martes, julio 23, 2013

No hemos inventado el cambio

Ni el cambio ni otros asuntos de cierta relevancia de los que nos apropiamos con cierto descaro (con perdón). Hace unos días he participado en un encuentro de especialistas del mundo de los Recursos Humanos reflexionando sobre el futuro del empleo.

A esta sesión asistían los Directores de RR.HH. de unas cuantas Empresas de primer nivel. Unos con más experiencia que otros.

Reconozco desesperarme cuando oigo aseveraciones del tipo: “Estamos en una época de grandes cambios”, “No volverán tiempos pasados”, “Ahora todo es distinto”, “Vivimos tiempos muy complejos y convulsos”. En fin, nada nuevo bajo el sol, al menos para los que ya lucimos canas.

La mayoría de los asistentes coinciden en un cosa: Que lo importante es lograr el Compromiso de los empleados para garantizar la supervivencia de las Organizaciones. Bueno, esto ya lo venimos diciendo desde hace unas cuantas décadas. No sé si me estaré haciendo mayor, porque al oír estas aseveraciones,  yo me pregunto ¿Alguien cree realmente que estas obviedades las hemos inventado nosotros? ¿Son patrimonio de nuestra generación?

Creo que hemos perdido en parte, la capacidad de  mirar hacia atrás de vez en cuando, y de aprender de nuestro pasado. Y si no lo hacemos así, estaremos una y otra vez, inventando la rueda. “Juan no hay que mirar para atrás, el pasado no vuelve” me decía uno de esos jóvenes directivos. Escuchar este tipo de afirmaciones, de manera categórica, me causan un cierto vértigo. La historia, los errores del pasado, los aciertos de otras épocas…. Todo es cíclico.

El cambio, la evolución y el aprendizaje han sido una constante en la vida del hombre. Es más,  puedo afirmar, sin riesgo a equivocarme, que han sido la principal razón del progreso. Las transformaciones han sido brutales a lo largo de la historia. Por eso a veces creo que nos miramos en exceso el ombligo, pensando que estamos en una época de cambios ¿Y cuándo no ha sido así?

Creo que es una enorme e incomprensible soberbia pensar que a nuestra generación le ha correspondido vivir una época de cambios profundos. La era de internet es un cambio tremendo. En efecto. Pero podemos echar la vista atrás y seguir asombrándonos.

Cuánta vanidad, no os parece? Creamos y difundimos modernas teorías de management que parecen llenar la boca de algunos gurús de moda, cuando en la gran mayoría de las ocasiones, sólo reflexionamos sobre lo obvio.

Las redes sociales, en efecto y la forma de comunicarse es una revolución. Internet es un impacto brutal.

Vamos a hacer un viaje en la máquina del tiempo. ¿Nos podemos acordar de lo que supuso el invento de la lavadora? Algo tan limitado al ámbito doméstico ha sido una auténtica revolución en especial en la vida de las mujeres. No hace tantas décadas que las mujeres de este país cargaban con pesados cestos de ropa sucia al río o al lavadero municipal. Un auténtico alivio meter todo en un aparato que lavaba sin esfuerzo.

Y hablando de revolución y de transformación en la vida de las mujeres ¿Recordáis lo que supuso la píldora anticonceptiva hace unas décadas? Más que un cambio fue un salto que introdujo no solo una  metamorfosis total en las relaciones de las parejas, sino que permitió la  planificación profesional y de carrera de muchísimas mujeres.

¿Sois capaces de imaginar el gran impacto que causaron los primeros trenes en nuestro país? Las comunicaciones hasta entonces eran tortuosas e inseguras, en carros tirados por caballos, por caminos y carreteras que en muchos casos no merecían ese nombre. Con la llegada del tren empujado por potentes motores permitió los desplazamientos de una forma programada y con horarios. Los viajes se podían empezar a planificar con una referencia temporal y mucha gente podría acceder a trabajos o universidades, alejados de sus domicilios.

Mi abuelo me contaba cómo con la introducción de las ventas a plazos pudo optar a comprar una máquina de escribir Olivetti que alteró profundamente su forma de trabajar, pudiendo realizar informes y documentos con ella. La posibilidad de hacer compras fraccionando el pago dio lugar a un giro total por el cual muchas personas humildes podrían acceder a ciertos bienes, que en otro caso hubieran sido inalcanzables. Esto ayudó enormemente al acceso a la cultura a generaciones de clases humildes que, de otra manera se hubieran visto apartados de ser protagonistas de la historia moderna.

La mecanización de muchas de las tareas del campo liberó a los agricultores de algunas de las labores más penosas; el teléfono empezó una nueva era en las comunicaciones, acercando a personas que de otro modo no podrían establecer contacto. Y todo lo que vino después con los móviles. Instrumento sin el cual hoy no sabría vivir absolutamente nadie.

¿Alguien se acuerda de cuando las calculadoras no sabían dividir? Esto no ocurrió hace muchos años.

Y algo un poco más cercano: la irrupción de los ordenadores en nuestras vidas, incluso en las domésticas. ¿Quién se acuerda del Spectrum? Gracias al Sr. Sinclair muchísimas personas se adentraron en el mundo de la informática y sin costes de formación para las Empresas, debido a las largas noches de insomnio  de tantos y tantos usuarios  en sus casas.

Y las cámaras digitales, sin carrete que revelar (aunque aún está por inventarse la que supere la calidad del Kodacrome).

Ya sé que para muchos Directivos que hoy ocupan puestos importantes en las organizaciones, estas cosas ya estaban “puestas” en el mundo cuando ellos nacieron y por tanto, para ellos, su irrupción en un mundo intemporal, no tiene significado alguno.

Sólo quiero reivindicar con este post, que todas, absolutamente todas las generaciones han experimentado cambios profundos en sus vidas. Y como han sabido  adaptarse a los cambios,  adecuando su forma de pensar y actuar. Que es justamente lo que estamos haciendo en estos momentos. Las transformaciones son inherentes a la propia evolución de la raza humana. 

En general siempre ha costado aclimatarse a los cambios, siempre nos han desencajado en mayor o menor medida. Y esas generaciones de personas tal vez menos preparadas que la nuestra actual, también lo afrontaron y de tal forma que gracias a ellos, estamos hoy aquí, inmersos una vez más, en una nueva era de cambios profundos.

A veces hay que mirarse un poco menos el ombligo propio y echar un vistazo hacia atrás. Se gana en perspectiva. Y se aprende de las experiencias exitosas vividas por otros.

Juan F. Bueno

No hay comentarios:

Publicar un comentario