miércoles, febrero 27, 2013

Por tu mochila te conocerán


No hay día que no desayunemos descubriendo en el periódico un nuevo escándalo atribuido a un político, empresario, gobernante o famoso. Más próximos quedan los ejemplos de líderes en nuestras organizaciones. La ética, la moral y ciertos valores forman parte de lo que hace mucho tiempo denomino “la mochila” que a todos nos acompaña (más de uno me habréis oído hablar de ello, sí de ese saco o bolsa que va sujeto a la espalda por correas y sirve para transportar ciertos “artículos” personales).

La mochila es el depósito imaginario en el que se acumulan tus actos, más que tus experiencias o vivencias. Se llena con comportamientos respuesta a lo que te sucede no sólo en el plano profesional, sino también en el personal. Y es un contenido visible, es decir, queda expuesto a aquellos que nos rodeen en los diferentes ámbitos en que nos encontremos (me viene a la cabeza ahora ese dicho popular de “arrieritos somos y en el camino nos encontraremos“).

El proceso de llenado de esta mochila tiene varios atributos:
  • continuo: se trata de ir forjando una reputación de líder a base de pequeñas muestras diarias (hechos, decisiones, posicionamientos), con constancia. Son las alícuotas de la esencia final;
  • acumulativo: cada contribución a la mochila se almacena sobre las existentes y lo hace para quedarse si tiene solidez;
  • lento: llenar una mochila no es tarea inmediata, ni que pueda afrontarse en un periodo de tiempo escaso. Requiere de un tiempo como consecuencia de la constancia y rigor que exige;
  • exógeno: por mucho que uno se empeñe en crear y llenar su propia mochila, son los demás quienes la dotan de contenido, en los términos en que ellos (y sólo ellos) consideren. En tus manos sólo quedan los hechos y son los que te rodean los que hacen las contribuciones a tu mochila. Vamos que tú no tienes el control del proceso de llenado y no te servirá de ayuda un “pensamiento endogámico”, concepto que leí recientemente en el libro “Indecentes”.
Este proceso de llenado tiene una estrecha relación, no sólo con la ética, sino también con la estética (conceptos que hace unos días mencionaba el ex-Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, el señor Güemes). Y es que cuando se trata de alimentar nuestra mochila, no sólo hay que ser honrado, sino también parecerlo, al igual que la mujer del César. Recientemente asistí a la presentación del libro “Los mitos de Silvia” donde uno de sus coautores, Jorge Cagigas, apuntaba que “ser ejemplo (positivo o negativo) ya no sirve; sólo sirve ser ejemplar“.

¿Y quiénes son esos otros que se encargan de dotar de contenido a tu mochila? En esa responsabilidad intervienen proactivamente tu círculo, los que te rodean en cada momento profesional, con independencia del stakeholder al que pertenezcan (compañeros, jefes, colaboradores, clientes, proveedores, partners, círculos de opinión, tu network… todo vale). 

Ocurre así a diferencia del Personal Branding, en el que uno mismo puede trazar una estrategia de marca, diseñar los planos para construirse una especie de halo que te acompañe. No, tú no puedes diseñar o construir tu mochila.

Seguramente ya hayas descubierto para qué puede servirte forjar una mochila con solidez. No sólo estará ligado a tu reputación como profesional y como persona, sino que también será directamente proporcional a tu liderazgo y carisma. Tu bagaje profesional ocupa mucho, pero en mochila lo que se ve en esta ocasión es un pequeño porcentaje del iceberg, pero que resulta determinante en tu éxito.

¿Y tú, mochilero? ¿Cómo crees que es tu “mochila”?

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