jueves, febrero 07, 2013

Lecciones de liderazgo de Obama


Aprenda trucos para hacer llegar su mensaje como lo hizo el presidente de EEUU en su discurso de investidura.

Es probable que pocos recuerden los adornos retóricos del segundo discurso de investidura de Barack Obama. La frase "aunque estas verdades son evidentes por sí mismas, nunca han sido ejecutables por sí mismas", no puede compararse a "de lo único que tenemos que tener miedo es del propio miedo", de Franklin Roosevelt, o a "no te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tú país", de John Kennedy.

Pero el discurso de Obama fue hábil y conmovedor, la obra de un persuasor que consiguió salir reelegido pese a que el desempleo supera el 7% -algo que el pasado siglo sólo consiguieron Roosevelt y Ronald Reagan-. Los líderes empresariales deberían ver la intervención del presidente de EEUU. Es un buen orador, y la mayoría de ellos no lo son.

Anteriores análisis del estilo oratorio de Obama se han centrado en técnicas como la "regla del tres". Se dice que éste es el número adecuado de puntos en una lista, especialmente si se adereza con algo de aliteración, como en el llamamiento que hizo Obama a "rehacer nuestro gobierno, renovar nuestro código tributario, reformar nuestras escuelas".

Esto está bien, pero la regla del tres no es en lo que fallan los altos ejecutivos cuando se dirigen a sus empleados o a audiencias externas. Puedes cumplirla, y aún así no mantener a tu audiencia despierta. Algunos directivos empresariales fracasan no por lo que dicen, sino por la forma en la que lo dicen. Se pueden extraer lecciones del discurso de Obama -tres, casualmente-. 

No usó Power Point. Escriban en Google "muerte por PowerPoint". La gente lleva años criticándolo. Pero los ejecutivos no quieren escuchar. Prácticamente todos ellos siguen llevando una memoria USB con varias docenas de diapositivas. 

El problema no es lo que le hace a la audiencia. Ya es malo de por sí: las diapositivas normalmente son ilegibles desde el auditorio y sólo sirven para demostrar que el orador es tan aburrido escribiendo como hablando.  

Al que realmente perjudica es al orador. Power Point se convierte en algo de lo que hay que preocuparse. ¿Funciona el control remoto? ¿La diapositiva mostrada es la que corresponde? ¿Qué ocurre si me paso de imagen y tengo que volver atrás?  

Use sólo PowerPoint cuando tenga una diapositiva especialmente elocuente: un gráfico que refleje un fuerte aumento de las ventas cuando las del resto se colapsan, o un mapa que muestre que sus tiendas están presentes ahora en todos los rincones de la ciudad. Y cuando haya mostrado esa diapositiva, vuelva a algo neutral. Si hay demasiadas imágenes, hasta el usuario de PowerPoint más experimentado tiene que mantener su mirada sobre la pantalla, que no es lo que debería estar mirando. Lo que nos lleva a la segunda lección de Obama.  

Miró a su audiencia. Preste atención al vídeo inaugural y observe el estilo disciplinado con el que el presidente Obama lo hace: una firme mirada a su derecha, luego fija sus ojos en el centro de su audiencia, y después una mirada concentrada a la izquierda. Y compruebe como continúa haciéndolo.  

Todos los conferenciantes saben que deberían mirar a la audiencia, pero es algo fácil de olvidar. Cuando se da un discurso, a menudo sólo se puede entrever a la gente presente. Es posible que haya luces que lo cieguen, o una lámpara en el estrado, iluminando sus apuntes, pero convirtiendo a la audiencia en un oscuro conjunto de cabezas. Al no poder verlos, es fácil olvidar que están ahí. Pero ellos pueden verle. Así que siga mirándolos. Es algo difícil de hacer cuando tiene que seguir los apuntes; a diferencia del presidente, probablemente no disponga de un prompter donde leer el mensaje.  

Hay dos formas de abordar este problema. Primero, asegúrese de imprimir su discurso con una letra lo suficientemente grande. Algunas personas bromean con que el tamaño de la fuente debería equivaler a su edad. No hasta ese punto. Pero yo no tardé en descubrir que 12 era demasiado pequeño. Segundo, practique. Los discursos necesitan tiempo y preparación. Aprenda fragmentos de memoria. De ese modo, podrá mirar sus apuntes sin ser prisionero de ellos. Puede controlar el tiempo, que es la tercera lección.  

Obama les hace esperar. Al final de un conjunto de frases, se detiene -en ocasiones durante lo que parece una eternidad-. La mayoría de los ejecutivos no tienen la confianza suficiente para hacerlo. Piensan que la atención de la audiencia cambiará. Todo lo contrario. El silencio capta la atención. Cuando la conversación en torno a una mesa se detiene, todo el mundo aguarda a escuchar lo próximo que se va a decir. Lo mismo ocurre con un discurso.  

¿Y el contenido? La mayoría de los consejeros delegados conocen su oficio tan bien como el presidente el suyo. Lo más probable es que lleven más tiempo en sus industrias que Obama en política. Los líderes saben de lo que hablan. Es la forma de expresarlo. 

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