domingo, abril 15, 2012

¡Silencio…se lidera!


Volver a Barcelona después de un retiro de dos semanas en el desierto de Nuevo Méjico es toda una experiencia. Pasar del silencio y la contemplación al ruido y a la actividad frenética, se convierte en una danza que demanda un esfuerzo especial para no quedar atrapado en esa energía de “no parar” y volver a ser generador de ruido para los demás, y sobre todo para uno mismo.

Hay mucho ruido. Tanto que no se puede escuchar toda la información que nos llega. Somos, los seres humanos, receptores de información, que nos llega por infinidad de canales. Cada día más y más información. Estar en Twitter, facebook, linkedin… Leer las noticias en al menos cinco periódicos para poder contrastar y formarse una opinión propia. Seguir decenas de blogs y newsletters para estar al día en tu negocio y conocimiento. Un flujo de información que se acelera con cada nueva tecnología, con cada nuevo nodo de la red con el que conectamos.

Nuestro esfuerzo se concentra en absorber más y más. Parece como si tuviésemos síndrome de abstinencia informativa. Necesitamos una dosis más, solo una más, y seguimos “enredándonos”. Con ello, solo nos queda tiempo para reaccionar ante lo que nos llega, convirtiendo el ruido, que no la información, en fuente de nuestra acción. “Menos mal que es fin de semana”, podría leerse en un tweet y re-tweet que circulase por la red durante el sábado y el domingo.

Tal vez, nuestra intención, inconsciente o no, sea la de escapar del ruido más estridente, el que surge de nuestro interior. Cuando lo que te rodea es simplemente silencio y naturaleza, se escuchan con fuerza todas las voces interiores que nos hablan de miedos, de “tengo que”, de juicios, de confusión, de “no tengo tiempo”, de… Es entonces cuando podemos recordar que el ruido no está fuera de nosotros, sino dentro. Es este un primer paso para conectar con el silencio donde navega la información de lo que realmente importa.

En el ruido encontramos los desencadenantes de nuestra acción inconsciente. En el silencio encontramos la inspiración para nuestra acción consciente. Cuando nos atrevemos a parar y escuchar la información que nos aporta el silencio, podemos sentir que como dijo Nietzsche “el camino a todas las cosas grandes pasa por el Silencio”. En el silencio se encuentra aquello que aún no ha sido manifestado, el potencial de lo nuevo que puede transformar la realidad. En el ruido se encuentra lo que ya conocemos, lo manifestado, lo que entendemos como “realidad”.

El potencial humano es ilimitado. A lo largo de la historia, hemos sido capaces de afrontar todo tipo de retos y desafíos, algunos de enorme complejidad y dificultad, principalmente ofrecidos por la naturaleza, por la vida. Sin embargo, la mayoría de los retos actuales son efecto de nuestra propia acción. Tenemos la condición de “causa”, aunque en ocasiones parece que lo hayamos olvidado. Nuestros pensamientos, palabras y acciones son causa que se refleja en efectos, transcurrido el tiempo. El ruido que provocamos y que nos mueve se convierte en “causa” de un ruido aún mayor. El ruido nos aleja de nuestro potencial ilimitado, y de nuestra naturaleza co-creativa.

En el momento actual, una inmensa mayoría de organizaciones están actuando desde el ruido. Es frecuente escuchar “lo único que podemos hacer es ajustar los costes y esperar a que pase la tormenta”, una conclusión a la que se llega fácilmente cuando lo que nos “informa” es el ruido. Y si no, ¿cómo es que estamos obteniendo en la sociedad y las empresas resultados que, en realidad, nadie quiere?

El ruido nace de la acción. A mayor acción, mayor ruido. La acción es el deseo natural de la energía masculina. Cuando convertimos esta energía en la fuente principal de nuestro devenir, estamos alejándonos cada vez más de ese potencial ilimitado que nos caracteriza. ¿Es por ello que las empresas se han “deshumanizado”?

Hace falta crear espacios en las organizaciones, donde conectar a las personas con el silencio, con la energía femenina. Ahí es donde duerme el potencial de lo nuevo. La acción que nace del silencio nos lleva a lo que realmente importa, a partir de escuchar lo que se necesita, y lo que puede afirmar la vida.

Se puede invitar al silencio con preguntas que obliguen a parar y reflexionar, colectivamente. Preguntas que iluminen el paradigma que enmarca nuestra acción presente. Preguntas que busquen respuesta fuera de los límites que nos impone el paradigma en que hemos estado creyendo firmemente.

Si quieres experimentar el potencial ilimitado desde el silencio, abre el espacio en tu organización a esta pregunta:

¿Qué es imposible hacer en tu organización pero que si pudiese hacerse,  cambiaría radicalmente la organización para mejor?
¡Silencio…se lidera!

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