domingo, enero 30, 2022

Colonias en Marte: ¿Sí o no? (y otras brechas en el “Predicción-Palooza” para 2050)

Las películas de ciencia ficción son un buen mapa de los sesgos y errores que se cometen a la hora de pensar escenarios a largo plazo; la falla más común es basar todo el futuro en tecnologías que aún no existen.

Mad Max, la película de 1979 que imaginó cómo sería el mundo en 2021

En 2019 le tocó al futuro imaginado en Blade Runner llegar cronológicamente al presente. 2021 fue el año que describió la película Mad Max en 1979: allí, el director de cine George Miller especuló para 40 años después con un mundo con escasez de agua, comida y energía, donde bandas autónomas cometen todo tipo de tropelías. ¿Qué distopía fílmica nos toca en 2022? Podría ser: Cuando el destino nos alcance (Soylent Green), filmada en 1973, protagonizada por Charlton Heston y ambientada en un 2022 superpoblado con 7000 millones de habitantes… ¡Menos de los que somos hoy!

Las películas de ciencia ficción son un buen mapa de los sesgos y errores que cometemos a la hora de pensar escenarios a largo plazo. Suelen ser en exceso distópicas, basadas en tecnologías que hoy no existen y con un protagonismo desmesurado de la robótica y de la tecnología en general. Para el neurocientífico, futurista y autor de una novela de ciencia ficción Erik Hoel, lo mismo sucede con los pronosticadores más famosos hoy en día cuando piensan el año 2050 (solo que menos interesantes, porque ni siquiera tienen un buen guión). “¿Por qué gente tan inteligente se imagina que nos levantaremos a la mañana transmitiéndole con nuestro cerebro a la cafetera que prepare nuestro capuchino favorito antes de saltar al auto magnético volador?”, cuenta Hoel, luego de citar pronósticos de este estilo hechos por el físico Michio Kaku o por el economista Tyler Cowen.

En diálogo con LA NACION, Hoel sostiene que el error más común radica en basar todo el futuro en una tecnología que aún no existe (los autos voladores magnéticos, que desde los 80 se vienen pronosticando para “dentro de cinco años”, son el ejemplo paradigmático) en lugar de entender que las pistas del escenario 2050 están hoy sembradas en nuestro presente.

“2050 parece un momento súper futurista, pero en realidad es como pensar la actualidad en 1992. Lo que más nos impactó desde entonces fueron tecnologías que en 1992 ya estaban en su etapa naciente (internet, celulares, PC) y, por lo tanto, es una cuestión de elegir cuáles extrapolar”, sigue Hoel. “Si uno quiere predecir el futuro con más precisión debe ser un ‘incrementalista’ y aceptar que la naturaleza humana no cambia tanto en grande arcos”, argumenta el neurocientífico de la Universidad de Tufts. Como dice la famosa frase de William Gibson: “El futuro ya llegó, pero está desigualmente distribuido”.

Sobre la base de este concepto, Hoel escribió un ensayo con sus propias predicciones para 2050, que de inmediato resonó en las redes y disparó varios textos largos más en futuristas tal vez no tan conocidos, pero sí muy inteligentes y creativos. Vale la pena perderse en este debate, que tiene aristas más interesantes que una buena novela de ciencia ficción. Estas son algunas de las predicciones para 2050 con “lógica incremental”, tecnologías que ya existen y probabilidad combinada. Una suerte de festival de la bola de cristal: un “posta” o “Predicción-Palooza”.

Crónicas marcianas. Hoel es optimista con los avances de la agenda espacial, sobre todo si se extrapolan los avances de los últimos diez años de compañías privadas como SpaceX. “Es probable que alguien que usted conozca esté viviendo en Marte en 2050″, arriesga. Otros futuristas, como Rohit Krishnan, son más escépticos: “Teniendo en cuenta que solo tenemos una ventana para lanzamientos cada 26 meses, eso nos da hasta 2050 solo 13 posibilidades de despegue, muy poco para sostener una colonia marciana operando”, dice.

Trabajo anacrónico. En toda la discusión hay mucho sobre el futuro del trabajo y de la educación. Así como para nuestros hijos hoy la idea de ser empleado de una misma empresa durante décadas suena anacrónica, lo mismo ocurrirá en el mediano plazo con la noción de ocupar la mayor parte del día para un solo trabajo. Según Krishnan, será un anacronismo, y eso pone en jaque todo el modelo de educación tradicional en el cual ya hoy YouTube es más relevante que Harvard. Las nuevas tecnologías, como las de Web3, permitirán que haya nuevos mercados de casi todo (de nuestra atención, tiempo, fama, etcétera) con burbujas, volatilidad y formación de millonarios de la noche a la mañana. La desigualdad seguirá aumentando (“¿Pero qué importa? ¡Tendremos nuestro café que se hace solo a la mañana!”, ironiza uno de los tecnólogos en el debate). En términos económicos, habrá retornos crecientes para el talento extremadamente bueno, que hoy ya no acepta estar en relación de dependencia.

Cultura pop aburrida. En 2050 se acumularán cientos de versiones del mundo AvengersStarWars, etc., ya con remakes que irán por una tercera o cuarta tanda de refritos. Los algoritmos para saber qué tipo de serie escandinava de misterio nos atrapa serán tan potentes que la avenida central de la cultura será (cómo está sucediendo) cada vez más previsible, con algunas plataformas con patrocinio independiente que financiarán trabajo creativo que no tenga que satisfacer al auditorio promedio (comediantes políticamente incorrectos, etcétera), dice Adam Mastroniani, un futurólogo que escribió un extenso ensayo con predicciones para 2050.

La vuelta del harem. Una de las tendencias en las que coinciden Hoel, Mastroiani, Krishnan y el sitio Slimeoldtime es la caída del protagonismo de la familia nuclear tradicional. Al incrementalismo y a la probabilidad combinada, Slimemoldtime le agrega una tercera fuerza rectora: la “regresión a la media”. El siglo XX, se argumenta, fue único por un montón de avances y factores, con lo cual cuando se ve la historia en grandes arcos es probable que algunas tendencias se acomoden a la media de siglos. La familia nuclear fue un arreglo ideal para la estructura social y laboral del siglo que pasó, pero ya no tiene sentido. Hoel ve dinámicas crecientes de tres o más personas para criar un hijo, y otros de sus interlocutores anticipan la vuelta de una costumbre milenaria: el harem (de mujeres o de varones).

La ola 98 de Covid. Hay buenas chances de que 2050 nos encuentre viendo una charla TED titulada: “Qué aprendí de la ola 98 del Covid”, o de alguna otra infección por despertar cuando se derrita el permahielo siberiano. Pese a los avances en la medicina (de aquí a una década será una vergüenza no monitorear permanentemente la presión, la glucosa, etcétera), la regresión a la media operará en un campo en el que el siglo XX fue excepcional (por sus avances en luchas contra enfermedades), y la realidad cotidiana se parecerá más a las cartas del Renacimiento, cuando las madres les recomendaban a sus hijos qué ciudades europeas evitar por las plagas.

¿Será esta columna de Álter Eco escrita en 2050 por una versión de lenguaje natural de inteligencia artificial GPT-29? Difícil asegurarlo. Sí tendremos una certeza: los autos voladores magnéticos llegarán por entonces “dentro de cinco años”.

Sebastián Campanario

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