: “Todo hombre es escultor de su propio cerebro” y “El trabajo no sustituye el talento, sino que lo crea”, la capacidad que tenemos para percibir no es un proceso pasivo, sino configura el cerebro. De este modo, la percepción es una fuente importante de talento.

El cerebro, además, tiene una plasticidad espectacular: por ejemplo, el cerebro de un ciego posee un mapa de regiones de la corteza cerebral más excitada que el de otra persona que ve normalmente. La educación tiene una influencia determinante en el desarrollo del talento: sin llegar a condicionarlo del todo, les da forma a las capacidades genéticas.

Sin duda, las organizaciones inteligentes tendrán que poseer capacidades para liderar el talento, lo cual implica principalmente saber aprovecharlo y optimizarlo. En su organización ¿es claro quién gestiona el talento? ¿Conoce qué dimensiones facilitan la gestión del talento organizativo? ¿Qué aspectos son más motivadores: el clima organizacional, el liderazgo, la cultura, la estructura, la retribución y/o la organización y los sistemas de relaciones? Sin talento, ¿qué es lo que la empresa tiene o puede tener? ¿Agrega valor que cada persona posea como patrimonio su talento en el fondo de ella y no en el de la organización?

Manos a la obra. De usted depende. Su mejor inversión personal y profesional será descubrir su talento y educarlo.

1 comentario:

Dioni dijo...

Buen artículo.

http://emogestion.blogspot.com