Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

domingo, febrero 09, 2020

¿Y si su jefe robot fuera aún peor que el humano?

Costhanzo

Quizá usted pertenece al grupo de profesionales que prefiere que su jefe sea una máquina o un algoritmo. Pero tal vez no ha pensado en los conflictos que puede generar esta peculiar relación laboral que llegará algún día.

Aunque la posibilidad de que los robots nos quiten el trabajo sigue inquietando a mucha (quizá demasiada) gente, se extienden poco a poco los argumentos que hablan de las nuevas oportunidades laborales que traerá la inteligencia artificial y que explican que los empleos en peligro de desaparición serán precisamente aquellos que no aportan valor y en los que no hace falta que el ser humano deje su impronta única e insustituible.
En algunos casos se extiende un optimismo sorprendente acerca de esa nueva relación laboral entre humanos y máquinas. Un reciente estudio de Oracle y Future Workplace revela algo ya sabido: que la inteligencia artificial está cambiando la forma en la que las personas contemplan su lugar de trabajo. Pero añade un dato que llama la atención, y es que el 64% de los encuestados asegura que confiaría más en un robot que en su jefe.
Un estudio de Oracle y Future Workplace muestra que el 64% de profesionales prefiere un jefe robot
Hasta ahora habíamos analizado la convivencia profesional (lo que se conoce como inteligencia social) entre el hombre y la máquina, que presenta algunos conflictos de relación laboral que habrá que solucionar.
Alejandro Touriño, socio director de Écija, recuerda -sobre el conflicto de reemplazo de los empleados- el reciente y sonado caso en el que un juzgado de Las Palmas de Gran Canaria declaró improcedente la rescisión de contrato de una trabajadora de una empresa que fue despedida, tras 13 años desarrollando labores administrativas, para ser suplida por un programa informático o bot de gestión.
También nos hemos acostumbrado a la presencia de algoritmos y robots en los procesos de selección, y a la posibilidad de sesgos o discriminaciones en el reclutamiento de candidatos. Esto implica un primer estadio de valoración por parte de las máquinas (siempre programadas por humanos).
Y además hay casos en los que la inteligencia artificial actúa ya como jefe-capataz más que como gestor de personas, aunque el superior tome decisiones acerca de los empleados, su rendimiento y eficacia. Hemos llegado a ver compañías en las que los empleados aceptan la implantación de un microchip que tendrá utilidad dentro de las instalaciones de la empresa para los controles de entrada y salida, para conectar los ordenadores e identificarse y también para adquirir productos en las máquinas de vending.
La cuestión es si llegaremos a ver a un verdadero jefe robot con capacidad para tomar decisiones sobre nuestro trabajo y valorar nuestra actividad, hasta el punto de que este juicio tenga consecuencias en la recompensa que recibimos y en el desarrollo de nuestra carrera profesional.

La realidad del mando

Alejandro Touriño no ve posible aún "la forma humanoide de un robot jefe que grita, pero sí la posibilidad de recibir instrucciones automáticas hechas por la inteligencia artificial. Por ejemplo, en un supermercado puede haber un jefe virtual que da instrucciones si en los lineales identifica una escasez de determinado producto. De este modo, no sería necesaria la presencia de multitud de mandos en la cadena".
Felipe Ochoa, socio principal del departamento de Laboral de Garrigues, cree que sí tendremos un jefe robot, aunque "el concepto de androide llegará tarde. La máquina como mando es hoy una realidad en lo que se refiere al control de tiempo u horarios, aunque la inteligencia artificial puede dar el salto de simple asistente hasta servir de ayuda para organizarse y comprobar el cumplimiento de objetivos".
Pedro Diezma, fundador de Acuilae, explica que la participación de la inteligencia artificial en todas estas decisiones que afectan a los profesionales depende de si hablamos de tareas repetitivas y automatizables o si nos referimos a actividades productivas que se puedan medir: "Evidentemente, se puede dar un proceso de supervisión en el que más que de un jefe, hay un asistente de control o supervisión. Podemos convertirlo en un Gran Hermano de las tareas que realizan los trabajadores (ritmos de trabajo) y emitir un informe (juicio, valoración y recompensa), siempre que sea algo que se puede medir".
Para Diezma, "estamos aún muy lejos de tener ese tipo de jefe que analiza tareas desde otras perspectivas y factores que son difíciles de medir. Hoy es posible interactuar con este asistente de inteligencia artificial. Es posible avisarle, por ejemplo, de que hoy llegará más tarde porque tiene una revisión médica. Esto es lo más básico y estándar que se puede dar en estos momentos, pero en el caso de tareas más creativas no resulta fácil".

El humano presente

Diezma añade que la inteligencia artificial necesita datos para evaluar, y asegura que "si éstos son complejos, el sistema será complejo. Un asistente de IA podría lanzar alertas y reportes para felicitar a un empleado por su desempeño, o todo lo contrario. Se trata asimismo de un paso intermedio antes de llegar a ese jefe único de inteligencia artificial".
Diezma subraya que "la inteligencia artificial está creada por un humano, y será tan inteligente como el que la crea. Son importantes los algoritmos, pero también los datos con los que se genera, y todo eso implica sesgos. El algoritmo que trabaja sobre esos datos otorga un peso determinado a unos u otros valores. Puede dar más peso a la experiencia o a la formación que al género o a la edad".
Adrián Todolí, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Valencia, cree que los algoritmos pueden sustituir a los mandos intermedios en lo que se refiere a la definición de horarios en función de la experiencia o de la eficiencia.
Añade que los jefes robot pueden tomar decisiones sobre ascensos o despidos, y recuerda que el uso de wearables o localizadores GPS permite situar a los trabajadores en cada momento y tomar decisiones en función de ello. El algoritmo puede medir actividad y eficacia, y toma decisiones que tienen que ver asimismo con cuestiones como quién asciende, o si se amplía o suspende un contrato.
Todolí concluye que "en lo que se refiere a la gestión de personas intervienen también los chatbots: un empleado puede tener acceso al departamento de recursos humanos a través de un chatbot que filtra o soluciona problemas. Si finalmente no lo consigue, el trabajador podrá tener contacto con alguien que gestiona personas.

Nuevos conflictos

La intervención de estos jefes robot o algoritmos pueden generar conflictos en esa nueva relación profesional inevitable entre humanos y máquinas. Todolí explica que los sistemas de inteligencia artificial aprenden, y establecen objetivos diferentes para cada persona. Si alguien puede dar más, el sistema exigirá más.
Uno de los problemas es la falta de empatía. Todolí recuerda que no se le puede explicar a un algoritmo o a una máquina que uno está bajo de ánimo, porque no atiende a razones, incluso aunque éstas sean justificadas. Se refiere también al caso de ciertas empresas en Australia que utilizan riders para repartir productos. Cuando allí suben las temperaturas, los repartidores deciden tomar caminos que estén en sombra, pero el GPS que los localiza no tiene en cuenta ciertas circunstancias personales de los empleados. El algoritmo detecta que los riders que reparten no circulan por la ruta más adecuada y los penaliza, sin reparar en las temperaturas extremas ni en sus condiciones de trabajo.
Felipe Ochoa señala la posibilidad de un cierto deterioro del factor humano en las relaciones laborales: "De la relación entre el jefe y el subordinado nacen los problemas y las soluciones en las organizaciones, y al deteriorarse el factor humano desaparece la empatía o los intereses comunes. En esas circunstancias, al medir parámetros de eficiencia los robots no son capaces de entender ciertas cuestiones: por ejemplo, serían incapaces de identificar situaciones concretas de empleados con cargas familiares".
Todolí coincide en que "la falta de contacto humano genera problemas sociales y de deshumanización. El algoritmo nos trata como trataría a otra máquina". Y habla asimismo del "ensayo y error del algoritmo", que significa que "si un empleado debe tardar 5 minutos en una tarea determinada, la máquina pondrá 4:55 y, si lo consigue, será ese el siguiente objetivo. Irá cambiando la norma y pedirá hacerlo cada vez en menos tiempo. Este nuevo taylorismo se suele denominar el látigo digital".
El profesor de Derecho Laboral de la Universidad de Valencia añade otros problemas, como la falta de autonomía -el algoritmo nos dice cómo hacer las cosas al milímetro-, o de transparencia -con un jefe humano sabemos qué es importante para él, y con el algoritmo no sabemos qué valora realmente-, y también el hecho de que "si es el algoritmo el que toma decisiones y se las da hechas al empleado, las personas tendrán cada vez menos habilidades para tomar decisiones. Esto ya pasa en el caso de los pilotos aéreos. Hay estudios que dicen que el piloto tiende a hacer lo que dice el algoritmo y cada vez identifican menos los problemas reales del avión".
Mireia Sabaté, socia de Laboral de Baker McKenzie, explica que el derecho a la protección de datos de carácter personal, el derecho a la intimidad y el derecho a la no discriminación van a resultar especialmente afectados en este contexto, planteando un escenario de dificultad a la hora de identificar a la persona, organización u organizaciones responsables". Sabaté cree que en esta relación laboral inevitable "el control empresarial va a tener que ser más intenso, sutil y difuso, y los derechos de las personas trabajadoras pueden verse fuertemente comprometidos. El procesamiento de una cantidad masiva de datos sobre las personas permite construir patrones de conducta y perfiles laborales que pueden entrañar un atentado contra el derecho a la protección de datos de carácter personal y a la intimidad, pero también discriminaciones, ya que la empresa puede acceder, aunque sea de forma indirecta, a datos sensibles como la ideología, la orientación sexual, la clase social o las responsabilidades familiares. Y al tomar decisiones, el algoritmo matemático nos ofrece la opción más productiva o más eficiente, pero también la más sesgada, en la medida en que se introduzcan factores discriminatorios en la propia construcción del algoritmo".


sábado, febrero 08, 2020

¿Qué tipo de líder eres?

En el actual contexto de evolución tecnológica y entornos VUCA, ser un buen líder implica abrazar la innovación, gestionar el cambio, y proyectar carisma y credibilidad a los miembros del equipo. A todo eso se suma la correcta comunicación de la cultura corporativa, y la actitud que adopte y proyectes como jefe ante la plantilla.

Es por todo ello que Jaap Boonstra, profesor visitante del Departamento de Dirección de Personas y Organización en Esade en este artículo, ha identificado los cuatro estilos de liderazgo que tienen más probabilidades de instaurar con éxito una cultura innovadora en las empresas:

1. Liderazgo emprendedor

Los líderes emprendedores son también carismáticos porque persiguen impulsarlas ideas nuevas en las que creen. Se caracterizan por tener una gran iniciativa, motivación, y una imperiosa necesidad de triunfar. Estos líderes usan su sueño para atraer a otras personas que comparten su misma visión de futuro.
Además, a menudo son personas inspiradoras y exigentes, y como fundadores de la empresa, crean una cultura organizativa basada en sus valores y motivaciones. 
Según el experto de ESADE, este tipo de jefe también se caracteriza por una mentalidad estratégica y orientada a la acción, capaz de desarrollar innovaciones disruptivas con el status quo existente.
Pero este estilo de liderazgo no sirve para todas las organizaciones. Los jefes emprendedores experimentan tensiones cuando la empresa comienza a crecer, ya que existe una necesidad de adaptación y coordinación que requiere otro estilo de liderazgo.

2. Liderazgo transformador

Se trata de un estilo de liderazgo que motiva a las personas y las transforma. Sus líderes conocen en profundidad los valores, necesidades y emociones de su entorno, y por eso tienen una gran conciencia social.
Además, desgrana Boonstra, son personas curiosas y con muchos intereses. Muestran una actitud de aprendizaje, son conscientes de sí mismas y conocen sus fortalezas y debilidades.
Los líderes transformadores saben reconocer cuándo es necesario modificar las normas establecidas, escuchan a los demás y son capaces de confiar en ellos e inspirar confianza. De hecho, este tipo de personas se erigen como un modelo a seguir por los miembros de su equipo.
Es gracias a esto que pueden surgir nuevos líderes transformacionales dentro de la organización ya que el liderazgo es una capacidad que, aunque en ocasiones es innata, puede desarrollarse y ser entrenada.

3. Liderazgo participativo

El liderazgo participativo es aquél que más en cuenta tiene las aportaciones de los miembros del equipo y el que basa su toma de decisiones en dichas aportaciones. Para hacerlo, son personas que conocen lo que es importante dentro y fuera de la organización.
Son conscientes de su entorno, tienen conciencia social y se conocen a sí mismos. Su sensibilidad ante lo que les rodea les permite ver nuevas posibilidades, y les permite conectar con las emociones y ambiciones ajenas.
No solo eso. Los líderes participativos son capaces de dirigir la energía de las personas de la organización hacia el futuro. Se caracterizan por ser personas accesibles y cercanas, que se interesan por las opiniones de los demás, valoran la sinceridad y no temen hablar de sus emociones, o de consultar a los demás para superar sus puntos débiles.

4. Liderazgo carismático

Un líder carismático debe contar con una serie de cualidades, como generar confianza, entusiasmo, energía, positivismo, capacidad de persuasión para asignar tareas y proyectos, y, por encima de todo, inspirar a los trabajadores a hacer un buen trabajo.
En momentos de crisis, este tipo de personas se ofrecen como voluntarias para identificar la situación y abordarla. Expresan sin ambigüedad lo que consideran importante, lo que valoran y lo que claramente rechazan.
Como iniciadores del cambio cultural, señala el experto de ESADE, dan nombre a los acontecimientos, comparten interpretaciones e invitan a los demás a compartir su visión. Así, crean un espacio para el diálogo y la creación de significado.


viernes, febrero 07, 2020

Así trabajaremos en la nueva era de la inteligencia artificial

En 2001, Steven Spielberg contaba en 'Inteligencia Artificial', la historia de un niño robot adoptado por una pareja que era programado para poder amar. El pequeño no encajaba en el mundo de los humanos ni en el de las máquinas, generando un conflicto con consecuencias dramáticas.

Desarrollar competencias digitales que permitan gestionar la información es la mejor opción para llegar a un entendimiento con las máquinas y convertirlas en aliadas eficaces para ser más productivos.

Poner a las personas en el centro, tratar de mejorarlas, y no de sustituirlas. Esta frase resume la esencia de la inteligencia artificial (IA), y es lo que deberían seguir al pie de la letra quienes pretenden hacer un uso justo o ético de una tecnología superior que ya forma parte de nuestra vida. El Future Trends Forum dedicado a este tema de la Fundación Innovación Bankinter recoge ésta y otras recomendaciones para que las máquinas sean una herramienta para el crecimiento personal, y no una amenaza para el futuro del empleo. Porque, definitivamente, todos tendremos que acostumbrarnos a trabajar de otra manera para la que aún no estamos preparados. El Índice de Competitividad por el Talento Global (GTCI), elaborado por Adecco Group Institute, Insead y Google, vaticina que en el lugar de trabajo y en el mercado laboral el futuro de la IA dependerá de fructíferas contribuciones mutuas entre seres humanos y máquinas a través de actividades híbridas. Alerta además sobre la necesidad de nuevas competencias combinadas. Lo más grave es que, según este análisis, más de la mitad de la población mundial en desarrollo carece de competencias digitales básicas.

Adaptación y atención

Apremia buscar una respuesta a cómo trabajaremos en la nueva era de la inteligencia artificial. Pilar Manchón, vicepresidenta de IA en Roku Inc., recuerda que los asistentes virtuales están presentes en todos los ámbitos de nuestra vida: "Alexa, Google Home, Cortana, Siri... están en casa, en el coche, en la oficina... podrían estar en cualquier parte, así que saben mucho de nosotros". José Luis Gugel, socio y fundador de The Key Talent, está convencido de que la IA va a cambiar nuestra forma de trabajar: "Nos va a permitir automatizar de manera muy eficiente procesos de poco valor añadido, evitándoselos a las personas". También cree que potenciará aquellas áreas de competencia en las que todavía no nos pueden reemplazar: "Inteligencia emocional, creatividad, gestión de personas o diseño de estrategias". Porque la tecnología, por ahora, carece de emociones. Por eso, Javier Krawicki, cofundador de Nawaiam -aplicación de gaming-, insiste en que la IA debe aplicarse en una organización que tenga muy claros sus valores y objetivos. Jordi Aspa, director general de Meta4 Iberia, afirma que "las máquinas necesitan de personas que den sentido y valor a su funcionalidad".
Ante este panorama, puede que lo aprendido hasta ahora esté obsoleto. Gugel subraya que no hay que subestimar la magnitud del cambio que estamos viviendo. Advierte al profesional de que, por ejemplo, lo aprendido en la universidad sobre procesos, productos o comportamiento de cliente está caduco, "por eso una nueva capacidad necesaria para todos es el llamado unlearning -ser capaz de desaprender- aquello que ya no tiene validez". Entre las nuevas competencias digitales que debe desarrollar el ser humano, Krawicki enumera el aprendizaje continuo en medios digitales, integrar las nuevas lógicas y herramientas, aumentar el conocimiento del entorno o saber cómo gestionar la información.

Hacia el 'management' 3.0

A lo largo de la historia, la gestión de personas ha caminado desde la mera administración de personas a trabajar por que los profesionales dieran lo mejor de sí mismos. En esta etapa 3.0 se brinda al empleado las herramientas necesarias para marcar su desarrollo. Aspa recuerda que existen "líneas claras de trabajo donde técnicas relacionadas con la IA, como el machine learning, pueden suponer un gran avance", y menciona la mejora de la experiencia del empleado o la adecuación de las personas a equipos o puestos como algunos de los aspectos donde puede ser útil. Lo que se plantea es si trasladar la gestión de estos asuntos a la IA puede tener un impacto negativo en la diversidad o en el clima laboral por la ausencia de emociones. Calum Chace, experto del Future Trends Forum y autor, entre otros, de Surviving AI, advierte de que "los sistemas de IA heredan prejuicios humanos preexistentes y pueden perpetuarlos. Pero podemos preguntar por qué tomaron esas decisiones sin temer que se pongan a la defensiva como los humanos. No hay una razón inherente que demuestre que la IA obstaculiza la diversidad... puede promoverla".
Por otra parte, Chace señala que la IA es muy útil para los jefes de equipo, porque permite analizar comportamientos, resultados y discernir patrones a los que los humanos no llegan: "Pueden descubrir talentos y problemas, facilitando el liderazgo".

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL ES LA COMPETENCIA IMPRESCINDIBLE

La inteligencia emocional nos distingue de las máquinas y es nuestra herramienta para ser imprescindibles. Edgar Breso, profesor colaborador de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC, asegura que "se está convirtiendo en la competencia laboral clave". Eso nos hace humanos y necesarios para el funcionamiento de las máquinas. Jordi Aspa, director general de Meta4Iberia, asegura que en esta era dominada por la inteligencia artificial (IA), "los profesionales deberán contar con perfiles más creativos y dinámicos, una mayor agilidad de aprendizaje y desaprendizaje para adaptarse a los continuos cambios y, por supuesto, con un amplio dominio y conocimiento de todo lo que las nuevas tecnologías pueden proporcionarles".
La democratización de la promoción profesional es una de las consecuencias del entendimiento con las máquinas. Así, Javier Blasco, director de Adecco Group Institute, cree que la tecnología es una herramienta al servicio de las personas, "no son fines, ni deben hipotecar nuestro 'performance'". Aconseja abrir la mente para entender la IA como una oportunidad de empoderamiento, "ya que no es sólo exclusiva de los perfiles digitales", asumiendo que "vamos hacia un entorno de recualificación y, por ello, de promoción constante. Es una buena noticia, porque ello va a democratizar la promoción profesional". Marc Altimiras, vicepresidente para el Sur de Europa de Cornerstone, coincide con este optimismo: "La robotización y la automatización de los procesos brindará a los empleados la oportunidad de dedicarse a tareas más creativas, desarrollar nuevas habilidades y reorientar, si quisieran, su plan de proyección en la empresa. Eso será gracias a que las nuevas tecnologías serán las encargadas de las tareas administrativas y repetitivas".

2021, UNA ODISEA LABORAL CON FUTURO

Los expertos en inteligencia artificial que reunió la Fundación Innovación Bankinter en su último foro mostraron su optimismo ante un futuro incierto y otras opiniones más radicales.

  • Habrá un nuevo invierno de la IA, como consecuencia del rechazo social hacia ese conjunto de tecnologías.
  • Dependencia emocional de la IA en una relación codependiente del humano con ésta.
  • IA frustrada. Su desarrollo se verá bloqueado por normas arbitrarias que dan respuesta a las reclamaciones de la sociedad.
  • Ciberrivalidad entre estados. La competición entre los gobiernos por el desarrollo de la IA se convierte en una carrera militar.
  • Colonianismo algorítmico. Subyugación colonial de las potencias tecnológicas sobre el resto de los países. Europa se queda atrás.
  • 'AIstocracy'. La IA se convierte en un artículo de lujo.
  • La IA e internet se solapan en una nueva red: Net-AI.
  • El poder de las naciones se ve eclipsado por el de los grandes proveedores de IA y tecnología.
Y, si de futuro se trata, ya se vislumbran algunas profesiones:

  • Científico de datos.
  • Ingeniero de robótica.
  • Experto en ciberseguridad.
  • Desarrollador de software.
  • 'Trader' de programática.
  • Experto en 'blockchain'.
  • 'Supply chain' con visión de ecommerce.
  • Piloto de drones.
  • Márketing y comunicación digital.
  • Especialistas en 'customer experience'.
  • Gestores de nuevas formas de trabajo.
  • Psicólogos.
  • Expertos en 5G.
  • Híbridos en diseño y tecnología.
  • 'Coaches'.


miércoles, febrero 05, 2020

Cómo Evitar los Clones en un Equipo


Mathew Syed en “Rebel Ideas. The power of diverse thinking”, que estamos comentando, plantea que en muchas ocasiones un grupo de personas inteligentes pueden tomar decisiones que no lo son y el problema no radicaría en una sola persona sino que surgiría del colectivo. El problema está en la composición del grupo.

En el caso de los problemas simples una persona puede tener toda la información y la diversidad es innecesaria. Pero si surge un problema complejo una persona no puede tener todas las perspectivas e información relevante, por lo que se buscan otras opiniones y es el momento en el que aparecen los peligros de la homofilia: si el grupo que se reúne piensan todos de la misma manera, aunque individualmente sean inteligentes y tengan muchos conocimientos, conocerán las mismas cosas y compartirán las perspectivas. Se puede considerar que son clónicos (es el problema básico que vimos que tenía la CIA en 2011). Resulta muy agradable estar rodeados de personas que piensan como nosotros, que comparten nuestras perspectivas y confirman nuestros prejuicios. Hace que nos sintamos más inteligentes al validar nuestra visión del mundo. Investigaciones realizadas, a través de scanner cerebral, muestran que cuando los demás apoyan nuestras ideas se estimulan las zonas del placer del cerebro.

Este riesgo es tan antiguo como la humanidad. Ya los antiguos griegos escribían sobre él. Por ejemplo, Aristóteles en su “Ética a Nicomaco” escribía que “las personas adoran a aquellos que son como ellos” y Platón en “Fedro” decía que “las similitudes engendran amistades”. Por tanto no debemos olvidar que este problema sigue existiendo en el mundo actual: grupos de personas que individualmente son inteligentes, colectivamente pueden llegar a ser estúpidas.

La homofilia tiene una gran capacidad de penetración, nuestras redes sociales están llenas de personas con experiencias, creencias y opiniones similares y aunque un grupo comience su andadura con diversidad corre el riesgo de caer en un proceso social de ósmosis al converger sus integrantes hacia unas creencias dominantes y se produce el fenómeno de la “asimilación”. Las personas tenemos una tendencia innata a convertirnos en clónicos.

Los grupos sabios muestran una dinámica diferente no son clónicos, sino que se parecen más a un grupo de rebeldes. No están en desacuerdo por el mero hecho de estarlo sino que aportan perspectivas diferentes, que permiten el debate y el aprendizaje lo que constituye el sello distintivo de la inteligencia colectiva: conseguir la totalidad ser más que la suma de sus partes.

El primer paso a seguir, pues, por cualquier grupo que pretenda abordar un duro desafío no será, por tanto, aprender más sobre el problema y profundizar en él mismo, sino dar un paso atrás y preguntarnos cuáles son las carencias que pueden existir en nuestro entendimiento colectivo, si estamos dominados por prejuicios conceptuales y si la homofilia hace que sólo veamos un aspecto del problema.

Si las organizaciones no están dispuestas a hacerse estas preguntas corren el riesgo de caer en la situación de pensar que se examina el problema y se profundiza en él, cuando en realidad lo que se está haciendo es reforzar los puntos ciegos. Necesitamos ser conscientes de reconocer la importancia de la diversidad cognitiva antes de afrontar los asuntos más complicados ya que en ese momento la deliberación dentro del equipo puede conducir a la iluminación.

Quizás la forma mejor de resaltar las diferencias entre equipos de rebeldes y equipos de clones sea través de la ciencia de la predicción, ya que las predicciones están inmersas en nuestra vida diaria como, por ejemplo, cuando decidimos hacer X en lugar de Y, implícitamente estamos prediciendo que X es mejor que Y.

Uno de los mejores estudios sobre predicciones en tiempos recientes ha sido el dirigido por Jack Soll. Él y sus compañeros analizaron 28.000 predicciones realizadas por economistas profesionales. El primer hallazgo no fue sorprendente: los economistas acertaban más. Pero entonces Soll añadió un nuevo aspecto: en lugar de mirar las predicciones individuales cogió la predicción realizada de forma colectiva de los seis economistas de mayor renombre y vio que era un 15% más exacta que la del mejor economista. Esto ocurre porque los expertos en predicciones económicas utilizan modelos pero ninguno es completo y todos tienen puntos ciegos, con lo que si se analizan diversos modelos la visión será más completa. Este fenómeno, en el campo de la predicción, se conoce como “la sabiduría de las masas”.

La sabiduría de los grupos surge siempre que la información se encuentra dispersa entre distintas mentes. Evidentemente, cada persona contribuye, también, con sus errores, sesgos y puntos ciegos lo que crea un pozo de errores casi tan grande como el de información que se obtiene. Pero mientras la información suele ir en la dirección de la respuesta correcta los errores, al surgir de fuentes diferentes marcan direcciones diversas que en ocasiones pueden contrarrestarse entre sí. Por tanto, para conseguir obtener sabiduría de los grupos necesitamos contar con individuos sabios pero, también, con individuos diversos para que no compartan los mismos puntos ciegos. Charlan Nemeth mantiene que los puntos de vista de las minorías son importantes porque estimulan el pensamiento divergente y como resultado, aunque estén equivocados contribuyen a la detección de soluciones novedosas que pueden ser mejores.

Pero el poder de la diversidad es aún más sutil ya que el problema más profundo de la homogeneidad no radica en que los equipos de clónicos no entiendan que se equivocan, ni que dejan de explotar oportunidades sino en las preguntas que no llegan a hacerse, en los datos que no se plantean mirar y en las posibilidades que no se han dado cuenta existen y están a su disposición.

La mayor parte de las organizaciones en la actualidad tienen una política de contratación por méritos. La idea es reclutar en función de las habilidades y el potencial más que en factores arbitrarios tales como las conexiones sociales, la raza o el género.

Esta estrategia es moralmente recomendable pero contiene peligros latentes, por ejemplo si suponemos el caso de universidades que tienen un gran prestigio por la formación en desarrollos de software, normalmente atraerán a los estudiantes con más talento para ese campo, los cuales se graduarán con un magnífico expediente académico. Éstos serán luego los que tendrán más probabilidades de ser seleccionados para trabajar en las principales empresas de software. El problema es que estos graduados habrán recibido clases de los mismos profesores y absorbido las mismas perspectivas, ideas y modelos y, por tanto, existe el riesgo de que al seleccionar a los candidatos de esta forma las organizaciones se encuentren compuestas, al final, por equipos de clones, por lo que no tenemos que olvidar que la inteligencia colectiva requiere tanto habilidad como diversidad, siempre que ésta no sea arbitraria.

Una de las soluciones más utilizadas para paliar la falta de diversidad en distintos ámbitos es la utilización de grupos focales. Se emplean con frecuencia para ofrecer los beneficios de la diversidad sin tener que diluir la homogeneidad de las estructuras de poder, por ejemplo de las élites políticas. La idea básica es reunir a una cohorte de personas representativas para hacerles preguntas, averiguar qué les gusta y qué no, recoger cualquier objeción y posibles problemas prácticos y luego rediseñar el tema de acuerdo con lo planteado.

Pero este enfoque no considera lo que es el punto clave ya que la diversidad no consiste en obtener respuestas de grupos focales o de investigaciones de mercado, sino que es fundamental tener en cuenta qué preguntas son las que se están haciendo (si son las adecuadas o no debido a una posible homogeneidad de los que las hacen), los datos que se están utilizando como base para las deliberaciones y las creencias que impregnan el abordaje de cada tema.

Para que la diversidad ejerza su magia se deben poder expresar distintas perspectivas y juicios. No sirve para nada contar con información útil que nunca vea la luz.

Otro aspecto a considerar es quién toma la decisión final una vez que las distintas posibilidades han sido puestas de manifiesto. ¿Si existen puntos de vista que entran en competición, quién gana? Si existen varias opiniones ¿las fusionamos o seleccionamos una de ellas? Para encontrar las respuestas tenemos que considerar algunos factores que intervienen, siendo uno de ellos el de las jerarquías dominantes. La omnipresencia de éstas se puede justificar por un propósito importante en la evolución humana: cuando las elecciones a las que se enfrentan las tribus o grupos son sencillas tiene sentido que sea el líder el que toma la decisión y que los demás le sigan. Pero en situaciones complejas pueden tener efectos muy nocivos ya que coartan la comunicación efectiva al percibirse que cualquier disensión puede ser interpretada por el líder alpha como una amenaza a su estatus.

Por ejemplo, un estudio realizado en la escuela de Negocios de Rotterdam analizó más de 300 proyectos en todo el mundo desde 1972 y encontró que los que estaban liderados por directivos jóvenes tenían más oportunidades de tener éxito que aquellos liderados por profesionales más senior ya que el conocimiento que se perdía al no contar con un gran experto como líder se compensaba por la mayor disposición de los líderes jóvenes a provechar el conocimiento de los que les rodeaban.

Esto ocurre con las reuniones. Cada vez son más frecuentes en las organizaciones pero todas las investigaciones recientes muestran que suelen ser catastróficamente ineficientes. Por ejemplo, Leigh Thompson en sus investigaciones ha detectado la influencia de las dinámicas de dominancia. Cuando una o dos personas dominan suprimen las opiniones de los demás, especialmente de los introvertidos en un equipo, especialmente si el que domina la conversación es el líder. Thompson ha comprobado que en los grupos de 4 personas suelen ser dos las que realizan el 62% de las conversaciones, en uno de 6, 3 personas hacen el 70% y la situación sigue empeorando al ampliarse los grupos.

En la mayor parte de las reuniones, pues, la comunicación es disfuncional ya que muchas de las personas se mantienen en silencio puesto que el estatus es el que domina, con lo que las personas no dicen lo que piensan que el líder quiere oír y dejan de compartir información que puede ser crucial, con frecuencia porque piensan que los demás la tienen. La diversidad de pensamiento desaparece y surge lo que se llama “cascada de la información” (solo se comparte la información que corrobora la opinión de la voz dominante y se oculta la que puede cuestionarla). El problema es que cuando dos personas expresan una misma opinión es fácil que los demás asuman que han llegado a esa conclusión de forma independiente lo que amplifica su poder de persuasión. Este fenómeno se produce, también a nivel social. Solomon Asch en sus estudios ha mostrado que las personas solemos aceptar las ideas de los demás no porque pensemos que son correctas sino porque no queremos parecer desagradables o maleducados estando en desacuerdo.

Para evitar este fenómeno y fomentar organizaciones en las que exista “seguridad psicológica” existen muchas iniciativas para introducir mecanismos específicos para garantizar una comunicación efectiva. Una de las más conocidas es la del “silencio dorado” de Amazon. Sus reuniones comienzan con un periodo de silencio en el que los asistentes deben leer durante 30 minutos una memoria de 6 páginas que resuma el principal tema a tratar. De esta forma la persona que hace la propuesta debe reflexionar en profundidad sobre la misma y a seleccionar los puntos importantes y obliga al resto de participantes a decidir lo que opinan sobre el asunto antes de escuchar la opinión de los otros. Tiene tiempo para analizar las debilidades y fortalezas de la propuesta antes de la discusión, lo que reduce las posibilidades de que las diversas perspectivas no surjan durante el debate. Posteriormente cuando comienza la discusión el último que habla es el líder, protegiendo de esta forma, también, la diversidad de opiniones.

Otra técnica es brainwriting que es otra forma de generar ideas creativas pero en lugar de exponerlas verbalmente se pide a los participantes que las escriban en tarjetas que luego son pegadas en la pared para ser votadas. De esta forma todos contribuyen y al ser anónimas se separan las ideas del estatus del que las escribe.


martes, febrero 04, 2020

¿Llega el tiempo del repunte para el mercado laboral?


Se dice que lo bueno de tocar fondo es que luego solo se puede hacer una cosa: subir. El año 2019 acabó siendo el peor período para el empleo en la Argentina de los últimos 13 años. Se llegó a un trágico pico de la tasa de desocupación de la población urbana del país, que se ubicó en 10,6% de la población activa en el segundo trimestre.

Desde ese oscuro y profundo sótano de la situación laboral parecería que, hacia delante, solo queda el camino de ascender. Pero, a la vez que puede darse esa definición, algo que se presenta como muchísimo más incierto es la velocidad y la pendiente de esa recuperación.

Se entiende que es poco probable que la situación del empleo sea peor durante este 2020 que la del año pasado. Pero cuánto mejor podría ser y cuándo comenzaría a mejorar son, por ahora, preguntas que no tienen respuestas.

Gran parte del ritmo de la esperada recuperación del mercado del trabajo estará marcado por la suerte y el rumbo de la economía doméstica. Y eso depende de las medidas que vaya trazando el Gobierno asumido en diciembre.

Como factores a favor, podría decirse que las primeras (y heterodoxas) medidas referidas a las pautas de ajustes salariales de empleados de los sectores privado y público permiten augurar que en 2020 los sueldos tendrán algunas chances de empardar el incremento del costo de vida.

Si eso efectivamente se cumple, será un reconfortante cambio de tendencia en comparación con 2018 y 2019. Un tercer año consecutivo de pérdida de salario real sería ya insoportable para los trabajadores.

En relación con los sectores de la economía, es esperable que las compañías que operan en la industria del conocimiento sostengan e incrementen su demanda de trabajadores durante este año.

A este grupo, que exporta know how profesional criollo de media y alta calificación al resto del mundo, le urge incorporar perfiles (mayormente, con dominio avanzado del idioma inglés) que tengan saberes en las áreas de tecnología, contabilidad, finanzas, impuestos, recursos humanos y compras.

Despejados los recientes e innecesarios nubarrones que el propio gobierno sembró al cuestionar la implementación de la ley de economía del conocimiento (no así su espíritu de fondo), este sector (con exportaciones por US$6000 millones anuales) será un bastión de la generación de puestos de empleo en los próximos meses, según las expectativas.

¿El tiempo de la reforma?

Claro que nuestros lastres estructurales subsisten. ¿Será finalmente la gestión del presidente Alberto Fernández la que le ponga el cascabel al gato a la eternamente postergada reforma laboral?

Este es un caliente y esquivo capítulo en la agenda de todos los gobiernos. Hasta ahora, la reforma no asomó aún como proyecto. Sin un renovado marco legal más moderno, flexible, inclusivo y estratégico no hay creación genuina de empleo privado de calidad posible. La dinámica del trabajo del futuro, empujada por las nuevas generaciones, no encuentra actualmente en nuestro país el necesario marco legal para, por ejemplo, incorporar al mercado formal trabajadores free lance, por proyectos, o a distancia. Debería promoverse, a través de beneficios fiscales, la contratación de personas que integran esos grupos postergados por razones de edad, género o capacidades diferenciales.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que no puede existir una recuperación profunda de la demanda laboral sin una reactivación de las pequeñas y medianas empresas, que son el verdadero e histórico motor de la mayor parte del empleo en la Argentina. La doble indemnización por despido que, al menos inicialmente, regirá por 180 días y que fue dispuesta por el nuevo gobierno, no parece ser el mejor incentivo que las pymes precisan para recuperar la confianza y comenzar a ampliar sus dotaciones. El escenario asoma gris y difuso por este lado.

Claro que, para el más del millón de desocupados formales de los principales 31 aglomerados urbanos del país (ese es el universo alcanzado por la encuesta de mercado laboral del Indec), la urgencia sigue latente e imperturbable. ¿Cómo encontrar empleo en este escenario adverso? Y otra cuestión no menos importante: ¿cuáles son las herramientas más adecuadas?

Trillado pero efectivo, el consejo de aprovechar el momento para capacitarse o formarse es siempre válido. Se trata de una decisión de inversión positiva. Aprendizaje continuo es el lema del futuro.

Para aquellos que son, por personalidad, más desprendidos, emigrar a otros países en busca de las chances aquí todavía ausentes, es también una alternativa que puede ofrecer muy buenas oportunidades (profesionales), pero también desafíos (personales).

Para los genuinamente osados, comenzar un emprendimiento es la alternativa que está de moda. Grandes proyectos y compañías vieron su génesis en épocas de crisis. La Argentina, vale recordarlo y subrayarlo, siempre le agrega a quien tiene iniciativas económicas una triple línea de vallas y obstáculos a sortear, antes de llegar al soñado punto de equilibrio.

Costumbre ya, el mercado laboral argentino mostrará en 2020 significativas diferencias según el sector de la economía que se observe.

Y otro punto a tener en cuenta es que existe una pobre planificación estratégica de los recursos humanos. Hay pocas industrias demandando talento (entre ellas, las de tecnologías de la información, fintech, energía y petróleo y la agro-industria). Muchas otras están apenas defendiendo y sosteniendo al personal que ya tienen.

Para el candidato a ocupar un puesto, se impone una extrema resiliencia y una abundante prudencia. Y, por supuesto, tener los ojos bien abiertos. Se viene un año para transitar despacio, esperando que aclare. Por qué no, esta vez, en el esperado segundo semestre.

Matías Ghidini es general manager de la consultora GhidiniRodil y autor del libro Mi Trabajo Ahora

lunes, febrero 03, 2020

OK, boomer: el cambio generacional, otro punto ciego en los pronósticos sociales

Ni la electrificación, ni las tecnologías de "automanejo", ni las aplicaciones para compartir vehículos: la fuerza más disruptiva detrás de los cambios en la venta de autos en los Estados Unidos no tiene que ver con ninguna de las tres tendencias que se citan a menudo en los estudios sobre el futuro del trasporte individual como las mayores fuerzas transformadoras.

"Gastamos millones de dólares en investigaciones sobre los cambios tecnológicos, y resulta que el impacto en las ventas vino por el lado de los hábitos y el costado socio-cultural", cuenta a LA NACION un ejecutivo de GM. Se refiere al derrumbe en el atractivo que representa poseer un auto para los adolescentes y jóvenes norteamericanos.

En las décadas del 60 y del 70, más del 70% corría a sacar la licencia de conducir a los 16 años, porque eso se consideraba prácticamente un pasaporte a la adultez. En 1983, la tasa era del 53%, y en 2019 apenas superó el 20%. Los autos ya no son un objeto de deseo o aspiracional para la denominada " Generación Z" (nacidos en este milenio) o para los millennials más jóvenes (20-30).

Si los adolescentes sirven de alguna guía, Detroit debería preocuparse por el final de la era de un enamoramiento histórico entre los consumidores y los vehículos individuales de marca.

Ni inteligencia artificial, ni "uberización" ni mejores baterías eléctricas: la ola de cambio vino por un lugar inesperado. A tal punto que en la industria ya no se habla del fenómeno "peak car" (punto más alto de ventas histórico ya alcanzado) sino del "no auto" o antiauto (uncar). Dos semanas atrás, Fast Company publicó una historia con esta especulación: en el sector aeronáutico dos empresas fabrican el 99% de los aviones y a nadie le importa la marca, porque lo que vale es la utilidad. Según esta hipótesis, el negocio de los autos se dirige a este modelo, donde los vehículos individuales serán valorados por su utilidad y no como costosas expresiones de nuestra personalidad.

En zona de riesgo

La automotriz no es la única categoría afectada por la ola de cambio generacional, ni mucho menos. ¿Qué otras hay? Carlos Pérez, creativo y presidente de la agencia BBDO, menciona a las hojas de afeitar, un segmento de productos que se está derrumbando porque tener barba ya no está mal visto (a tal punto que se erosiona el valor de las acciones de multinacionales de consumo masivo).

También sufre la categoría de "chicles", que siente doble impacto porque hay menos fumadores y porque ya no son populares entre los "Z", que consideran que quedan "soberbios" con este consumo.

En un reporte sobre perspectivas para 2030, el tecnólogo Azeem Azhar, editor de  Exponential View, consideró que el cambio generacional es una de las tendencias a seguir más de cerca. "Aquellos que hoy están en sus 40 y que hicieron toda su vida laboral con Internet, se graduarán en esta década de líderes globales, los de 30 pasarán en forma masiva a altos cargos de management, y los agitadores y creadores de nuevos modelos de negocios en la próxima década tienen hoy entre 15 y 25 años", describe Azhar. "El arribo de estas nuevas generaciones a puestos de poder, con su set de valores, tiene profundas consecuencias en el cambio global", agrega.

En una reciente nota editorial, The Economist remarcó que "el recambio generacional es lo que termina trasformando la opinión pública". ¿Consecuencias en la Argentina? Infinitas. Una que apunta el politólogo Andrés Malamud a LA NACION: cuando se les pregunta por sus preferencias partidarias, entre jóvenes de 19 a 29 años la opción por Cambiemos es marcada solo por 12%, la mitad que en los mayores de 45. "Algo hay: no sé si más kirchnerismo, pero definitivamente menos macrismo entre los jóvenes".

Además del campo de las marcas y de la política, hay otro vector en el cual estos cambios cámbricos generacionales se ven con mucha nitidez: el de los recursos humanos. Semanas atrás Glassdoor publicó su ranking anual de "mejores lugares para trabajar" en los Estados Unidos. Y la novedad fue el derrumbe del puntaje de gigantes de la tecnología como Google y Facebook, famosos por sus beneficios que los volvían oficinas de trabajo muy apetecibles en años anteriores. Otras megacompañías tecnológicas, como Apple, Amazon o Microsoft, tampoco figuran en el ranking de las 10 más valoradas de Glassdor, que encabeza una empresa de software menos conocida, HubSpot.

Hábitos distintos

Con tasas de estrés laboral altas, ( burn out) por encima del 70%, los millennials ya están reconfigurando la relación histórica con el mercado de trabajo. No se trata solamente de una mayor preferencia por la independencia y el trabajo fuera de la oficina, sino de un conjunto de hábitos completamente distintos, que incluye la responsabilidad por aprender y capacitarse permanentemente, algo que entre los "X" y los baby boomers tiende a asignársele al empleador en lugar de una tarea propia.

"Hay un error muy común en poner a todos los 'jóvenes' -millennials y "Z"- en la misma bolsa, porque en realidad las diferencias entre estas dos categorías son abismales", señala Edwin Rager, estratega creativo de platzi, una plataforma de educación online.

Algunas particularidades de los "Z": también se los describe como la " generación nosotros" (" We Generation"), porque piensan mucho más que los mayores en las consecuencias de sus actos para terceros; sus plataformas de comunicación son los videogames; son más cautos y toman menos deuda (en los Estados Unidos) que los millennials: "Se hacen adultos antes que la generación que los precedió", explica Rager. Viven a través de los celulares inteligentes (no se limitan a "capturar y compartir", como los de 20-40) y la mayor parte asegura que su youtuber favorito los entiende mejor que sus amigos de la vida real.

En lo que hace a la interacción con las marcas y el discurso político, los "Z" son mejores detectores de humo que las restantes generaciones. La fluidez de género y el cambio climático son cuestiones que ni siquiera merecen discusión, porque son evidentes. Odian las etiquetas y, de hecho, detestan que se los categorice como "Z", marca Rager (una anécdota personal al respecto: este año llevamos a Nicolás, nuestro hijo del medio, de 11 años, por primera vez a las charlas TED. Describió al evento como "viejos queriendo hacerse los inteligentes", y consideró que las charlas de género y de cambio climático no tenían sentido porque no eran ninguna novedad. Nos llamaban la atención a nosotros, los "X", pero a él no. Siguiente tema).

De hecho, en este tono, en 2019 se puso de moda el meme " OK, boomer" entre los adolescentes, como una forma despectiva de marcar como retrógrados los comentarios de la generación que nació entre 1946 y 1965. El término tuvo su origen como un video de Tik Tok, en reacción hacia un adulto que aseguraba que los jóvenes, tanto los millennials como los de la generación Z, tenían el "síndrome de Peter Pan" y se negaban a crecer. Explotó en 2019, para señalar discursos y actitudes anticuadas en agendas como la del uso de tecnología o la negación del cambio climático.

A menudo, este concepto viene asociado al dibujo del anciano de Los Simpson, que se queja y grita al cielo. Una respuesta que tranquilamente una o un "Z" podría tener hacia esta nota.


domingo, febrero 02, 2020

Compañeros de trabajo tiranos: estos son los comportamientos que los delatan

Hay tres dinámicas que conducen a cruzar las líneas rojas: el sentimiento 
de omnipotencia, el entumecimiento cultural y la negligencia justificada.

La palabra tirano se suele asociar a alguien que abusa de su poder en la vida política. Pero eso sucede también en los negocios y en las relaciones que se gestan en el trabajo. Aunque es difícil encontrar pruebas de la falta de ética en los líderes, en los últimos años se han hecho públicos algunos casos que ilustran esta situación: desde las acusaciones de corrupción en Nissan a la venta de datos privados en el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, “cuyas tácticas siguen siendo utilizadas por compañías de todo el mundo”, según declaró hace solo unas semanas Brittany Kaiser, exdirectora de desarrollo de negocio de la empresa británica.

Más allá de los beneficios económicos, hay tres patrones de pensamiento que conducen a cruzar estas líneas éticas. Se trata de comportamientos tóxicos que pueden llegar a formar parte de la dinámica de trabajo si es un jefe quien los lleva a cabo. Por ejemplo, alguien autoritario que prioriza conseguir unos objetivos sobre el bienestar de los demás. Según explica Merete Wedell-Wedellsborg, que trabaja como asesora ejecutiva de líderes y equipos de alto nivel, hay varios mecanismos mentales implicados, según recoge Harvard Business Review. Uno de ellos es la omnipotencia, cuando alguien se siente tan engrandecido que cree que las reglas de comportamiento que rigen su entorno no se le aplican a él. “Muchos errores morales se remontan a este sentimiento de que eres invencible, intocable e hipercapaz. Para el líder omnipotente, las reglas y normas son para todos menos para ellos”, cuenta Wedell-Wedellsborg.

Esta actitud repercute en los demás e influye en la forma de pensar de quienes rodean al tirano, especialmente si trabajan para él. Así, se produce un entumecimiento cultural: cuando los demás, gradualmente, comienzan a aceptar y encarnar normas desviadas. “No importa qué principios tengan, con el tiempo, los rumbos de su brújula moral cambian hacia la cultura de su organización, dejan de notar cuándo el lenguaje ofensivo se convierte en la norma o comienzan a comportarse de una manera que nunca hubieran esperado de sí mismos”, explica Wedell-Wedellsborg en HBR.

Después de adaptarse inconscientemente al entorno hostil en el que se desenvuelven, llega la negligencia justificada, cuando las personas no se quejan de estos comportamientos porque están pensando en recompensas más inmediatas, como mantenerse del lado de los jefes o de quien tiene más poder. Las conclusiones de una investigación publicada en Journal of Career Assessment refuerzan estas ideas. En Un estudio sobre la reputación negativa en el lugar de trabajo, los investigadores encontraron que en ocasiones los empleados desarrollan voluntariamente reputaciones negativas porque, en algunos casos, esos comportamientos pueden alinearse con la organización y beneficiar al individuo.

Esta investigación muestra que los trabajadores que se desenvuelven en un entorno en el que una reputación negativa puede ser recompensada probablemente adapten su comportamiento a este entorno para tener éxito. “Los empleados pueden ver las acciones de un gerente como negativas, pero estas mismas acciones pueden ser vitales para tener éxito a los ojos de los ejecutivos de la compañía”, se lee en el informe. El comportamiento de un individuo se evalúa según las normas y valores de su grupo. “Aquellos que desean acelerar sus carreras deben considerar no solo sus acciones, sino también cómo las recibirán los diferentes grupos dentro de la organización”.

Jefes tóxicos

Si tener un compañero de trabajo que pase por el aro de la tiranía puede ser dañino para el ambiente de trabajo, imagine si el tirano es un jefe. Los jefes tienen el poder de crear un entorno que permite a los trabajadores dar lo mejor de sí mismos o un lugar de trabajo tóxico donde sean infelices. “La forma en que los ejecutivos terminen usando ese poder, depende en parte de su salud mental”, explica Manfred Kets de Vries, psicólogo y profesor de desarrollo de liderazgo y cambios organizacionales en la escuela de negocios Insead. Aunque, asegura, la mayoría de los jefes no están enfermos, “hay un número sorprendente de ejecutivos que tiene algún tipo de trastorno de la personalidad”. Asegura también que algunos jefes tóxicos no podrán cambiar nunca, pero que la mayoría reconoce cuándo tiene un problema e intenta solucionarlo.

La peor parte de este asunto es que las emociones tóxicas son contagiosas. Por eso, casi sin darnos cuenta, nosotros también podemos sentir estrés, volvernos ansiosos, negativos y destructivos por el estado de ánimo de quienes nos rodean.

Una investigación llevada a cabo por varias universidades alemanas descubrió que el 26% de las personas muestran niveles altos de cortisol con solo observar a alguien tenso. El estrés puede olerse. Quienes lo sufren sudan hormonas que son captadas por los demás, según un estudio del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia. Lo que pasa a nuestro alrededor condiciona la actividad de nuestro sistema límbico: dependemos de las conexiones con otras personas para determinar nuestro estado de ánimo. Las investigaciones más recientes en neurobiología afirman que una persona transmite señales que pueden alterar los niveles hormonales, las funciones cardiovasculares, los ritmos de sueño e incluso las funciones inmunes del cuerpo de otro individuo.


sábado, febrero 01, 2020

Cómo llegar a ser un 'futurista' de su propia carrera profesional

Costhanzo

Los 'futuristas' son expertos capaces de predecir los sectores con futuro y las profesiones de éxito en los próximos años, sobre la base de evidencias y datos reales. Sus pronósticos se usan en la ciencia ficción o el cine para recrear mundos venideros, y hay quien piensa que es posible adquirir esa capacidad de visión para conocer el futuro laboral y adaptarse a él con ventaja sobre otros competidores.

Si siguiéramos los consejos de Daniel Gilbert, psicólogo de la Universidad de Harvard, todo esto de predecir nuestro futuro laboral no tendría sentido. Gilbert pertenece a esa clase de expertos que aseguran que somos pésimos pronosticadores del propio futuro laboral, y que las predicciones sobre lo que estaremos haciendo dentro de 10 ó 20 años son siempre muy deficientes. Esto afecta negativamente a las decisiones que tomamos al escoger una carrera, al cambiar de empleo o reinventarnos profesionalmente.
Las teorías de Gilbert echan por tierra las esperanzas de todos aquellos que confían en las sugerencias de otros expertos que aseguran que saber lo que queremos y lo que somos, y sobre todo, poder imaginar lo que haremos dentro de 5 ó 10 años es una ventaja para encontrar empleo en un mercado laboral cambiante y con una competencia feroz.
Puede que acertemos en las predicciones a corto plazo que implican una línea coherente de causa-efecto, sin ramificaciones. Pero a más largo plazo, cuando es necesario simular más escenarios, sólo aquellos con imaginación son eficaces al predecir, dominando las simulaciones que hacen y demostrando cierta capacidad para ponerse en diferentes situaciones.
Y aquí entran en juego los futuristas. No tienen nada que ver con los adivinos televisivos ni con las bolas de cristal. Sus pronósticos están basados en evidencias y datos, en estudios y estimaciones realizadas por instituciones y expertos de prestigio.

“Lo virtual, lo artificial, la inteligencia artificial, el software, se están comiendo el mundo. Es normal que pensemos que habrá cambios que no podemos ni siquiera imaginar"
ELENA IBÁÑEZ, FUNDADORA Y CEO DE SINGULARITY EXPERTS

Elena Ibáñez, fundadora y CEO de Singularity Experts, recuerda que "un conocido estudio del Institute for the Future (IFTF) de Palo Alto revela que el 85% de los empleos que tendrá éxito en 2030 no existen en la actualidad". Ibáñez considera lógico pensar que la velocidad de la tecnología y la automatización de las tareas repetitivas nos dirigen hacia un futuro desconocido: "Lo virtual, lo artificial, la inteligencia artificial, el software, se están comiendo el mundo. Es normal que pensemos que habrá cambios que no podemos ni siquiera imaginar. Pero existen evidencias de sobra para anticipar muchos de los empleos del futuro". Añade que la buena noticia es que no hace falta la imaginación para conocer hoy cuáles serán estos empleos del futuro, porque contamos con evidencias que nos indican con claridad, cuáles son los trabajos con mayor empleabilidad en el futuro próximo.
Así, parece que los futuristas podrían sernos de ayuda para lograr el consejo que muy pocos nos pueden proporcionar: qué carrera estudiar, en qué sector podemos trabajar o qué profesión nos conviene escoger.
En realidad, la clave para ser futurista es identificar tendencias, ser capaz de explicar por qué son importantes, qué las impulsa; cuáles serán sus implicaciones para el mundo en general y cómo se puede aprovechar esa visión de futuro en los negocios que vienen... Y también en las nuevas profesiones.
Cuando alguien se convierte en futurista, comienza a cuestionar todo lo que hace y su impacto en la sociedad. Se trata de un efecto secundario inevitable de este trabajo (porque hay quien considera esto como un empleo o una profesión de futuro).

Un método posible

Es posible conseguir un método personal similar al de los futuristas que son capaces de predecir los sectores y profesiones del futuro, aunque la fundadora de Singularity Experts advierte de que el conocimiento necesario para hacer estas predicciones ha de ser tan vasto que una sola persona difícilmente puede manejarlo para inventar el futuro.
Silvia Leal, experta en transformación digital y presentadora de La Cuarta Revolución, tiene una visión optimista acerca de las posibilidades de conocer las claves de nuestro futuro profesional: "Recibimos alertas sobre la aparición y desaparición de empleos, y esto se va intuyendo en el corto plazo. La realidad es que el día a día no es tan difícil si conseguimos analizar la tareas que se van a demandar. Se trata de saber qué tenemos que hacer para conseguir un hueco en el mercado. La alerta y la intuición son clave, y de ahí podemos sacar nuestro business case y prepararnos para el futuro".

Cuando alguien se convierte en futurista, comienza a cuestionar
todo lo que hace y su impacto en la sociedad.

Ben Hammersley, uno de los futuristas más conocidos, fundador de la consultora Hammersley Futures, aconseja comprender que la tecnología, la política, la sociedad y la cultura se afectan mutuamente, y que no basta con ser fuerte en un campo del conocimiento. También sugiere que cuando usted piensa en el futuro debe considerar el principio de la reinvención constante: "Observe cada acción que realice durante el día y observe el propósito de esa acción, preguntándose qué problema está tratando de resolver esta acción, y luego considere cómo lo haría si tuviera que resolver ese problema por primera vez con la tecnología actual de hoy.
Existe una tecnología que parte de las evidencias de crecimiento para detectar sectores, ecosistemas o tecnologías, y todo ello se cruza partiendo de evidencias de crecimiento. Es posible por tanto realizar las proyecciones y anticipaciones que hacen los futuristas para conseguir la certeza, gracias a una metodología de planificación de escenarios que parten de realidades.
Elena Ibáñez recuerda que existen algunas evidencias sobre el crecimiento de las tecnologías exponenciales: "Contamos con previsiones de crecimiento de las principales instituciones mundiales como el World Economic Forum, McKinsey Global Institute, Gartner o el MIT. Por ejemplo, sabemos que la nanotecnología superará los 125 billones de dólares para 2024; que la impresión en 3D crecerá un 25% anual durante los próximos 5 años; o que el blockchain superará los 7.000 millones de dólares en 2024, con un crecimiento anual del 37%. Y existen evidencias sobre el impacto de dichas tecnologías en las industrias: tenemos ya datos sobre el impacto que las tecnologías exponenciales están generando en los sectores tradicionales. Por ejemplo, que en el smart farming o la nanotecnología crecen exponencialmente para el desarrollo de sensores inteligentes, que lo mismo sucede en el sector de la construcción, con la impresión 3D para el ensamblaje de viviendas enteras en menos de 24 horas; y que el año que viene casi el 80% de los bancos utilizará el blockchain".

Otra forma de medir el tiempo

Amy Webb, una 'futurista' de la New York University Stern School of Business, explica en 'Harvard Business Review' que "los futuristas conciben el tiempo de manera diferente. En vez de líneas de tiempo, tienen una 'visión cónica' de la realidad".
Webb recuerda que en 2001 trabajó para los editores de diarios estadounidenses en un proyecto para definir el futuro de los medios ante la avalancha de cambios que se avecinaban. Los editores decidieron planificar hasta 2005, algo que Webb consideró "táctico, pero no estratégico. Las acciones tácticas sin una visión del futuro a largo plazo impedían controlar la evolución del ecosistema de los medios. Les señalé las posibilidades que ofrecían los teléfonos inteligentes, pero éstos habían quedado fuera del alcance de nuestra línea de tiempo de 2005. Los editores estaban acostumbrados a ejecutar estrategias trimestrales y no valoraban la planificación de un mercado que todavía estaba a muchos años de distancia".

El camino directo hacia la 'singularidad'

Dan Gardner, autor de 'Future Babble', escribió un libro que fue 'best seller' para denunciar la existencia de 'profetas del error', los falsos 'futuristas', que no son capaces de pronosticar realmente cómo será nuestra vida en las próximas décadas. Los verdaderos, en cambio, predicen sobre la base de datos reales y tendencias concretas numerosos aspectos de la vida cotidiana, el ocio y el trabajo que viviremos en los próximos años. Uno de los más famosos es Raymond Kurzweil, director de ingeniería de Google, quien predice los negocios que triunfarán mañana. Comenzó en 1999 asegurando que "en una década veremos tecnologías como las que harán posible la existencia de un coche que se conduzca solo, y teléfonos y dispositivos móviles que podrán resolver y contestar todas nuestras dudas". Su índice de acierto es del 86% en los 150 vaticinios que ha hecho desde la década de 1990, y su teoría central es lo que los 'futuristas' denominan la 'singularidad', que será el momento en el que la potencia de cálculo de la inteligencia artificial sea 1.000 millones de veces la de la inteligencia humana. Eso ocurrirá en 2045. Mientras tanto, estos son algunos de los presagios de este experto, empezando por que, para este mismo año, ha pronosticado que los 'nanobots' serán más inteligentes que la tecnología médica actual y podrán erradicar algunas enfermedades:

  • En 2029, las computadoras serán capaces de aprender de forma autónoma y de crear nuevo conocimiento.
  • En 2030 la realidad virtual se sentirá cien por cien como algo real, y seremos capaces de subir nuestro cerebro a la nube de Internet antes de 2040.
  • En 2049 la comida artificial será 'montada' de forma común por nanomáquinas.

Predicciones sobre profesiones del futuro: para muestra, un botón

El trabajo de los 'futuristas' brinda evidencias sobre los nuevos roles y perfiles que podremos desempeñar en el futuro. Elena Ibáñez, fundadora y CEO de Singularity Experts, recuerda que los retos que nos plantea la tecnología arrojan mucha luz sobre los trabajos del futuro. Y uno de estos retos es el moral. La tecnología nos pone frente a dilemas morales nunca antes planteados. Avances como el coche autónomo o la modificación genética exigen perfiles éticos y filosóficos que aporten una visión humana. Otro de estos retos es el regulatorio y las cuestiones legales aún no abordadas. Si pensamos en los drones que vuelan sobre nuestras cabezas o en el uso de datos por parte de empresas tenemos que concluir que estas actividades necesitan de perfiles legales que entiendan la tecnología. Y a la vez, sobreviene la urgencia de una nueva comunicación entre las máquinas y los humanos, que requerirá de roles lingüistas, expertos en el procesamiento de lenguaje natural. De la misma manera, la tecnología nos va a demandar también roles de diseñadores, de ingenieros, de tecnólogos, de facilitadores... Son los roles de futuro que estarán detrás de los trabajos con mayor empleabilidad.

  • Diseñador de viviendas impresión en 3D. Se espera que, gracias al impulso de esta tecnología (3D y 4D o nanotecnología), la industria de la construcción aumente a 7,6 millones de puestos de trabajo en 2026. Esta industria plantea un crecimiento de la producción proyectada del 131% entre 2016 y 2026.
  • Ingeniero de software 'blockchain'. Las ofertas de trabajo para desarrolladores 'blockchain' han crecido un 316% en el último año. En USA se han creado más de 12.000 puestos de trabajo.
  • Project Manager de proyectos 'eHealth'. La industria de salud, impulsada por la biotecnología, la gestión de datos de salud, y la salud personalizada, prevé un crecimiento de número de empleos del 121% entre en el período 2016-2026.
  • Diseñador de visualización de datos. Se espera que este año existan más de 10 millones de trabajadores relacionados con el 'big data', con un crecimiento del 69% con respecto a años anteriores. A pesar de este crecimiento, en España se registraron alrededor de 350.000 posiciones sin cubrir en 2018, y en 2019 este número se acercó al medio millón, demostrando la necesidad de este tipo de expertos.
  • Experto lingüista en procesamiento del lenguaje natural. Los perfiles de investigación de inteligencia artificial están entre los más solicitados en el futuro cercano. Se espera que para este año se creen alrededor de 2,3 millones de empleos relacionados con esta tecnología.
  • Innovador de ingeniería de tejidos para la fabricación de órganos. La empleabilidad de perfiles relacionados con investigación en ingeniería de tejidos aumentará un 72% en los próximos años.
  • Gestor de negocio de vehículos autónomos. El número de ofertas abiertas para trabajar en empresas que están desarrollando vehículos autónomos fue en enero de 2018 un 27% mayor que en el mismo mes el año anterior. Entre los perfiles más demandados se encuentran los ingenieros informáticos, eléctricos y mecánicos. La industria automotriz creará alrededor de 200.000 empleos para el año 2030.
  • Consultor legal de modificación genética de alimentos. Crecimiento anual del 8% entre 2017 y 2022. Este sector llegará a un valor aproximado de casi 40.000 millones de dólares.